Una de las máximas estrellas del deporte mendocino nos dejó este sábado. A sus 80 años de edad, falleció el exjugador Roque Avallay. Surgido del Deportivo Maipú, se trató de uno de los íconos del Huracán campeón en 1973, que marcó una época en el fútbol argentino.
La triste noticia fue confirmada recientemente por el propio Globo de Parque Patricios, a través de las redes sociales. Allí, lo despidieron con honor y desazón. "El Club Atlético Huracán lamenta profundamente el fallecimiento de Roque Avallay, uno de nuestros campeones del 73. Saludamos afectuosamente a sus familiares, amigos y seres queridos en este duro momento. Hasta siempre, Roque", expresaron de forma oficial.
Su carrera comenzó en divisiones inferiores del Deportivo Maipú, donde debutó y logró la transferencia a Independiente de Avellaneda. Con el Rojo salió campeón de la Copa Libertadores 1965, la segunda en la historia de la institución. Después de mostrar sus dotes en el fútbol grande pasó a Newell's Old Boys de Rosario, donde estuvo durante tres temporadas.
En el comienzo de la década del 70 llegó su traspaso a Huracán de Parque Patricios, el más importante de trayectoria, que lo convirtió en un futbolista entrañable e inolvidable. En esa institución logró nada menos que el título de campeón de Primera División en el Metropolitano 1973, formando una línea de ataque de temer junto a Omar Larrosa, René Houseman y Carlos Babington.
A tal punto fue querido, que la tribuna habitualmente clamaba: “¡Globo toque… Globo toque… Que los goles los hace el Roque". No era una exageración, ya que allí convirtió 59 goles en 181 partidos disputados.
Luego le tocó pasar a otro club donde fue muy idolotrado: Racing Club. Salió goleador dos torneos seguidos, y hasta arruinó el regreso del Beto Alonso a River convirtiéndole dos de los tres tantos en el triunfo de la Academia por 3 a 0.
Tras su retiro en Huracán, continuó siempre ligado al fútbol, una de sus grandes pasiones junto a su familia. En esos dos ámbitos, el de sus íntimos y el de aquellos que lo corearon, su nombre quedará grabado a fuego en la memoria. Hasta siempre, goleador.