Lo que debía ser una fiesta del fútbol de Mendoza terminó teñido de vergüenza, otra vez. Por segundo fin de semana consecutivo, jugadoras, cuerpos técnicos, dirigentes, y simpatizantes de Godoy Cruz e Independiente Rivadavia se reunieron para la final de la Liga Mendocina Femenina, que ni siquiera pudo disputarse.
La crónica de una tarde de terror para la Liga Mendocina:
Diario LA (6)
Para ello, la organización dispuso que sólo 150 hinchas por cada lado podían asistir, previamente registrados en una planilla con datos personales y DNI. Sin embargo, al caminar la zona aledaña al estadio Celeste quedó bien claro que ese número se había superado notablemente.
A los autos particulares, la gente caminando, y la llegada de las dos delegaciones, se sumaron micros repletos de hinchas con todo el cotillón, provocando que las puertas de ingreso a las tribunas luzcan con una importante cantidad de personas. Para colmo, comenzó a trascender la información de que llegarían todavía más transportes de cada institución.
Los minutos pasaban, los portones de ingreso no se abrían y la tensión comenzaba a crecer entre quienes asistieron a ver el partido y las fuerzas de seguridad. Adentro de los vestuarios, las jugadoras ya estaban cambiadas esperando el llamado del equipo arbitral. Afuera se desarrollaban múltiples reuniones y llamados de teléfono intentando destrabar, sin éxito, la situación.
Ambos equipos se unieron para protestar por no poder jugar:
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Los planteles se quejaron con justa razón por no poder disputar el partido
Efrain Córdova
Cerca de las 17:30 horas, ambos planteles salían al campo de juego y se desperdigaban por diversos sectores del estadio para corroborar como estaban las familias, e intentar saber que pasaría. Mientras tanto, las fuerzas de seguridad desalojaban las inmediaciones, y así la última llama de ilusión de una fiesta del fútbol se cortó de cuajo.
La última imagen que nos entregó el Clausura de la Liga Mendocina Femenina fue a todas las jugadoras del Azul y el Expreso abrazadas de manera intercalada en la mitad de la cancha, posando para algo más que una simple fotografía: una pacífica y valedera protesta sobre lo insólito y repudiable de lo acontecido.
A partir de ahora se repetirán los discursos de indignación, se tirarán unos a otros las responsabilidades, y se llenarán hojas enteras de crónicas al respecto. Ojalá que todo eso no tape lo verdaderamente importante: el fútbol local debe ordenarse, encontrar paz y colaborar para que los y las reales protagonistas se luzcan.