El fútbol africano suele estar rodeado de mística y rituales, pero lo ocurrido en Malí cruzó todos los límites éticos y legales. Sinayogo Sinayoko, un hombre que se autoproclamó "marabú" de un día para el otro, terminó tras las rejas luego de una estafa que movilizó miles de dólares y terminó en un intento de linchamiento.
Sinayoko, quien anteriormente era conocido como activista político, aprovechó el fervor popular por la selección de Malí para reinventarse como líder espiritual. A través de las redes sociales, montó una red de promesas fraudulentas asegurando que "Las Águilas" se consagrarían campeonas de la Copa Africana de Naciones.
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En Mali detuvieron a un famoso brujo llamado Karamogo Sinayoko y la razón es increible: llegó a recaudar 30 mil euros de la gente diciendo que podía hacer brujerías para que Malí le gane a Senegal en la Copa Africana.
La respuesta del público fue masiva y costosa. El acusado logró recaudar más de 22 millones de francos CFA, una cifra cercana a los 39.000 dólares, producto de donaciones de hinchas que confiaron en su supuesta influencia sobre el destino del equipo. Sin embargo, la realidad deportiva no tardó en golpear: Malí quedó eliminada en cuartos de final tras perder 1-0 contra Senegal.
El desencanto fue inmediato y violento. Apenas terminó el partido, una multitud enfurecida por la derrota y la sensación de estafa se dirigió al domicilio del "brujo". La policía de Malí tuvo que intervenir de urgencia para evacuar antes de que la situación pasara a mayores, poniéndolo bajo custodia para proteger su integridad física.
Entre la tradición del Juju y la ciberdelincuencia
El caso de Sinayoko no es aislado en el contexto del fútbol de África Oriental y Occidental, donde el "Juju" o la creencia en el poder de los rituales para influir en los resultados es una práctica profundamente arraigada. Muchos equipos consultan a especialistas que utilizan hierbas o amuletos para "bloquear" el arco contrario o dar suerte a sus jugadores.
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No obstante, las autoridades malienses fueron claras: el charlatanismo está penado por la ley en el país. A diferencia de los líderes espirituales tradicionales, Sinayoko operaba principalmente en plataformas digitales, lo que derivó en su detención por parte de la brigada especializada en ciberdelincuencia.