El fuego ascendiendo por la fachada del Gobierno de Unidad Nacional en Trípoli es la imagen que clausuró la noche del pasado viernes. Todo se rompió en el minuto 87, cuando el árbitro no cobró un penal al ignorar un contacto en el área durante el partido entre Al-Ittihad y Al-Suwaihli disputado en Tarhuna.
La protesta por el penal no concedido encendió la tribuna del Al-Ittihad y arrastró al público que rodeaba el estadio, en un ambiente ya enrarecido por fuertes restricciones previas. Este reclamo deportivo fue escalando hasta estallar en el centro del poder político libio. En la capital, grupos de hinchas se dirigieron al complejo gubernamental en Al-Sikka Road, sede del ejecutivo de Abdul Hamid Dbeibeh.
La sede del Gobierno de Unidad Nacional bajo el fuego de los ultras
Los fans libios utilizaron fuegos artificiales para incendiar el jardín y sectores de la fachada del complejo gubernamental, provocando daños visibles en el exterior y, según algunas versiones, en oficinas internas.
El desborde alcanzó el barrio de Bab Ben Gashir, bastión histórico de la parcialidad del Al-Ittihad. Allí, los manifestantes incendiaron vehículos de las fuerzas de seguridad y el camión de transmisión de la señal Libya Sport TV. El despliegue militar rodeó los edificios sensibles de Trípoli para intentar contener los focos de violencia que se multiplicaban por las calles, las cuales permanecieron bloqueadas durante horas.
En paralelo, en el estadio de Tarhuna, la intervención de la Brigada de Combate 444 marcó el punto de mayor tensión física entre civiles y militares. Testigos y medios regionales reportaron el uso de armas de fuego para dispersar a la multitud que intentaba rebasar los perímetros. Según estas versiones, los efectivos realizaron disparos a la altura del hombre durante los forcejeos con los hinchas.
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Los reportes locales mencionaron guardias heridos y la posible muerte de un militar, aunque las autoridades no confirmaron estas cifras de forma independiente. Por su parte, la directiva del Al-Ittihad emitió un comunicado responsabilizando a la Federación Libia de Fútbol por la falta de protocolos de seguridad y las consecuencias humanas de la jornada. Las marcas de hollín quedaron en la piedra de la sede gubernamental mientras la Federación y los comités arbitrales evalúan sanciones por los daños registrados en una noche que expuso la fragilidad del control estatal.