Era la gran atracción de la noche, y no era para menos. Con todo el carisma que lo identifica, se hizo notar desde el mismo momento en que pisó el campo de juego del Gargantini para realizar los trabajos precompetitivos junto al Canalla.
El campeón del mundo fue la gran atracción en Mendoza: ovación, gestos con la gente y un momento que quedó grabado más allá del partido. Fideo Di María un grande en el Bautista Gargantini
Era la gran atracción de la noche, y no era para menos. Con todo el carisma que lo identifica, se hizo notar desde el mismo momento en que pisó el campo de juego del Gargantini para realizar los trabajos precompetitivos junto al Canalla.
La ovación fue inmediata en una Catedral que todavía estaba lejos de colmarse. Aun así, Ángel Di María levantó su mano en respuesta al cálido recibimiento de los hinchas del Parque, en la previa del duelo entre Independiente Rivadavia y Rosario Central por la fecha 12 del Torneo Apertura de la Liga Profesional.
Allí estaba el campeón del mundo. El mismo que hizo delirar a todo un país con sus goles en las finales de la Copa América y del Mundial de Qatar. Sí, un campeón del mundo pisando el césped del Gargantini.
Con esos ojos y esa mirada de pibe de barrio, antes de retirarse hacia los vestuarios para prepararse de cara al compromiso frente a la Lepra mendocina, el Fideo se sacó la remera de entrenamiento y la arrojó hacia la platea del Parque.
Ni hablar de la emoción de quien se quedó con ese recuerdo único: una prenda que llegó desde las manos de un campeón del mundo. Un grande. Fideo Di María.