Con motivo de los brutales desmanes que se produjeron frente al Congreso Nacional el pasado mes de diciembre cuestionando la reforma previsional, se pudo ver como el periodismo que incluso estaba en contra de los mismos, sostuvo que lo que estaba en juego era la democracia y un intento por desestabilizarla.
En rigor, lo que estuvo y está hoy en juego es la República.
Para aportar al esclarecimiento de esta temática es necesario establecer las diferencias entre democracia y república.
Se puede ser democrático y antirrepublicano, pero no se puede ser republicano y antidemocrático.
Nuestra sociedad a partir del derrocamiento de la última dictadura militar lo que tuvo claro fue que quiere vivir dentro de un modelo democrático de ejercicio del poder
Respecto a qué tipo de democracia quiere, aquí es donde los caminos se abren con variantes y donde la república ha sido y es la menos importante.
Se pueden distinguir varios tipos de democracia: la democracia directa, la representativa, la plebiscitaria, la delegativa, formal o sustancial, la democracia popular, la democracia parlamentaria, la democracia republicana, democracia revolucionaria, etc.
A los efectos de estas reflexiones, nos detendremos para ver las diferencias entre la democracia republicana, la popular y la revolucionaria.
Desde la perspectiva de la izquierda antiliberal, la democracia revolucionaria es un fenómeno de masas representado a través de los líderes y cuadros del partido revolucionario, en tanto sintetizan los intereses de la clase trabajadora y sus aliados desposeídos. Aquí cero república.
Por eso cuando estos sectores, el pasado diciembre generaron parte de los desmanes frente al Congreso con su ataque brutal, lo que querían voltear era a la república, y no la democracia, ya que desde su perspectiva ellos son "los verdaderos democráticos".
Democracia revolucionaria donde la calle movilizada es el modo adecuado de expresar y gestionar políticamente, el verdadero sentir y pensar de las masas, conducido por sus cuadros dirigentes y no el Congreso.
Luego tenemos la democracia "popular" que nada tiene de republicana y es la que ha expresado el peronismo y el populismo en general.
Tiene una vigencia de setenta años y es la que verdaderamente está en nuestro ADN.
Para el peronismo, la república no forma parte de sus valores centrales, porque la democracia popular se expresa, no en un partido, sino en un "movimiento corporativo": el peronista.
El partido, pieza clave del modo republicano de gobierno, nunca formó parte importante dentro de la articulación de intereses "populares".
Solo fue y es actualmente un mero instrumento o medio para llegar al poder por la vía formal republicana liberal.
Por eso Cristina ha despreciado y descalificado cuantas veces ha podido al PJ y a sus dirigentes y no le entregó el mando a Macri.
El "Interventor" Luis Barrionuevo del Partido Justicialista cometió el furcio: "Es tiempo de abrir las puertas del peronismo y poner el movimiento en marcha", justo cuando estaba hablando en nombre del ¡Partido Justicialista como interventor!
Los "muchachos peronistas" en diciembre pasado, dentro del Congreso con sus sesenta diputados, lo que querían colapsar era a los dos podres: el Legislativo y Ejecutivo: ambos, para ellos, representantes de la nada misma.
El notable silencio radical frente a estos hechos, muestra un radicalismo que cada vez más se debate entre defender verdaderamente los valores de la democracia republicana o el populismo latinoamericano tan metido en nuestra piel.
Para el peronismo, la república tiene el inconveniente de poder colocar en el poder a gente que no corresponde, porque la gente al votar se equivoca, elije contra sus intereses reales o es llevada de la nariz por los medios hegemónicos.
En cambio, el "Pueblo" siempre sabe dónde está su Líder, junto a sus intereses y así nunca comete esta equivocación.
¿Qué es una República?
Lo que está establecido en nuestra Constitución escrita, no la real.
Es la institucionalización del disenso, el diálogo, la canalización del conflicto por la vía de la confrontación de ideas y del acuerdo político. Es el renunciamiento a todo tipo de uso de la fuerza.
Es política de Estado. Una oposición que controla sin destituir.
Es respeto absoluto por la ley, la división de poderes y partidos políticos consolidados.
Es libertad de expresión.
Es la compresión de que el poder está repartido en la sociedad, al igual que los intereses y que deben ser articulados mediante estructuras dirigentes aprobadas por ley y renovadas periódicamente.
La palabra "pueblo" no existe, existe el concepto del "ciudadano" y de "contribuyente" en base a una ética que lo respeta, al pagar sus impuestos para el sostenimiento de los servicios que el Estado le brinda.
Son las garantías absolutas de las libertades individuales y de reunión, junto a la responsabilidad de los funcionarios y la publicidad de los actos de gobierno para el control ciudadano de los tres poderes
Es una ética en la administración de lo público.
Es el respeto por un federalismo en serio.
El desafío actual del peronismo es convertirse en republicano y ser lo que nunca fue. Perder gran parte de su esencia.
Para el radicalismo aceptar definitivamente esos valores.
Esto, en el corto y mediano plazo, será muy difícil de ver.