Los investigadores observaron al grupo en el océano que rodea las Azores -aproximadamente a 1.600 kilómetros frente a la costa de Lisboa, Portugal- durante ocho días mientras el delfín viajaba, buscaba comida y jugaba tanto con las ballenas adultas como con sus crías. Cuando el delfín frotaba el cuerpo contra las ballenas, a veces le devolvían el gesto.
En los animales terrestres, la interacción entre especies no es inusual. Estas alianzas mayormente temporales son forjadas en beneficio de búsqueda de comida y protección contra predadores, dice Wilson.
También podría estar satisfaciendo un deseo de compañía de otros animales, precisa el biólogo marino John Francis, vicepresidente de investigación, conservación y exploración de la National Geographic Society (dueña de la National Geographic News).
Fotografías de perros amamantando cachorros de tigres, historias de una gorila que habla a señas y adopta un gato doméstico y videos de un leopardo cuidando a un bebé de mandril han circulado en internet desde hace mucho y han captado la atención.
Y aunque se sabe que los delfines son animales sociables, Wilson considera extraña la alianza entre los cachalotes y el delfín mular, ya que, hasta donde se sabe, nunca se había visto antes.
Esta asociación pudo haber comenzado con algo llamado monta de proa, un comportamiento común entre delfines durante el cual se suben a las olas de presión generadas por la proa de un barco o, en este caso, por las ballenas, sugiere Francis.
“Estar con criaturas más lentas para conseguir un aventón pudo haber sido la primer ventaja (de tal comportamiento)”, dice, precisando que también pudo haber comenzado como simplemente un encuentro alegre.
Wilson sugiere que la peculiar forma de la espina dorsal del delfín hizo más probable iniciar una interacción con estas ballenas grandes y lentas. “Tal vez no pudo seguir el ritmo o fue molestado por los demás miembros de su grupo de delfines”, comenta vía correo electrónico.
Por defecto
Pero la “pregunta del millón de dólares”, en palabras de Wilson, es por qué las ballenas aceptaron al solitario delfín. Entre varias teorías presentadas en un próximo documento de investigación sobre Mamíferos Acuáticos que describe las observaciones de los científicos, proponen que el delfín pudo haber sido considerado no peligroso y que fue aceptado por defecto debido a la forma en que los cachalotes adultos “cuidan como niños” a sus crías.
Los cachalotes alternan sus inmersiones entre los miembros del grupo, siempre dejando a un adulto cerca de la superficie para cuidar a los jóvenes. “Es probable que la presencia de las crías -que no pueden sumergirse muy profundo o por mucho tiempo- haya permitido al delfín mantener contacto con el grupo”, dice Wilson.
Wilson no cree que el delfín se haya acercado a los cachalotes en busca de ayuda para protegerse de depredadores, puesto que no hay muchos depredadores de delfines en las aguas que rodean las Azores.
Pero Francis no descartó la idea tan rápido. “No creo que no haya un depredador en toda la vida de las ballenas y los delfines que frecuentan las Azores”, apunta.
Francis sugiere que pudiera ser igualmente probable que los cachalotes aceptaran al delfín para tener más protección contra sus propios depredadores mientras viajan, como la orca asesina (Orcinus orca). “Ven orcas asesinas frente a las Azores, y aunque probablemente no estén cerca regularmente, no se necesitan muchos encuentros para poner a la defensiva a (otras) ballenas”, termina.