29 de diciembre de 2018 - 00:00

De polen y cenizas, dilema existencial - Por Fabiana Mastrangelo

Las últimas jornadas del año constituyen un buen momento para reflexionar sobre qué debemos arraigar y qué dejar ir en la próxima etapa.

Los últimos días del año son buenos momentos para reflexionar sobre aquello que tenemos que seguir cultivando (el polen) y lo que debemos dejar ir (las cenizas).

“De polen y cenizas” es una novela de Susana Tampieri publicada por Ediciones Culturales de Mendoza y presentada en la reciente noche de las librerías. El título sintetiza lo que trasunta la trama de la obra: la vida como un par de polos opuestos a través de la historia de cuatro familias de inmigrantes y sus descendientes. Lo que hoy llamamos "la grieta" la recordamos a través de estas páginas a partir de otras tensiones en nuestra historia como peronismo -antiperonismo, lo judío-lo católico, el inmigrante-el criollo, lo porteño-lo provinciano, la obsesión por el trabajo-la pasión por el conocimiento.

La novela es una apuesta al compromiso con la democracia, las instituciones, la libertad, la igualdad, el amor, el conocimiento, la honestidad, el trabajo, la cultura del esfuerzo.

Estos ideales se conquistan en la novela a través del empeño que significa sobreponerse a actitudes miserables, a fracasos, a desencantos. También está presente lo femenino. Los personajes protagonistas que triunfan son mujeres que lo hacen desde su coherencia entre valores y acciones.

Las relevantes fuentes  históricas utilizadas (diarios, testimonios orales) en la obra comprueban la investigación de la autora para cada circunstancia del pasado. Existen citas de la literatura universal  que dan vuelo al contexto y  a las palabras de los personajes y evidencian la erudición de la autora. Está escrita con un lenguaje cuidado, explícito y claro. Se lee con fluidez. Los personajes y sus historias nos van atrapando y queremos saber más. Al comienzo son diferentes historias de cuatro inmigrantes. Dos son italianos católicos y dos, rusos judíos que luego se unen en un tronco común que son sus descendientes argentinos.

La trama, unida a acontecimientos de nuestra historia desde 1890 hasta 1955, nos transmite la memoria de acontecimientos emblemáticos de la Argentina. La autora también da testimonio de sus vivencias a través de una de las protagonistas. Una joven estudiante que en 1955 milita en el reformismo universitario, herencia de 1918.

Está presente la transmisión de la memoria ese lazo vivo de las generaciones que permite arraigar el presente, evitar la fragmentación de la sociedad y dar una continuidad a los valores sociales. Es el polen que se esparce, siembra individuos mejores y hace progresar a una sociedad.

La novela se enmarca en lo que hoy se llama historia del presente. Se basa en experiencias que han sido y están siendo. En acontecimientos y procesos que tienen vigencia para la sociedad y que aún no han concluido. Los involucrados siguen desplegando sus acciones, en las que el narrador está necesariamente implicado. Puede ser por militancia en los procesos que analiza y explica o por ser contemporáneo a los mismos. En este sentido, el presente como tiempo histórico no está definido por una cercanía cronológica, sino que es el tiempo en el que los procesos son percibidos como actuales. Hoy seguimos bregando por trascender las grietas y requiriendo de la cultura del esfuerzo y de la pasión por el conocimiento.

Los últimos días del año son buenos momentos para reflexionar sobre qué debemos arraigar y qué dejar ir en la próxima etapa. Un signo del hombre y de la mujer de casi todos los tiempos es ese par de polos opuestos, esa tensión que anhela encontrar una síntesis. Esto se trasluce a lo largo de la obra De polen y cenizas ¿Cómo buscar el equilibrio entre una buena vida material y la práctica de valores humanos y compromiso social? La respuesta es uno de los desafíos de la humanidad en esta nueva etapa.

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