Dos personas, indignadas por la lentitud de un trámite y por la burocracia, expresan su enojo de manera similar. Una dice: “Esto es el acabose”. La otra exclama: “Es un asunto de nunca acabar”. Indudablemente, el común denominador de ambas expresiones reside en el uso del verbo ‘acabar’. Si rastreamos su valor significativo, nos encontramos con múltiples acepciones. La primera y más difundida es la de “poner o dar fin a algo, llegar al final o superar la última etapa de algo”: “Ya acabó la carrera de autos”. En este caso, puede construirse con la preposición ‘con’: “¿Pudiste acabar con el informe?”; la segunda acepción tiene que ver con “consumir completamente una cosa”, como en “Acabamos toda la bebida que había en el refrigerador”. También se usa ‘acabar’ como sinónimo de “pulir”, para señalar que se pone mucho esmero en la conclusión de una obra, como en “Eliana acaba cada detalle de su libro para que quede perfecto”. Vinculado con este sentido, se da el adjetivo ‘acabado’, para indicar que un proceso es muy completo y detallado: “Han realizado una revisión acabada del tema”. En ocasiones, se usa también como sustantivo: “Lo que más me gusta es el acabado tan perfecto de la obra”.
Otras veces ‘acabar’ equivale a “rematar, terminar, finalizar”: “La obra acaba en un final abierto”. En ese señalar el término, ‘acabar’ puede indicar el fin de la vida y ser equivalente a “morir”: “Su vida fue apagándose lentamente hasta acabar con absoluta serenidad”. Este sentido se vincula con el de “hacer que algo llegue a su fin o deje de existir”: “Está decidido a acabar con la corrupción imperante”. Vinculado con la idea del fin, está el valor significativo del verbo cuando se relaciona con tener un determinado final o punto culminante, generalmente inesperado o desfavorable: “Su depresión hizo que acabara alcohólico”.
Si referimos ‘acabar’ al extremo de una cosa, haremos alusión a que tiene determinada forma o característica: “Los arcos acaban en punta”. Además, precedido de negación y junto a la preposición ‘de’, puede señalar que algo no se ha logrado: “No acabo de entender tu postura”; también con esta preposición puede indicar que algo ha ocurrido recientemente, poco antes: “Acaba de obtener una beca internacional”.
Algunas expresiones coloquiales son, por ejemplo, ‘acabara ya’ o ‘acabáramos’, que se usan cuando, después de una gran dilación, se termina o logra algo o se sale de una duda: “Acabáramos, pensé que nunca te decidirías”. Otro tanto ocurre con la interjección coloquial ‘¡sanseacabó!’, utilizada para indicar que se da por terminado un asunto, cuestión o situación.
Y si, como en el ejemplo del comienzo y dicho de un proceso o de un negocio, se dice que es ‘de nunca acabar’, estaremos significando que se prolonga demasiado y que puede llegar a durar indefinidamente. Con esta locución, está vinculada la expresión que la incluye ‘cuento de nunca acabar’, que alude a que un asunto se dilata y embrolla de modo que nunca parece tener fin.
Al afirmar, como en el ejemplo inicial, que una circunstancia es ‘el acabose’, se querrá decir que ella ha llegado a su punto culminante, especialmente a un extremo negativo: “Su mala conducta llegó al acabose con los hechos de esta mañana”.
Como lo hago habitualmente, busco algunos refranes en que aparezca el verbo ‘acabar’ para conocer cómo ha quedado plasmado en formas tradicionales. Así, encontramos, “Acabados higos, pájaros idos”, en que se señala metafóricamente que, una vez que se termina la fuente de comida o de ingresos o, también, un asunto cualquiera, los que hacen uso de ellos o estaban dedicados a su resolución, se irán porque ya se ha perdido todo interés o motivación. Igual en su contenido e intenciones resulta otra paremia más usada entre nosotros, “Pájaro que se llena se vuela”.
Otro refrán es “Agua en cesto se acaba presto” en que se ponen de relieve la escasa duración, la fugacidad y la poca seguridad de aquello que no posee un buen soporte: un cesto es un recipiente generalmente de mimbre, no destinado a contener agua u otro líquido ya que ellos se van a filtrar pronto (eso significa ‘presto’) a través de las fibras de su entramado. Metafóricamente, se acaban pronto los asuntos y sentimientos que no están sustentados en forma adecuada.
“Amistad que acaba no fue nunca amistad” alude también al escaso valor de las relaciones a las que se pone fin, dado que han sido carentes de autenticidad.
La indiferencia ante el dolor y las necesidades ajenas queda patente en el refrán “Bien predica el ayunar quien acaba de almorzar”, en el cual se advierte acerca de la poca solidaridad de los que, por tener abundantes bienes, no pueden comprender las carencias y necesidades de otros que sufren. Aquí la expresión ‘acaba de almorzar’ indica una acción que se ha cumplido en forma reciente y que representa al que posee mucho; se contrapone a la carencia, representada por el verbo ‘ayunar’.
En los días en que me embarga la tristeza por la ausencia del ser más querido, alguien me hace recordar el refrán que reza “Con la tristeza ocurre como con el arroz en la despensa: si se saca un cesto lleno todos los días, acaba por terminarse”, que vaticina el fin de este sentimiento negativo, cuando es reiterado, hasta su eliminación.
“El empezar es el comienzo del acabar” nos indica que toda empresa, por larga y difícil de realizar que aparezca, debe acometerse para, en algún momento, llegar a su fin. Complementario es de “Lo que no se empieza no se acaba” que insta a comenzar a ejecutar aquello que aparece como irrealizable.
“Antes de acabar, nadie se debe alabar” condena la actitud necia del que, sin haber resuelto una tarea hasta el final y sin conocer su resultado, se jacta de su realización y del presunto éxito.
Y, finalmente, un pensamiento expresado en retruécano que nos lleva a la reflexión interior: “Cuando uno no vive como piensa, acaba pensando cómo vive”. Dejo a cada lector la debida interpretación de su contenido.