26 de octubre de 2014 - 00:00

De magos, brujos y aprendices

Como una rémora de mejores tiempos, aquellos de vacas gordas, el festival de intendentes que confirmaron que pagarán un bono extraordinario de fin de año a sus trabajadores no condice con las urgencias que la Provincia exhibe en materia financiera.

Si bien más de diez caciques aseguraron que darán el plus, y otros tres o cuatro entregarán algún paliativo para compensar la inocultable pérdida de salario real producido por una inflación que terminará rozando el 40%, hubo tres que nunca dudaron ante la demanda sindical y la requisitoria periodística: Rubén Miranda (PJ-Las Heras), Rodolfo Suárez (UCR-Capital) y Alfredo Cornejo (UCR-Godoy Cruz).

Los tres Reyes Magos, cada cual con sus respectivas aspiraciones de cara al 2015, intuyeron aquí una posibilidad de diferenciación y una oportunidad de mostrarse como administradores exitosos, capaces aún en el peor año de la última década, de reservar fondos para premiar a sus empleados y no sólo pagar deudas.

Está claro, Miranda terminó aceptando ayer -tras el respaldo que le brindó La Corriente, y especialmente el vicegobernador full sciolista Carlos Ciurca-, que emprenderá el desafío de pelear por el oficialismo la sucesión de Francisco Pérez.

El acto en el Salón Báltico pareció ratificar lo que en el PJ era un rumor: La Corriente no dejará que el paquismo (con Matías Roby a la cabeza) se lleve el premio mayor que significa la candidatura a gobernador.

Suárez sabe que tiene apenas un año para hacerse un lugar en la rutilante marquesina del radicalismo capitalino (casi una pequeña gobernación). Y no lo piensa desaprovechar.

Su incesante ritmo de gestión tras la muerte de Víctor Fayad, los acuerdos internos obtenidos y su clara intención de avanzar sobre las aristas polémicas de la Ciudad (desde los boliches de la calle Arístides Villanueva hasta la reciente aprobación del Código de Convivencia), han desorientado a los que lo esperaban para competir en las PASO.

Cornejo, tal vez el más calculador y aplicado de los intendentes entiende de gestos y mensajes. Al punto que desde hace años busca diferenciarse para exigir (como le exige a Pérez) austeridad en el gasto público.

Pero también para buscar oxígeno más allá de la UCR y de endeble construcción nacional en el Frente UNEN. Sus recurrentes y explícitos contactos con Mauricio Macri (el último, también esta semana) muestran lo que él no dice: que quiere ser candidato a gobernador, pero no sólo para competir, sino para ganar.

La ola de los intendentes benefactores y la generalización de un estímulo que oscilará entre 400 y 800 pesos, aunque Maipú (tierra de otro precandidato oficialista como Adolfo Bermejo) confirmó que pondrá en los zapatitos de sus agentes 1.500 pesos en tres cuotas, sorprendió a Pérez y confundió aún más a su gobierno.

Hacienda se las ingenia en estos días por destrabar la autorización nacional de financiamiento que le permitirá a Mendoza endeudarse por los 800 millones de pesos que la Legislatura avaló tras la interminable discusión del Presupuesto 2014.

La demora de Axel Kicillof, obligó a Pérez a echar mano a una sugerencia radical: solicitar al Banco Nación el aumento del descubierto de 300 a 600 millones de pesos.

El sobregiro se usará para seguir cubriendo urgencias, pero especialmente, en el Ejecutivo se desvelan de solo pensar que en el siempre conflictivo diciembre habrá que pagar sueldos y aguinaldos, lo que implica más de 1.800 millones de pesos.

Por eso, ante la mínima posibilidad de otorgar un “extra” para los estatales, Pérez la cortó de cuajo. Y hasta la calificó de “engañapichanga”.

El problema es que cuando en el Ejecutivo vieron que cada vez más jefes comunales se probaban el traje de Melchor, Gaspar y Baltasar, algunos ministros quisieron convencer al Gobernador de tener “un gesto”. Tampoco alcanzó, porque en realidad y ciertamente, la plata es la que no alcanza.

Pero tal vez por eso mismo, en el peronismo aún resuenan las palabras del propio Pérez en el acto del Día de la Lealtad. En el oficialismo aún están sorprendidos de lo que consideraron una “innecesaria” provocación a la oposición cuando tildó a Cornejo de “especulador” y a los radicales en pleno de no poder coincidir “ni siquiera para la foto”.

En los cafés cercanos a la Legislatura todavía se preguntan el porqué de esa mojada de oreja, que suponen no hará más que endurecer posturas de cara a la próxima discusión de las leyes de Avalúo e Impositiva, y principalmente de la madre de todas las batallas: el Presupuesto 2015.

La última pauta de gastos en un año electoral y en un contexto económico poco favorable merecería de Pérez otra predisposición al diálogo, que invite a no repetir las dificultades de este ejercicio, cuyo presupuesto se aprobó recién en agosto y tras la intervención de la Corte luego de la fracasada “reconducción presupuestaria” que el Gobierno quiso imponer.

Pero especialmente, por la promesa electoral del Gobernador de entregar su mandato con “déficit cero”. Una meta que seguramente ya no podrá cumplir, al menos por la fragilidad manifiesta de las cuentas públicas y las urgencias cotidianas, pero también por el tenor de las declaraciones de los responsables de confeccionar el próximo presupuesto, quienes disimuladamente ahora dicen que la idea es que “al terminar 2015” (es decir en 2016) la Provincia tenga déficit cero.

Es decir que no solo el Gobierno intenta quitarse el sayo con elegancia, sino que además se lo pretende calzar de manera compulsiva a quien lo suceda en el sillón de San Martín.

Pero lo cierto es que la dinámica electoral ya parece teñir todo. Hasta aquellos disparos que parecen “fuego amigo”. En el sciolismo nacional no cayeron para nada bien las embestidas que desde Mendoza le propinó el también precandidato a presidente Florencio Randazzo.

El ministro nacional de Interior y Transporte no sólo pretendió instalar a su referente provincial, Diego Martínez Palau, sino que hasta se lamentó de que en Mendoza no hubiera reelección para que Pérez pudiera competir (¡¿?!), pero también se despachó contra Daniel Scioli, a quien acusó de ser candidato del establishment y de poco afecto a la gestión.

En el entorno del gobernador bonaerense se enojaron cuando vieron que al lado de Randazzo, como avalando sus dichos, estaba Pérez... el mismo dirigente que también se ilusiona con ser convocado para una posible fórmula presidencial. Pero también, aseguran, habrían existido algunos desafortunados comentarios privados que llegaron a oídos de Scioli. Sus hombres no dudaron en hacer trascender el descontento.

Pero esta no fue la única decepción mendocina que esta semana rondó en Buenos Aires. El operador top del peronismo, Juan Carlos “Chueco” Mazzón, tuvo que poner en evidencia pública al cacique sanmartiniano, Jorge Omar Giménez, quien pretendía imponer su nombre a un espacio dedicado al vino.

Cultor de la baja exposición y la sobriedad, Mazzón detesta las luces y los brillos: van en contra de su trabajo. Y por más que entendía la sinceridad del homenaje, debió salir a bajarlo por los medios.

Referente insoslayable del PJ durante décadas, oráculo del sector Azul y armador de estrategias y candidaturas en terreno difícil, probablemente Mazzón haya reflexionado esta semana que muchos de sus discípulos locales en todo este tiempo, tal vez “no han aprendido nada...”.

Luis Abrego - [email protected]

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