27 de febrero de 2013 - 23:32

Cumplir 50 años, hoy

En el día de su cumpleaños, la periodista reflexiona sobre la generación a la que pertenece.

En las fotos se veía a nuestras abuelas enfundadas en batones, amorfas, peinadas con el pelo tirante y rodete. Sacando cuentas, esas abuelas tenían como? ¡40 años! Imposible, no, saquemos la cuenta de nuevo. Si mi mamá se casó a los 23. Mi abuela a los 18 la tuvo a mi mamá? Sí, las viejas de antes tenían 40.

Hoy cumplo 50 años. No uso batón ni rodete, ni tengo nietos. "No parece" me dicen algunos, creyendo que me regalan un piropo, cuando en realidad están diciendo "sos vieja, pero no parecés tan vieja". Y hay que digerirlo?

Porque uno sabe que envejece pero no lo quiere aceptar. Quizás sea porque ya tiene menos metros hacia donde llegaremos todos sin nuestras pertenencias o hay temor a la decrepitud?

Mi generación es muy rara.

Es la que aprendió a convivir con el bótox, las siliconas, los antidepresivos, los gimnasios, la planchita para el pelo. Tuvimos el mandato de casarnos vírgenes. Aprendimos con sudor y lágrimas a manejar la compu, a ser infiltradas en el cyber-espacio. Pudimos casarnos no de apuro y no vírgenes. La secundaria la hicimos en la época de la dictadura así que salimos bastante derechitas. El vuelco a la izquierda lo tuvimos que dar mucho después de lo que correspondía.

Hoy cumplo 50 y como feminista que soy pude ver a una mujer ser elegida presidenta de mi país. Y también fui testigo de cómo sancionaban la ley de divorcio vincular y la del matrimonio igualitario.

Puedo comprar ropa en los mismos lugares que mis sobrinas e ir al mismo gimnasio, donde las chicas me tratan de vos. Las vendedoras también me tratan de vos. Aunque tenga 50 años.

Planté árboles, escribí un libro, tuve hijos y aprendí que los adolescentes ahora hacen "la previa", salen a bailar a la hora en que nosotros volvíamos del boliche y terminan la noche muy alcoholizados, situación que en mi época era detestable. Ahora es una moda (no, no, aguanten los lentos y el Séptimo Regimiento sin alcohol).

Crecí con la AM, el televisor blanco y negro, dos canales, los casettes y los discos 33. Tuve que aprender a usar teléfonos sin cables, dejar entrar en mi casa la televisión a color del mundo y en 3 D, el DVD, la Tablet, el reloj al que no se le da cuerda, el microondas, el lavavajillas. Los deliveris las 24 horas del día. Compro la tintura en el supermercado y tengo que teñirme las canas a la fuerza, porque debo parecer más joven de lo que soy, ya que la Juventud es un culto, una religión (pensar que me teñía cuando no me tenía que teñir y ahora que no quiero lo tengo que hacer).

Desaprendí los domingos familiares, los amigos para siempre, el amor eterno.

La menopausia acecha mi cuerpo. Antes me molestaba menstruar (o "me vino la huevada" como decíamos) todos los meses (como un relojito cada 28 días) y ahora que quiero menstruar no lo hago. Es una fiesta cada vez que sucede. Las limitaciones físicas aparecieron. Me duelen los huesos. Tomo T 4 todos los días y vitamina D. Tengo la opción de implantes de dientes. También existen los implantes de cabello, de senos, de cola, de células madres.

De chica hacía grandes fiestas de cumpleaños, en realidad bailes de disfraces, porque siempre el 28 de febrero caía en Carnaval. Ahora, entre tantos feriados, hasta el carnaval cambió de fecha. Este año decidí festejarlo con mis compañeras de la secundaria en Cuba. Partimos las cincuentonas, con 36 años de amistad, 8 días a la isla. Allí hicimos catarsis de los amores que no fueron, de los hijos que no tuvimos, de los amantes que perdimos, de los trabajos que no aprovechamos, del reloj biológico que no perdona. Intercambiamos cremas antiedad, anticelulitis, antiestrías, antisequedad vaginal, antialzheimer, anticaída del cabello.

Ya no me insolo como cuando era chica. Descubrí no hace mucho los bloqueadores solares. Ya está probado que los rayos del sol cada vez hacen peor a la piel y son acumulativos. También ahora hay conciencia de que el cigarrillo hace mucho daño a la salud. De chica era común fumar porque te daba status. Eran épocas en que no existía nada light, ni gelatina, ni gaseosas, ni yogures? lo cual dificultaba el hacer dieta. Pero tampoco habían tantos desórdenes alimenticios. Ahora hasta a los perros los ponen a dieta (y el alimento light sale muuucho más caro).

Soy injusta conmigo. Porque hay mucho de bueno también. Me permito ahora a los 50: ser libre. Poder decir lo que siento y lo que pienso. No tener filtro. No tener miedo. Mirar para atrás y saber que hice lo que pude. Mirar para adelante y verme sin bótox, sin lentes de color, sin cirugías, sin batones, sin estar casada, sin tener el cuerpo turgente, sin tomar pastillas para alargar la menarca, sin vivir flagelándome con la comida, sin plancharme el pelo todos los días, ni gastarme fortunas en cremas anti-edad.

La mochila está mucho más liviana de miedos, del qué dirán y del deber ser.

No, no me importa que mi cuerpo no responda a estereotipos. Ya no lo quiero lindo. Lo quiero sano. Quiero sanas mis relaciones. Quiero estar con mi madre, mis hijos, mi pareja, mi hermana y mi prima todo el tiempo que pueda. Voy a seguir haciendo periodismo y teatro. Posiblemente escriba otro libro. Me encantaría ser abuela?

Ya no voy a volver a ser joven. Tampoco sería conveniente. Estoy muy cansada. Trabajo desde los 18 años, soy jefa de hogar y también tengo derecho a disfrutar de mi edad dorada.

Quizás esta noche haga un minuto de silencio. O quizás me vaya a bailar, a tomar Chandon y a hacer el amor en algún lugar prohibido.

No sé. Mañana les cuento. O mejor? no les cuento nada. Porque tener 50 también implica, ¡por fin! no dar ningún tipo de explicaciones.

Las opiniones vertidas en este espacio, no necesariamente coinciden con la línea editorial de Diario Los Andes.

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