10 de abril de 2026 - 18:49

"Un Millón de Cuartos Propios": La autonomía femenina bajo la mirada de Tamara Tenenbaum

Ganadora del primer premio Paidós de Ensayos, Tamara Tenenbaum participará este sábado de una charla de literatura y vino en Tupungato.

Este sábado 11 de abril, en Wine Spot —el espacio cultural de Château d’Ancón, en La Carrera, Tupungato —, la presentación del libro “Un Millón de Cuartos Propios”, de Tamara Tenenbaum es un encuentro que sale del trillado corset maridaje de vino y literatura.

Si bien la propuesta reúne ambos placeres, la amalgama está dada por el efecto que produce un buen vino y una buena charla. Y si es de letras, la apuesta está redoblada.

Detrás de esa idea está Andrea Carballo, actriz argentina y gestora cultural radicada en Barcelona, creadora de Wine, Women & Words, un formato que ya tuvo más de 25 ediciones en España y que ahora inicia su recorrido por el país.

“Ambos lenguajes (el vino y la literatura) comparten algo que no es obvio hasta que los ponés en conversación: la capacidad de generar paisajes”, dice Carballo. Y se detiene ahí, en esa idea. “Un libro y un vino te llevan a un lugar, a una atmósfera, a un estado emocional. Cuando eso ocurre al mismo tiempo, en el mismo espacio, algo se amplifica”.

WhatsApp Image 2026-04-06 at 09.40.35

Lo que le interesa es la fricción, el cruce, incluso la interrupción. “El vino abre el cuerpo y la conversación; el texto abre la mente y las preguntas. Juntos generan un tipo de presencia que cada uno por separado no termina de producir”, explica. Y agrega una frase que condensa el espíritu del ciclo: “Lo que descubrí, y que no esperaba con tanta claridad, es que el vino no acompaña a la literatura —la interpela. Y viceversa”.

Ese “algo” que aparece en el medio, difícil de definir, es lo que ella llama enomagia. “Cuando dos mundos que no imaginabas que iban a encajar, encajan”, resume.

Pensar la autonomía con mirada de mujer

Como si no le alcanzara con meterse en un clásico, Tamara Tenenbaum llegó a “Un millón de cuartos propios” después de traducir “Un cuarto propio” de Virginia Woolf, un proceso que no fue solo técnico sino también intelectual. Volver a ese texto con la atención minuciosa que exige la traducción le permitió descubrir capas que en una primera lectura le habían pasado de largo: esa forma de pensar en movimiento, de rodear las ideas en lugar de fijarlas. De ahí nace, en parte, su propio ensayo, que retoma esa lógica para pensar la autonomía, el dinero y las condiciones materiales de la vida contemporánea. El resultado no solo amplía la conversación que Woolf había abierto, sino que además le valió el reconocimiento del Premio Paidós de Ensayo, consolidando el libro como una de las intervenciones más relevantes en el ensayo actual.

En “Un millón de cuartos propios”, Tenenbaum retoma la pregunta que Virginia Woolf formuló hace casi un siglo: qué necesita una mujer para escribir. La respuesta de Woolf —un cuarto propio y un ingreso suficiente— funciona como punto de partida, pero no como cierre.

“Yo no me atrevería a decir que el contexto actual es más precario que el de Woolf”, señala Tenenbaum. “Era el tiempo de entreguerras, el acceso a la vivienda ya era un problema. Quizás hoy es un problema de otra manera”.

WhatsApp Image 2026-04-06 at 09.40.34 (2)

La comparación no busca establecer una jerarquía de dificultades, sino marcar un desplazamiento desde donde aparece una de las claves del libro: la idea de que la autonomía no es solo una cuestión simbólica. “No solamente ser libre, sino tener la capacidad económica de sostener esa autonomía”, dice. La frase condensa un punto central: la libertad necesita respaldo económico.

Ese enfoque lleva la discusión hacia terrenos menos transitados en el debate público. Dinero, trabajo, desigualdad. “Creo que puede ser incómodo este libro por toda la conversación sobre lo económico”, reconoce.

Y continúa: “La desigualdad es profundamente injusta, pero también es incómoda para todos. La gente privilegiada no quiere aceptar que lo es, y la gente que no lo es a veces se avergüenza. Hay algo de que cualquier posición en una escala desigual es vergonzosa”.

El libro, entonces, no busca resolver esa tensión, sino exponerla. Hacerla visible. “Estamos muy acostumbrados a vivir con eso, pero analizarlo, escribirlo, pensarlo, sigue siendo incómodo”.

Continuidades y desvíos

La obra dialoga directamente con el libro que la instaló como una de las voces más leídas de su generación, "El fin del amor", pero ese diálogo no es lineal. “Hay una continuidad, pero también una ruptura”, explica. “El fin del amor decía que había que dejar de hablar tanto de amor. Y este libro es, en parte, una propuesta de eso”.

La ampliación del foco es clara. “Que las mujeres hablemos también de trabajo, de dinero, de resentimiento, de nostalgia, de traición. De los grandes temas de nuestra época”. En ese sentido, el feminismo aparece no como un tema en sí mismo, sino como una perspectiva para leer problemas más amplios.

“Usar el feminismo como una pregunta por la relación entre lo íntimo y lo político, para analizar temas que no parecen necesariamente feministas”, señala.

Ese movimiento se refleja también en la forma del libro. En lugar de construir una tesis cerrada, el ensayo avanza por desvíos, asociaciones, preguntas que se abren más de lo que se cierran. Una lógica que la propia autora reconoce en su vínculo con Woolf.

Una forma de conversación

En Wine, Women & Words nada está librado completamente al azar: la elección de la autora, los fragmentos que se leen, los vinos que acompañan cada momento, el ritmo del encuentro. Todo forma parte de una curaduría que combina intuición y trabajo.

Ese proceso, además, no es individual. Se completa en diálogo con la autora invitada y la sommelier. “Arranco sola pero rápidamente se convierte en una sinergia real con la autora y la sommelier. Cada una trae una mirada distinta, un conocimiento propio, y ese diálogo entre las tres es lo que termina dando forma a la edición”, explica Carballo.

ANDREA CARVALLO

El desafío es que esa construcción no se note. “Lo que intento es que el resultado final se sienta natural. Cuando eso pasa, es porque la intuición y la construcción encontraron su equilibrio”, subraya.

En un contexto donde buena parte de los eventos culturales están fuertemente guionados, el ciclo apuesta por una forma de intercambio menos rígida. No hay una mediación formal en el sentido clásico, aunque sí una conducción. “Una conversación sin estructura puede dispersarse o quedarse en la superficie. Por eso el formato tiene una guía que no se nota demasiado”, aclara.

Volver y escuchar distinto

Después de su recorrido en España, la llegada a Argentina tiene, para Carballo, un peso particular. No solo por el público, sino por la experiencia personal de volver.

“Cambian muchas cosas y en el fondo no cambia nada”, dice. “El deseo de encontrarse, de conversar sin tanto filtro, de que nadie esté en un pedestal, eso es universal. Pero la forma en que ese deseo se expresa sí tiene color local” que aparece en la forma de intervenir, de discutir, de escuchar. “En Argentina hay una calidez en el intercambio, una disposición al debate, una manera de habitar la conversación que es muy propia”. A eso se suma otra capa: el vínculo con el territorio. “Yo soy argentina, el vino que trabajamos es argentino, y hay autoras como Tamara que escriben desde una sensibilidad que te llega de otra manera cuando estás en casa”.

La edición de este sábado tendrá como invitada a Tamara Tenenbaum, que presentará fragmentos de “Un millón de cuartos propios”, su ensayo más reciente, ganador del Premio Paidós. La dinámica es simple: tres lecturas, tres vinos, y una conversación que se abre a partir de ahí. Pero lo que el libro propone no es, precisamente, una lectura cómoda.

Pensar en voz alta

En ese sentido, el formato de Wine, Women & Words parece dialogar naturalmente con el libro. No solo por el contenido, sino por la forma de abordarlo. “Siempre está bueno llevar las conversaciones literarias a lugares donde estén mezcladas con el placer”, dice Tenenbaum. Y vuelve a Woolf: “Ella misma habla de cómo el vino abre conversaciones, de cómo hace fluir el encuentro entre los espíritus”.

La idea es correr la literatura del espacio de la obligación —la clase, la academia, el deber— y llevarla a un terreno más distendido y más permeable.

LAS MAS LEIDAS