29 de mayo de 2026 - 09:00

Fernando G. Toledo. "La poesía es una manera de expresar el pensamiento"

ENTREVISTA. Después de trece años sin publicar poesía, el escritor y periodista regresa con Cirugía de extracción, un libro intenso donde pensamiento y experiencia se cruzan con precisión quirúrgica.

Fernando G. Toledo regresa a la poesía con Cirugía de extracción, un volumen atravesado por la urgencia, la reflexión y una búsqueda obstinada de belleza en medio de la hostilidad dominante. Publicado por la colección Pleamar del sello cordobés Mascarón de Proa, el libro reúne 40 textos escritos en apenas dos meses y se instala como una de las obras más intensas y personales de la trayectoria del escritor mendocino.

Autor de una obra que abarca poesía, narrativa, ensayo y periodismo cultural, Toledo vuelve al género que marcó el inicio de su recorrido literario con un libro que no busca anestesiar al lector, sino mantenerlo despierto. En conversación con Estilo, el poeta, escritor, periodista, editor y además compañero de tareas en Los Andes, reflexiona sobre su nuevo libro y sobre el sentido de la poesía.

—Hablemos sobre Cirugía de extracción. ¿Cómo es tu nuevo libro?

—Tiene para mí dos particularidades muy salientes con respecto a otros de mis libros. Por un lado, es mi primera publicación de poesía después de 13 años —con una salvedad: en 2018, Ediciones del Dock publicó una antología de mi obra llamada Plano secuencia, porque ese año se cumplían 20 años de mi primer libro. Pero mi último libro unitario era Mortal en la noche, de 2013. La otra particularidad me resulta más vertiginosa. Siempre he trabajado los textos mediante correcciones y con mucho tiempo, hasta conseguir una coherencia entre ellos. Y así fue con todos los libros anteriores de poesía: Hotel alejamiento (1998), Diapasón (2002), Secuencia del caos —que en 2006 me dio mi primer premio Vendimia—, Viajero inmóvil (2009) y Mortal en la noche (2013). Pasaron cuatro años entre cada uno, casi como si hubiera sido planeado. Pero este libro salió de manera volcánica: fue escrito entre mediados de enero y mediados de marzo de este año y en abril ya estaba publicado.

—¿Qué es lo que une a esos poemas y por qué hablas de urgencia?

—Tiene que ver, por un lado, con el vértigo con el que fueron escritos y publicados. Pero lo que tienen de urgentes en cuanto a su estructura y contenido tiene que son las razones que mueven los textos. Este libro fue escrito después de lo que yo llamo annus calamitatis: un año terrible para mi vida personal, en el que la escritura terminó siendo algo terapéutico, aunque yo no soy de considerar la escritura con ese fin. Llegué al verano de 2026 con un poco de paz, y de golpe se conjugaron muchas ideas que venía arrastrando acerca de la poesía. Por ejemplo, qué representa escribir un poema: qué es lo que aparece en el mundo al terminarlo. En el medio de una realidad en la que eso no existe, de golpe hay algo que tiene una intención de belleza. Es un concepto que le preocupó mucho a Heidegger, por ejemplo. Y relacionado con eso: qué representa un intento de producir belleza en un mundo que conspira contra todo eso, como en la Argentina de este momento, por ejemplo. Todas esas preocupaciones se cruzan en los 40 poemas de maneras muy diferentes. Por un lado, están expresadas esas ideas; por el otro utilizo momentos personales para hablar de ellas, y se destila un poco de todo el dolor —que también es una de las maneras de la fealdad del mundo—, tratando de que aparezca como una preocupación con la que el lector también pueda identificarse.

—¿Y surge alguna respuesta sobre qué significa escribir poesía?

—La respuesta no está clausurada nunca, sino que son todos intentos. Incluso hay avances y retrocesos en los poemas: creo que es esto, y vuelvo atrás y digo: "No, pero puede que realmente lo sea”. La respuesta tal vez le quede al que lee el libro al terminarlo. Lo que sí puedo decir es que para alguien sin creencias religiosas, metafísicas ni sobrenaturales —lo cual solucionaría muchas cosas y permitiría decir que el poema es simplemente una escritura dictada por los dioses o las musas—, para un materialista es mucho más difícil dar esa respuesta. Lo que yo creo es que la belleza es una parte material de la realidad, y al arte en manos de los hombres le queda conformar cosas nuevas dentro de esa realidad en transformación. No se puede crear desde la nada, se pueden tomar los materiales dispersos por el mundo y, mediante procesos de destrucción y reconstrucción, producir un objeto nuevo. A veces con éxito y a veces quedándose en el intento, nada más.

—Entre todas las enunciaciones que recorre Cirugía de extracción sobre el hecho de escribir poesía, ¿hay alguna que a vos te resulte más convincente?

—Para mí la poesía es una manera de expresar el pensamiento, del mismo modo que la filosofía. No son compartimentos estancos: a través de la poesía se puede también filosofar, trabajar con las ideas. Y hay algo que a mí me resulta fascinante: el intento de construir la belleza reflexionando sobre la belleza al mismo tiempo. Un poco de eso quiere decir el título. Esa Cirugía de extracción es el extraer belleza de la fealdad que nos circunda, produciendo algo nuevo. También es extraer algo que esté molestando, del mismo modo que se extrae un tumor, y que transformado por palabras en poesía deja de serlo y termina curando. De ahí creo que viene la parte terapéutica.

—Da la sensación de que la poesía aparece cada vez más circunscripta a un universo de iniciados. ¿Te parece que es así? ¿A qué lo atribuís?

—La poesía siempre fue un género marginal dentro de la “República de las Letras”, y al mismo tiempo omnipresente. Cuando uno necesita expresar algo verdaderamente importante —una declaración de amor, unas palabras para alguien que se fue, un dolor, una pérdida— echa mano a la poesía, sea de los grandes poetas o de la poesía cursi de los almanaques. Al hacerlo demuestra que la poesía también es útil. La poesía “literaria” puede que sea leída sobre todo por quienes la escriben. Pero al mismo tiempo rebasa esos límites. Con este libro me encontré con gente que dice que leerlo le resulta un desafío porque hay que estar concentrado, que no es solo una musiquita, sino que hay un intento de que sea algo más. Y al mismo tiempo me han hablado de entender por primera vez lo que es la precisión en poesía: nombrar algo y decirlo de una manera que, dicha de otro modo, pierde todo sentido.

— ¿No te parece que el corpus de la poesía argentina le ha dado la espalda a la realidad argentina, encerrándose en un lugar medio inaccesible?

—Ha habido momentos en que la poesía argentina ha querido hablar de lo que estaba pasando de manera que resulte evidente. La poesía de los 60, donde entre otros destacaba Juan Gelman, tenía esa carga de ser casi una crónica de la realidad. En los 90 fueron dominantes el objetivismo y el Neobarroso. En Cadáveres de Perlongher se ve la preocupación social claramente, pero en mucha otra poesía neobarrosa no: parece una fiesta del lenguaje. Y parte de la poesía objetivista, a veces falsamente objetiva, recaía en ocasiones en hacer pasar por poesía lo que era una nota periodística cortada en versos: le faltaba la poesía. Santiago Sylvester suele llamarle poesía chatarrera. No creo que necesariamente la poesía de hoy le dé la espalda a la realidad. Hay poetas de todo tipo hoy en día, y creo que incluso en un libro de apariencia filosófica (entre ellos, el mío), hay un intento por hablar más profundamente de la realidad que en muchos otros que con aspavientos avisan que están hablando de lo que pasa ahora.

La presentación

Cirugía de extracción, de Fernando G. Toledo, tendrá en junio dos presentaciones. La primera será el 9 de junio a las 20, en la Casa del Bicentenario (La Colonia), en el marco de los festejos del Día del Escritor que organiza el municipio de Junín.

La segunda, para alumnos del terciario IES 9-001 de San Martín será el 25 de junio a las 10.30, en la sede de esa casa de estudios.

En ambos casos la presentación incluye una teatralización de los poemas con cuatro actores, bajo la dirección de Willy Marti.

Un poema de Cirugía de extracción

Pirotecnia

Las luces y estallidos en el cielo nos sorprenden.

A esa fiesta no hemos sido invitados,

y nos preguntamos en la oscuridad

—sin vernos, pero como si supiéramos

que ninguna pregunta es de uno solo—,

por qué una celebración hoy es posible.

En cada rincón de la casa hay algún insecto

que acecha. Rodeados, resulta extraño

entender cada movimiento, aun más que ejecutarlo.

Es por eso que encontramos familiar el error

y nadie va a hallar excusas, a menos que admita

que, aquí mismo, al mal a la vez

hay que darlo y hay que recibirlo.

Fernando G. Toledo

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