Oscar Miremont reconstruye la vida de mujeres explotadas entre 1912 y 1918 a partir de prontuarios policiales y vivencias personales.
La historia oficial de Mendoza suele escribirse con letras de molde, bustos de mármol y relatos de grandes gestas. Sin embargo, en las grietas de esa narrativa, existen nombres y rostros que fueron sistemáticamente borrados. El jueves pasado, el espacio cultural La Bancaria fue el escenario de un acto de justicia poética: la presentación de Putas, el nuevo libro de Oscar Miremont.
La obra no es solo un compendio de datos; es una reconstrucción sensible y cruda de las vidas invisibilizadas en los prostíbulos mendocinos a principios del siglo XX. A través de un diálogo entre la crónica periodística de la época y la poesía, Miremont recupera el rastro de mujeres migrantes y locales atrapadas en redes de trata y violencia institucional.
"Perdidas en un rincón, desabrochadas de la Historia, estas fotos venían con nombres, edades, procedencias y fechas en que fueron apresadas. Jóvenes y no tan jóvenes, procedían de distintas partes de Europa y de la Argentina", explica el autor sobre el hallazgo de los prontuarios que dieron origen a la investigación.
El libro detalla cómo organizaciones internacionales como la mafia polaca Zwi Migdal o la francesa Milieu operaban en una Mendoza que no era ajena a los procesos globales. Bajo la promesa de un matrimonio próspero en América, cientos de mujeres eran trasladadas desde una Europa devastada por la miseria para terminar en una red de esclavitud.
Miremont no teme señalar las complicidades locales. Según el autor, el sistema se sostenía gracias a una "vista gorda" generalizada de las instituciones civiles, religiosas y militares de la época, que propiciaban las llamadas "casas de tolerancia".
"Nuestra historia no es solamente el relato de próceres y gobernadores, también es la historia del sufrimiento humano que tantas veces los cronistas de lo antiguo se han empeñado en ocultar", sentencia Miremont.
Un factor distintivo de Putas es la conexión personal del autor con la temática, que se remonta a su niñez en la Cuarta Sección. Miremont recuerda acompañar a su padre en el reparto de lácteos por los piringundines de la zona. "Mi padre era lechero... las chicas eran mujeres que nos compraban leche y yogurt, para ellas y sus hijos. Recuerdo mujeres muy pobres, tan pobres que ni vestidos tenían. Seguramente en ese momento se comenzó a escribir este libro".
La obra intercala poemas con transcripciones fieles de diarios Los Andes y La Tarde, buscando devolverle la humanidad a quienes fueron tratadas como simples expedientes policiales o "engranajes" de una maquinaria de explotación.
El evento del jueves fue más que una presentación, un ejercicio de memoria colectiva sobre un pasado que, aunque oculto tras muros de conventos u hospitales, sigue exigiendo ser contado.
"Vayan estos versos en homenaje a tantas mujeres que fueron víctimas de una historia manchada de sangre y violencia. Mi respeto y memoria hacia ellas", concluye el autor.