Hay músicos que acompañan la historia del rock argentino desde un segundo plano decisivo. Fernando Samalea es uno de ellos. Baterista, bandoneonista, compositor y escritor, su trayectoria atraviesa más de cuatro décadas y está unida a nombres fundamentales de la escena nacional.
Nacido en Buenos Aires en 1962, Samalea comenzó su recorrido profesional en los 80. Integró proyectos como Clap junto a Diego Frenkel y, poco después, inició una relación artística decisiva con Charly García, con quien grabó y tocó a lo largo de distintas etapas. Participó en una docena de discos de García, incluidos trabajos recientes como Random y La lógica del escorpión. Paralelamente desarrolló una obra literaria que ya suma cinco libros, donde el humor y la memoria funcionan como motores narrativos.
El miércoles se presentará en el Teatro Independencia, a las 20.30, junto a La Portuaria, en el marco del evento solidario El rock de la buena leche. Estilo habló con él antes de la presentación, para conocer algo más sobre este artista de bajo perfil, pero que ha estado en muchos de los escenarios esenciales del rock argentino.
—Has integrado la banda en distintos momentos...
—Es verdad. Cuando empezamos a ensayar en los 80, hacía 3 años que yo tocaba con Charly. Diego (Frenkel) y Christian (Basso) comienzan a armar este proyecto, como yo estaba en la banda de Charly y eso iba a seguir, armamos una suerte de trío eléctrico en paralelo con algunos de los primeros temas del primer disco de La Portuaria. Luego se incorporó Víctor Winograd. A partir de ahí comenzó la historia que ya todos conocen, con distintas formaciones y algún que otro impasse. Hace unos 4 años hicimos un reencuentro y fue lindo porque en verdad nos conocemos todos desde la adolescencia.
—¿Habías estado con Diego Frenkel también en Clap?
—Claro. Y es una linda vuelta de la vida que hayamos podido reencontrarnos, hacer distintos conciertos y eventualmente un nuevo disco, que es lo que se está dando ahora, el cual ya está grabado y probablemente en un par de meses vea la luz.
—¿Ya tiene nombre el nuevo disco?
—Por ahora no. Se lanzó la canción Animal Humano, hay un video también. Y bueno, por ahora está ahí, un poco a la espera.
—¿Pero en el recital del domingo van a tocar algunos temas de ese material?
—Sí, un par, un poco así simbólicamente. Los primeros adelantos y luego saldrá el disco completo en abril.
—¿Es un momento de reafirmación de La Portuaria como proyecto musical?
—Principalmente es una celebración entre amigos, que a su vez tiene, como ha hecho La Portuaria a lo largo de todas sus encarnaciones, algunos temas populares, otros más experimentales, pero en definitiva siempre cautivando a distintas generaciones de público a lo largo del tiempo.
—Sos un artista “multi target”: baterista, bandoneonista, compositor y escritor. ¿Cómo hacés para funcionar a la vez en todos esos rubros creativos?
—Lo tomo como un juego. Intento no volverme seriamente profesional en ninguno de los ítems, sino simplemente seguir mis impulsos interiores. A las cosas no las pienso desde un lugar académico u ortodoxo, sino que intento encontrarle el lado de fantasía en lo creativo. Justamente con el ocio creativo, la imaginación, desarrollar las cosas desde un lugar especial y naturalmente, como me sale.
—En tu faceta de escritor acabás de publicar un nuevo libro, el quinto, que se llama Viviendo el futuro. ¿De qué se trata?
—Es una humorada, porque ya estoy viviendo el futuro de lo que me imaginaba a los 20 y tantos. El hecho de encontrarme con la quinta generación de veinteañeros y a la vez tener la suerte de seguir compartiendo proyectos con las nuevas generaciones, además de con mis contemporáneos como La Portuaria. El impulso de escribir todas esas crónicas me dio la chance de volver a vivir la cantidad increíble de situaciones y con la fortuna de haber compartido con tantos íconos populares. Intento contarlo sin solemnidades, porque los libros tienen mucho humor, pero sé que también son de alguna forma una crónica de todos los cambios que hubo en estas décadas.
—¿Podrías definirte como un cronista del rock?
—No quiero ponerme ningún mote en particular, porque en verdad simplemente es para hacer que la mente mecánica se active, que vuelvan a suceder todos esos gratos recuerdos e intentar novelarlos. De alguna forma mis libros son novelados, intento una descripción lo más cinematográfica posible, porque lo visual siempre es clave y trato de que cada situación sea lo más veraz, vívida y entretenida posible.
—Hablabas de las nuevas generaciones rockeras a las que te vas integrando, ¿cómo ves a la nueva generación que ahora anda por los 20 y se está proyectando en la música?
—Vengo trabajando desde hace mucho. Desde lo de Catriel y Paco hasta Usted Señalemelo. En el caso de Catriel y Paco tal vez son un poco más hip hop, es otro tipo de estilo. Agradezco haber podido acompañar o compartir escenarios, aunque sea fugazmente, con un montón de esos artistas.
—De todas tus participaciones dentro de la música rock, una de las más importantes sin duda es con Charly. ¿Qué podés contar de esa experiencia?
—Claro, es mi estigma musical y es mi artista favorito. He tenido esa linda chance: me dio la oportunidad cuando yo tenía 20 años de ensayar con él. Le habíamos grabado el disco Vida cruel de Andrés Calamaro e inmediatamente todos comenzamos a tocar con Charly. Pude participar en literalmente una docena de sus discos a lo largo de las décadas e incluso en Random y en La lógica del escorpión, los últimos dos, también he grabado las baterías. Lo considero la persona clave. De alguna forma lo posibilitó todo.
Sama, el escritor
El baterista y escritor Fernando Samalea suma un nuevo capítulo a su proyecto autobiográfico con Viviendo el futuro, un libro que funciona como bitácora íntima del rock en movimiento. Publicado por Editorial Sudamericana, el volumen retoma su estilo de crónica en primera persona, donde conviven giras, camarines, estudios y encuentros con distintas generaciones de músicos.
La obra se presenta como una continuidad natural de su saga literaria —Qué es un long play (2015), Mientras otros duermen (2017) y Nunca es demasiado (2019)— y se despliega desde un punto simbólico: el cumpleaños 70 de Charly García, desde donde Samalea traza un recorrido reciente que incluye la pandemia, viajes y colaboraciones diversas.
Con una prosa que mezcla memoria minuciosa, humor y lirismo callejero, el autor construye una suerte de diario expandido donde el rock aparece menos como género que como forma de vida: una deriva constante entre lo íntimo y lo colectivo, siempre en tiempo presente.
El Rock de la buena leche
Tanto la presentación de Los Pericos el miércoles pasado como el show que dará La Portuaria el próximo miércoles se dan dentro del festivales solidarios El rock de la buena leche, organizados por la Subsecretaría de Cultura, junto al Banco de Alimentos de Mendoza.
El jueves 16 se presentaron Néctar 02, Toby Deltin y La Ilíada de Pope, con el cierre a cargo de Los Pericos.