Pilar García Santos. "No veo al libro como algo comercial: es un aporte al enriquecimiento del que lo lee"
Entrevista central. La dueña de la librería más tradicional de Mendoza ha recibido este año, en el 85° aniversario de su empresa, numerosos reconocimientos. Pero, si bien muchos conocen su tarea, no todos saben de su historia. La que, aquí, se anima a contar, en medio de una charla que se permite numerosas reflexiones.
Pilar García Santos, dueña de la librería García Santos, que este año está celebrando 85 años en Mendoza. Foto: Ramiro Gómez / Los Andes
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Pilar García Santos, dueña de la librería García Santos, que este año está celebrando 85 años en Mendoza. Foto: Ramiro Gómez / Los Andes
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Pilar García Santos, dueña de la librería García Santos, que este año está celebrando 85 años en Mendoza, en una foto de los años 90 en los que (a la derecha) aparece su padre. Junto a ellos, los escritores María Esther de Miguel y Luis Ricardo Casnati.
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Pilar García Santos, dueña de la librería García Santos, que este año está celebrando 85 años en Mendoza. Foto: Ramiro Gómez / Los Andes
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Pilar García Santos, dueña de la librería García Santos, que este año está celebrando 85 años en Mendoza. Foto: Ramiro Gómez / Los Andes
En la charla flota la idea, hasta que en un momento aterriza sobre el terreno de las palabras que conforman esta conversación. Es como eso que elucubran los escritores y se transforma de pronto en algo más que vaporosidad ideal, para hacerse físicamente sensible al imprimirse en un libro. La idea, en fin, la termina de expresar, con términos entre poéticos y sentimentales, la entrevistada, una librera que habla de su oficio: “No somos simplemente un comercio. No vendemos un producto, así sin más, sino una obra y parte del alma del que la escribe”.
Sí, hay un concepto ahí sobre el que la filosofía podría ahondar como una sonda sideral, pero si no queremos hundirnos, sabemos que mucho de cierto tiene esto que expresa Pilar García Santos, la dueña de la librería que lleva su apellido. Una librería es uno más de los muchos comercios de diversos ramos que puede haber en una ciudad, pero desde hace 85 años que ese comercio acerca a sus clientes no un producto —no sólo ese puñado de papel y tinta encuadernados— sino ideas, historias, polémicas, dibujos y palabras de esas que quizá lo cambien para siempre.
Pilar García Santos
Pilar García Santos, dueña de la librería García Santos, que este año está celebrando 85 años en Mendoza. Foto: Ramiro Gómez / Los Andes
Los 85 años de García Santos
Este año, Pilar ha recibido numerosos reconocimientos por su persistencia en ese afán de cambiar a sus clientes o acompañarlos con historias e ideas impresas. Y es que la librería es un verdadero emblema cultural de la ciudad y de la provincia toda, un lugar que sobrevive en este cuarto del siglo XXI con la esencia de sus inicios: ser una librería tradicional, en la que su propia dueña atiende, recomienda títulos; una librería que reúne actividad cultural, presentaciones de libros; una librería que representa una vía de difusión para autores locales que de pronto ponen sus portadas junto a la de las grandes editoriales.
Los reconocimientos (una distinción de la Legislatura Provincial; otra, de la Municipalidad de Capital; una tercera, del Gobierno de Mendoza) son la puerta de entrada a esta conversación en la que es sencillo descubrir que la librería no es solamente un ente abstracto, una persona jurídica que figura en los papeles. Es también Pilar García Santos, la heredera de los fundadores, y quien ha hecho seguramente honor a esa herencia no sólo dándole continuidad a la firma, sino haciendo lo mismo que los autores de los libros que vende: poniendo “su alma” en la tarea.
—Estás viviendo un año especial, lleno de reconocimientos por ser la cara visible de una librería de 85 años. ¿Qué representan esas distinciones para vos?
—La verdad que he recibido un montón de reconocimientos. El de la Legislatura es muy importante, porque ahí están todos los partidos políticos. Eso significa que no hemos hecho mal las cosas en estos 85 años. También tuvimos un reconocimiento de la gobernación de Alfredo Cornejo. Y también un reconocimiento de la Municipalidad por ser uno de los locales más antiguos. Para mí es una alegría, porque son muchos años de esfuerzo y de tratar de difundir la cultura en Mendoza. No sólo acercar material al público universitario y al lector general, sino tratar de ayudar a la gente que no está muy orientada en lo que quiere y servir de guía. Que uno le pueda recomendar un libro a alguien, que le guste y le sea útil, es algo especial para nosotros, en el sentido de que es una alegría esto de ser útil de esa manera. Dos o tres chicos que hicieron un doctorado nos agradecieron cuando fueron a defender la tesis por el apoyo que le habíamos hecho desde acá ,y el ser útil a los demás, más al nivel cultural, con lo importante que es, nos llena de alegría.
—Es que el tuyo es un comercio. Pero pareciera que no es lo mismo vender bulones que libros…
—Hace años atrás vino un gerente de una editorial de Buenos Aires y hablaba del “producto”, que era lo que vendíamos. Pero el libro no es sólo un producto, es la creación de una persona, y en la parte literaria, está el alma del que escribe. Es lo mismo que decir que un cuadro es un producto o una obra musical lo es. Pero para mí no es eso, sino una creación. Una no ve al libro sólo como una cuestión comercial, sino como un aporte para el enriquecimiento intelectual o espiritual del que lo lee.
—Durante 2024 fuiste una de las que alzó la voz por la gran crisis de las librerías. En medio de la caída de venta de libros se quería avanzar sobre la ley de fomento. ¿Cómo está actualmente esa situación?
—Hace bastantes años que se ve la crisis, algo que se evidencia en la cantidad de ejemplares que salen por edición. Antes, un best seller publicaba 15.000 ejemplares. Ahora son 5.000. Antes te mandaban 500 ejemplares de un nuevo libro, y ahora te mandan 50. Están editando mucha menos cantidad de ejemplares que antes. Creo que se explica por el lado del poder adquisitivo de la gente. Existe un interés en leer, pero no alcanza el dinero para comprar libros. Uno dice un precio, dice “35 o 40 mil pesos”, y aunque uno ofrece pago en cuotas, no alcanza, para algunos es mucho.
Pilar García Santos
Pilar García Santos, dueña de la librería García Santos, que este año está celebrando 85 años en Mendoza. Foto: Ramiro Gómez / Los Andes
—¿Eso pasa con todos los libros?
—No tanto. Noto que a nivel de libros infantiles, ahí no se limitan tanto a la hora de comprar libros. Cuando vienen a comprarles libros a los chicos, el comentario general que hacen es que lo hacen para sacar al chico del celular o de la computadora. Quieren que vuelvan a leer libros. Vienen para acabar con la adicción a las pantallas, a los jueguitos. Hay países como Suecia donde han sacado de las escuelas los celulares, como para que los chicos aprendan realmente a leer, y eso se hace con libros. Y si no aprenden a leer nuestros chicos, la Humanidad no va a seguir avanzando. La computadora te da todo hecho y eso es malo para la imaginación de los chicos, para la creatividad.
—Algunos pensarán que lo decís porque sos librera…
—No. Ya cuando empezó esto de internet, y se instauró, hace unos 25 años, salió un estudio de Italia que decía que los chicos que tenían acceso a la red no sabían resolver problemas nuevos del mismo modo de los que no tenían acceso. Eran más creativos los que no tenían internet. Yo creo que está bien el uso de la tecnología, pero de forma medida.
Su familia y la idea de formar una propia
—Viajemos al pasado. ¿Cuál es tu primer recuerdo de la librería? ¿Visitabas a tu abuelo o a tu padre y te ponías a jugar, entre los libros, o a leerlos?
—Eso era permanente. Veníamos siempre con mis hermanos a acompañar a mi papá o a mi abuelo. En el local viejo, de Rivadavia 55, había una habitación que era sólo para niños. Buscabas tu banquito para leer y eso hacíamos, además de que una tenía la ventaja de llevarse libros a casa. En Navidad veníamos a ayudar a papá, a hacer los paquetes de regalo. Esas eran nuestras primeras actividades en la librería. Pero estar ahí no sólo era estar entre libros, sino asistir a conversaciones interesantes de clientes que se ponían a hablar con mi padre o mi abuelo, con conversaciones de las que también se aprende. Uno aprende de los clientes. Y, modestamente, uno también puede ofrecer algo.
—¿Cómo estaba conformada tu familia?
—Somos cuatro hermanos: un varón, el mayor (Eugenio), y luego tres mujeres: María Teresita, María del Carmen y yo, la más chica, María del Pilar. Y, por supuesto, mi papá Antonio y mi mamá, María Lidia. Ella era ama de casa y devota de la Virgen. Nosotros vivíamos con mis abuelos paternos y mi madre se dedicó a la casa, a cuidarnos, a mañosearnos, y estaba pendiente de nuestra educación, de la comida…. Fue también muy lindo vivir con mis abuelos, el dueño de la librería, y mi abuelita. Eran españoles. Mi abuelo era un español muy simpático, él era muy lector, pero de literatura: novelas, poesía. Era un soñador. Mi padre era más realista.
Pilar García Santos
Pilar García Santos, dueña de la librería García Santos, que este año está celebrando 85 años en Mendoza, en una foto de los años 90 en los que (a la derecha) aparece su padre. Junto a ellos, los escritores María Esther de Miguel y Luis Ricardo Casnati.
—¿Hubo un momento en que pensaras tu vida fuera de la librería, con alguna carrera por ejemplo?
—Yo empecé a estudiar historia. Pero, al ser la menor, mi padre me necesitaba acá, como en la época de la venta de textos de curso, o como a fin de año, momentos de mucha actividad. Y justos esos eran los momentos en la facultad para rendir. Se hacía difícil, entonces. Podría haber seguido la carrera, pero decidí quedarme acá. Así estoy desde los 21 años. Me terminé convirtiendo en la seguidora de mi padre. Aprendí con él a manejar la librería. Y hace 25 años que la llevo yo directamente. Mis sobrinos a veces me han ayudado, pero actualmente no tengo a nadie de la familia acá, aunque siempre me ayudan, sobre todo en las ferias del libro. Pero ya está la otra tanda, los sobrinos nietos. Y espero que alguno de ellos tome la posta.
—Muchos sobrinos. En tu caso, ¿quisiste alguna vez conformar una familia?
—No se dieron las condiciones. No es que no quisiera, pero no se dieron las cosas. A veces se da y otras no. No es que decidiera quedarme soltera. Toda mujer espera siempre formar una familia y tener hijos, pero desgraciadamente no se dio.
—Pilar, nosotros fuimos vecinos en un tiempo y recuerdo haberte cruzado pocas veces fuera del recorrido que iba de tu casa, en la calle Salta, hasta la librería. ¿Siempre es así o te gustan otras cosas?
—(Risas). No, también salgo. Me gusta salir a conciertos, ir al cine, salir con amigos. He pasado muchas horas dentro de la librería, pero también he podido hacer muchas cosas afuera.
Un lugar de encuentro
—Volvamos a la librería. García Santos comenzó en calle Rivadavia, cerca de donde estaba la universidad que hizo llegar a tu familia a Mendoza. Luego se mudó a la vereda de enfrente y en 1995, al domicilio actual. ¿Recordás algún momento especial de plenitud, de furor, de esos en que la librería estuviera llena en todo momento?
—Nuestro país es de altibajos. Mi padre siempre decía que en la época de Onganía se vendía una barbaridad. Yo, cuando recién empezaba, tenía clientes habituales que a principios de mes te compraban seis o siete libros. Esa misma gente siguió viniendo, pero bajaron a tres libros, a dos o a uno... Porque fueron cambiando las cosas. El poder adquisitivo, sobre todo. Cuando nos cambiamos en 1995 a la calle San Martín también había mucho movimiento. Fueron como cuatro años de un auge grande de venta de libros. Después vino la crisis de 2001, que fue espantosa. Y después, desde 2005, tuvimos unos 10 años de muy buena venta, con gente permanente en las librerías. Y después bajaron las ventas, algo que también se vio en la caída de la cantidad de ejemplares editados. Y no es que nosotros no vendamos: todas las librerías venden menos. Ya lleva 10 años la caída. Ninguna librería del país vende la misma cantidad que antes.
Pilar García Santos
Pilar García Santos, dueña de la librería García Santos, que este año está celebrando 85 años en Mendoza. Foto: Ramiro Gómez / Los Andes
—¿La única razón es la caída del poder adquisitivo? ¿No cambiaron también los hábitos?
—Muchos creen que es por el libro digital, que es más barato, pero no es así. La gente que gusta de leer, prefiere el libro de papel. En la Argentina, el 62% de la gente lee, y de esa un 34% compra libro en papel y sólo un 4% el libro digital, según estadísticas que conozco y son de 2022. En España también. Siempre es el doble lo que se vende el papel, pero acá la diferencia es más grande. En nuestro ámbito creo que la gente lee lo relacionado a noticias, información y material científico, en digital. Y cuando lo hace por placer, cuando lee literatura, la lee en papel. Esa es la diferencia.
—¿Y recordás en tu experiencia furor por algún libro en particular? Ese libro que haya quedado como el más vendido de todos los que te tocó vender.
—Hay dos. Uno fue Robo para la corona, de Horacio Verbitsky, que salió en la época de Menem. Se vendieron 400 mil ejemplares en todo el país. Se agotaba. De diez personas que entraban, ocho te pedían ese libro. Y después pasó con el libro de Cristina Fernández, Sinceramente. Cuando se les agotaba, demoraban una semana en sacar la otra edición, y era una proporción enorme también. Los libros de autoayuda también se han vendido mucho. Además, los libros relacionados con las series, como pasó con El eternauta. Este dolor no es mío (de Mark Wolynn) estuvo dos años en Argentina como el más vendido. Cuando sale una entrevista en algún lado, eso influye: notas a Rolón, a López Rosetti, a Alconada Mon, hacen mover las ventas.
—García Santos no sólo vende libros, sino que organiza presentaciones y ha tenido clientes y amigos cercanos de renombre. ¿Qué figuras recordás que hayan tenido relación con la librería en estos 85 años?
—En la época de mi abuelo, todos los profesores españoles que venían de la Guerra Civil. Sánchez Albornoz, Canal Frau. Además, Julio Cortázar, que fue profesor. Ellos eran habituales de la librería y se formaban tertulias de charlas. Nosotros hacemos presentaciones de autores mendocinos para apoyar a la cultura local. Es para devolverle a la provincia lo que nos ha dado. En esta librería han estado Juan Draghi Lucero, Abelardo Arias, Víctor Delhez (que hizo una exposición de grabados). Un boom reciente fue la presentación de Mariana Enriquez. Ella quería firmar ejemplares en una librería, le recomendaron la nuestra y estuvo desde las 10 de la mañana hasta las 2 de la tarde firmando. La cola llegaba hasta la otra esquina. La que venía muy seguido como clienta era Liliana Bodoc. De ella guardo un recuerdo entrañable, porque nunca cambió su forma de ser. Era sumamente humilde, a pesar de su fama nacional e internacional. Otro que venía seguido era Carlos Alonso. También pasaron dos presidentes: Patricio Aylwin (de Chile) y Julio María Sanguinetti (Uruguay).
—Hay una amenaza constante, tanto económica como de costumbres, para la cultura del libro. ¿Vos creés que seguirá habiendo librerías como García Santos dentro de, por ejemplo, 15 años, cuando llegue el centenario?
—Esperemos. Yo creo que sí, porque la librería nuestra es tradicional. Y la gente que viene a veces lo hace por su antigüedad, por lo interesante de la visita, porque sienten cierta magia. Las cadenas de librerías son más para el best seller, para algo puntual. Pero la nuestra es un punto de encuentro de la gente, no sólo con el librero, sino a veces con alguien más. Cuando uno compra un libro por internet se pierde la recomendación que te da el librero. Una anécdota: cuando empezaron a salir los e-books, vino una señora para que le recomendase novelas. No me compró nada. Pero al irse, me dijo “ahora le digo a mi marido que la compre por ebook” (risas). Casi le digo: “Pedile entonces a la maquinita que te lo recomiende”. Bueno, ahora con la IA tal vez se lo puedan pedir a la maquinita. Pero seguro que no será lo mismo.
Los gustos esenciales de Pilar García Santos
Lugar preferido de Mendoza: La montaña, sin dudas. Potrerillos, por ejemplo. Me gusta mucho el aire de montaña.
Lugar preferido para ir de vacaciones: Europa. Aunque uno conozca, siempre te queda algo por conocer. He ido una sola vez, pero pude conocer bastante. Visitar museos, recorrer la parte histórica y todo el paseo por ciudades me encanta. No he ido nunca a Nueva York, que me dicen es fantástico, me gustaría ir.
Ritual preferido en los días de descanso: El domingo es mi único día. Y lo dedico a sentarme a leer o a escuchar música. Me gusta mucho la música clásica. Especialmente la ópera. Cuando estoy bajoneada, las arias me ayudan, curiosamente. La Boheme, La Traviata, me parecen fantásticas. Hay veces que hasta se me saltan las lágrimas con sólo escucharlas.
Autor o tu libro preferido: No puedo decir uno solo. En general me gustan las novelas históricas. Y si no, los clásicos, con los que uno no se equivoca nunca. Los rusos, los españoles y los franceses, en general.
Un gusto culposo: El chocolate. Es mi perdición, me mata. Prefiero el chocolate en barra, más que el helado. Pero de cualquier tipo: amargo, con leche, cualquiera. Cuando vienen los viajantes, para que los trate bien, me traen un chocolate. Así es mi fama.
Una cuenta pendiente: Tantas cosas… No sé cuándo me voy a jubilar, aunque ya debería haberlo hecho, pero me gustaría saber tomarme más tiempo para leer. También para viajar más. Todo es muy lindo cuando uno lo conoce a través de los libros, pero lo más lindo es ir a esos lugares de los que los libros te hablan.
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García Santos, una vida con los libros
María del Pilar García Santos es la responsable de la librería que lleva su apellido desde que se hizo cargo completamente de ella, hace 25 años, con la muerte de su padre, Antonio.
La historia de esa librería se confunde con la de su familia. Tal como hemos contado en estas páginas, A fines de los años 30, cuando recién se formaba la Universidad de Cuyo, el español Eugenio García Santos y su hijo, Antonio, llegaron a Mendoza para quedarse. Habían sido invitados por el rector, Edmundo Correas, ya que eran libreros de Madrid muy respetado y hacía falta una librería que proveyera a los estudiantes. El 8 de septiembre de 1840, en Rivadavia 55 de Ciudad (cerca de donde estaba por entonces la universidad) se abrió el primer local. En 1982 vino la primera mudanza, a la vereda de enfrente (Rivadavia 52) y hace 30 años, en 1995, pasaron a Avenida San Martín 921, donde se encuentran actualmente.
Pilar, la titular, es coqueta y no quiere revelar su edad. Pero dice que ya debería haberse jubilado y que está trabaja en la librería desde sus 21 años. No importa la cuenta: es, realmente, una vida con los libros. La suya y la de Mendoza toda.