12 de marzo de 2026 - 12:18

La mendocina Verónica Cangemi fue elogiada por su rol en una puesta de "Carmen", en Uruguay

La soprano mendocina se convirtió en el punto más alto de una función marcada por contrastes musicales y escénicos, en una producción del Sodre (Montevideo), donde también participaron Nancy Fabiola Herrera y Marcelo Álvarez bajo la dirección musical de Beatrice Venezi.

La reciente función de Carmen presentada en el Auditorio Nacional del Sodre Dra. Adela Reta (Montevideo, Uruguay) dejó una impresión marcada por los contrastes, pero también por una certeza: la actuación de la soprano mendocina Verónica Cangemi como Micaela terminó convirtiéndose en el punto más alto de la velada.

Tal como han destacado algunos artículos (entre ellos el del crítico Sosa Battaglia) su desempeño vocal y expresivo no sólo aportó equilibrio musical, sino que logró generar algunos de los momentos más celebrados por el público.

Cangemi y una gran interpretación

Dueña de una técnica depurada y de una musicalidad que evidencia su sólida formación en el repertorio belcantista, Cangemi ofreció una interpretación de gran refinamiento.

Desde su primera intervención dejó en claro la calidad de su línea de canto, con fraseos cuidados, pianos de gran calidad tímbrica y un control técnico que le permitió resolver con naturalidad las exigencias del rol. Uno de los momentos más destacados llegó cuando abandonó la escena sosteniendo una nota con impecable seguridad, demostrando dominio respiratorio y expresivo.

Sin embargo, fue su segunda aria la que terminó de consolidar su protagonismo artístico. Allí logró una interpretación intensa y sensible que despertó una inmediata respuesta del público, que premió su actuación con aplausos sostenidos. Su Micaela, tradicionalmente vista como un personaje lírico de menor peso dramático frente a Carmen, adquirió aquí una dimensión inesperada gracias a su solvencia vocal y su presencia escénica.

Otros roles destacados

En el rol protagónico, la mezzosoprano Nancy Fabiola Herrera ofreció una Carmen de fuerte impronta actoral. Su interpretación buscó construir un personaje convincente desde lo gestual y lo dramático, con una caracterización clara del temperamento libre y desafiante de la cigarrera sevillana. No obstante, desde el punto de vista vocal se percibieron algunas dificultades, particularmente en los agudos y en la proyección de ciertas frases que requieren mayor amplitud sonora y continuidad en el fiato.

El Don José del tenor Marcelo Álvarez aportó, por su parte, la experiencia de una extensa trayectoria internacional. Su interpretación mostró una identidad vocal reconocible y un fraseo elegante, especialmente en los pasajes más líricos del personaje. Si bien en algunos momentos pudieron advertirse signos naturales del paso del tiempo en un rol de gran exigencia, su presencia escénica y su oficio interpretativo le permitieron sostener con dignidad su participación, con especial relieve en el desenlace dramático de la obra.

El barítono César Méndez Silvagnoli asumió el papel de Escamillo con corrección musical y solvencia escénica, aunque sin alcanzar en todos los pasajes el volumen o el brillo que suele asociarse a este personaje. Entre los roles secundarios también se destacaron Cristian De Marco como Zúñiga, con una emisión firme, y Felipe Carelli como Morales, quien resolvió su intervención con buena proyección y claridad expresiva.

Desde el punto de vista escénico, la propuesta del régisseur Emilio Sagi presentó una concepción visual de carácter simbólico y atemporal, dominada por una superficie rojiza que evocaba la arena de una plaza de toros. Sin embargo, esta decisión estética no siempre favoreció la dinámica teatral ni el desplazamiento de los artistas, generando algunas limitaciones en la fluidez de las escenas. La dirección actoral, por momentos, pareció priorizar la composición visual por sobre el desarrollo dramático de las situaciones.

Carmen Sodre
Un momento de la puesta de Carmen en el Sodre (Montevideo, Uruguay, 2026).

Un momento de la puesta de Carmen en el Sodre (Montevideo, Uruguay, 2026).

Un aspecto llamativo fue la inclusión de segmentos coreográficos de flamenco, cuyo impacto se vio reducido por las condiciones del propio dispositivo escénico, que dificultaba el despliegue rítmico característico de ese lenguaje de danza.

En el plano musical, la directora italiana Beatrice Venezi condujo a la Orquesta Filarmónica de Montevideo con una lectura de marcada intención dramática, particularmente lograda en los pasajes más introspectivos y en los grandes conjuntos. Su interpretación buscó resaltar los contrastes emocionales de la partitura de Bizet, con especial atención a los climas trágicos del tramo final de la obra. No obstante, algunos desajustes en la sección de metales y percusión afectaron parcialmente el resultado general.

Los coros del Sodre, tanto el estable como el infantil, cumplieron con solvencia sus intervenciones musicales, aunque en lo escénico se percibieron ciertos desajustes en la coordinación de movimientos y entradas.

En conjunto, esta Carmen ofreció momentos de indudable valor musical junto a decisiones discutibles en lo escénico. En ese marco heterogéneo, la Micaela de Verónica Cangemi emergió como la interpretación más lograda de la noche, dejando una huella artística clara en una producción que, por sus nombres y expectativas, aspiraba a un resultado más homogéneo.

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