29 de noviembre de 2025 - 00:25

El imponente mausoleo masónico de Domingo Faustino Sarmiento en la Recoleta

La obra, diseñada por el prócer sanjuanino, combina obeliscos, cadenas y un cóndor andino que resume su legado y su visión del país.

En esta nueva entrega de historias funerarias, nos detenemos frente a uno de los monumentos más singulares y cargados de simbolismo del Cementerio de la Recoleta: el mausoleo de Domingo Faustino Sarmiento. Declarado sepulcro histórico nacional en 1946. Una pieza monumental diseñada por él mismo, que condensa ideas políticas, obsesiones estéticas y un profundo lenguaje masónico.

El conjunto se reconoce a distancia por su esbelto obelisco, una forma que Sarmiento eligió deliberadamente por su significado simbólico. En la tradición masónica, el obelisco alude a la resurrección, la vitalidad y la energía masculina, y retoma su origen egipcio como monumento solar y sagrado. Coronándolo, un cóndor andino de bronce sostiene un ejemplar del Facundo: un guiño directo a su identidad cuyana y a la obra que marcó su vida intelectual.

El autor del conjunto escultórico fue Victor de Pol, artista italiano radicado en Buenos Aires, responsable también de la cuadriga que corona el Congreso Nacional y de los célebres smilodontes que custodian la entrada del Museo de La Plata. Fue él mismo quien modeló el busto de Sarmiento “dal vero”, trabajando frente al homenajeado en su casa —la actual Casa de San Juan en Buenos Aires—. El expresidente llegó a ver la obra terminada poco antes de morir y, según cuentan, le tenía un aprecio especial.

Las ideas no se matan tampoco en el cementerio

El basamento del obelisco está adornado con dos bajorrelieves en bronce, también obra de De Pol. En la cara posterior aparece una síntesis perfecta del ideario sarmientino: una escena pedagógica en la que conviven cinco varones y tres niñas. Esa mezcla deliberada de sexos habla de la democratización de la educación y de la escolarización femenina, una causa que Sarmiento promovió con fervor.

En la esquina superior derecha, una inscripción sorprendente: on ne tue point les idées (“las ideas no se matan”). Sarmiento la escribió como un grafiti improvisado en los baños del Zonda, antes de partir al exilio chileno. A los pies del maestro se distingue un niño descalzo, señal inequívoca de su origen humilde. Allí está, simbólicamente, la misión educativa que abrazó.

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Hermes y la América libre: el bajorrelieve frontal

En la cara principal del monumento se lee otra frase del sanjuanino, tomada de una carta a Saldías:

Una América toda, asilo de los dioses todos, con lengua, tierra y ríos libres para todos”.

La figura central no es él, sino un Mercurio (Hermes) alado, observando la naturaleza. No es casual: Sarmiento escribió por años en El Mercurio de Chile, plataforma que lo proyectó políticamente. Pero, además, el Hermes griego tiene un significado masónico profundo: custodio de saberes ocultos, símbolo de la búsqueda de conocimiento y de la transmisión hermética.

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Las cadenas y la fraternidad

Las enormes cadenas de hierro que rodean el monumento suelen interpretarse como alegorías de opresión, pero en el universo masónico significan lo contrario: la unión fraterna, donde cada eslabón representa a un individuo indispensable en la construcción de una humanidad mejor. En rituales como la “cadena de unión”, el símbolo expresa solidaridad y continuidad histórica.

Sarmiento mandó traer esas macetas con cadenas desde Francia, un detalle que subraya su intención simbólica.

El piso ajedrezado: caminar entre la luz y la sombra

Bajo el obelisco, casi inadvertido para quien pasa sin detenerse, se extiende un piso ajedrezado en blanco y negro: uno de los emblemas más reconocibles de la masonería. Representa la dualidad de la existencia —vida y muerte, bien y mal, luz y oscuridad— y recuerda al iniciado que la sabiduría consiste en caminar con equilibrio entre esos opuestos.

Cada mosaico es distinto, pero todos forman un diseño armónico: así, el pavimento evidencia la idea masónica de una humanidad diversa, pero unida por un propósito universal.

El mausoleo de Sarmiento no es simplemente una tumba. Es un manifiesto tallado en piedra y bronce: una autobiografía simbólica que condensa sus luchas políticas, su fe en la educación y su adhesión a la masonería. Como ocurre con los grandes monumentos funerarios, su verdadero lenguaje no está escrito con palabras, sino con símbolos que aún hoy siguen hablando.

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