POEMA 1
El autor mendocino comparte con los lectores de Los Andes tres de sus poemas, que tratan el tema de la soledad.
POEMA 1
La voz silenciosa
Siempre estás a mi lado.
Pendiente. Expectante. Presta para acompañarme.
Soledad.
Con tu voz silenciosa y tu abrazo que aturde.
De nuevo te veo,
como en aquellas viejas épocas de rumbos inciertos,
como en esas tormentas de verano que dejaba que mojaran mi cara.
Y caminaba escuchando mis propios pasos en el agua,
al ritmo de mi tristeza.
Nada ha cambiado.
Ese niño que creció sin hermanos se acostumbró a tu voz,
el que tocaba la guitarra sentado en el piso durante horas,
el que miraba por la ventana a otros niños jugar,
el que inventaba juegos de a dos
y ocupaba los dos turnos.
Hoy siento que me mira,
y que me aprueba todo lo que hice para no sentirme solo.
Es mi vida...
Todo esto ha sido mi vida:
un permanente juego de acciones para esquivarte,
para que no estés tan cerca,
porque se me humedecen los ojos y se me cierra la garganta
al pensar que vamos a caminar juntos de nuevo.
Me alivia saber que estoy más fuerte.
Me da esperanza sentir mis latidos en el cuerpo.
Me calma mirar las fotos de mis hijas
que me muestran todo lo que valió la pena transitar.
Así que dale.
Sentate.
Aquí.
Al lado mío.
Que se hizo un nuevo lugar.
POEMA 2
Huellas en mi hombro
La mirada silenciosa que escudriña mis movimientos me atrapa.
Una rara combinación de nostalgia y aceptación.
Son esos ojos de madre,
que seguían los renglones cuando yo,
con mi voz lenta y entusiasmada, intentaba terminar la frase,
dándole sentido a esas líneas que parecían hormigas.
¡Cuánto ha pasado!
Cuántas escenas que hoy vienen a mi sonrisa
y terminan en un suspiro interminable.
¿Se habrá dado cuenta que fingía dormir
cuando venía sigilosa, a darme un beso de las buenas noches?
¿Habrá sabido que en algunas discusiones que tenía con mi papá,
con la puerta cerrada, yo estaba con el corazón partido detrás,
en el silencio oscuro de una noche triste?
Yo tampoco la vi llorar,
me llevó décadas darme cuenta de sus valentías secretas.
La vi despedir a mi hermana que partió tan joven,
con un desgarro contenido, silencioso, abrumador,
con su mano en mi hombro izquierdo,
que dejó una huella marcada para siempre.
Hoy a los ochenta años, la veo frágil,
pero con el amor intacto, el alma entera
y con su mano siempre sobre la mía.
Como pasó siempre.
POEMA 3
Dos horas más, o tres
Voy al baño y dejo la puerta abierta.
Vivo solo.
Muchas veces, antes de dormir me digo: -buenas noches, a mí mismo.
Y me contesta el eco de mi pensamiento.
Duermo siestas con la ropa puesta,
o miro tele hasta quedarme dormido.
Con la luz prendida, que apagaré somnoliento en la madrugada.
Vivo solo.
Es una elección que me permite disfrutar la vida,
me digo cuando me siento fuerte.
Es temporal, hasta que aparezca alguien,
me aliento otras tantas veces.
Me acostumbré a hablarme,
a tener largas conversaciones conmigo, en voz alta,
mientras cocino, con mi único interlocutor que mueve la cola
y está atento a mis palabras, a mis lágrimas y a posibles restos de comida,
y de optimismos.
Me acostumbré a un silencio que cambia,
que a veces me sonríe y me contagia la risa con recuerdos.
Otras veces está serio, sigiloso. Sin querer interrupciones de otros silencios.
Le temo en esos momentos.
O temo que me descubra queriendo ser lo que quiero,
desnudando este ser frágil, temporal, me miento,
que solo quiere sentir la protección de los recuerdos.
"¡Qué bueno vivir solo!",
me dicen en reuniones interminables, salpicadas de risas y anécdotas innecesarias.
Me lo dicen sonriendo, abrazados a sus parejas,
con quienes estarán hablando de mí, de este momento,
en dos horas más, o tres.
No se pondrán de acuerdo si me ven mal o bien.
Si estaba mejor antes o estoy mejor ahora,
solo.
Un vértigo frio recorrerá sus corazones, imaginando que sea cierto lo segundo.
Y se dirán: "hasta mañana".
Y apagarán la luz.
Mientras la mía seguirá encendida,
dos horas más, o tres.
Walter Alemán (Wallas). 1964. Autor mendocino cuya búsqueda literaria se centra en la introspección cotidiana y los vínculos que definen nuestra identidad.
Su primera experiencia literaria vio la luz con "El encanto de lo simple", una recopilación de poesías en forma de prosa, editado en el 2025.
Con una voz que transita la nostalgia y la observación cruda y simple, de la cotidianeidad moderna, sus textos proponen un recorrido por las conexiones humanas y los espacios que habitamos en silencio.
En esta selección para Los Andes, se explora el aprendizaje de la soledad desde la infancia hasta la madurez, bajo la premisa, simple, de que siempre hay un lugar nuevo para lo que fuimos.