22 de junio de 2026 - 16:12

A cinco años de la muerte de Juan Forn, un libro recupera sus mejores perfiles

Emecé reedita "La tierra elegida", libro que reúne algunos de los mejores textos de Juan Forn, quien falleció en 2021. Cuenta con prólogo de Mariana Enríquez.

Cinco años después de la muerte de Juan Forn, la editorial Emecé vuelve a poner en circulación uno de los libros que mejor condensan su manera de leer el mundo. "La tierra elegida", publicado originalmente en 2017 y concebido por el propio autor como una selección de sus perfiles más representativos, regresa en una edición homenaje que inaugura un nuevo diálogo con su obra: incorpora un prólogo inédito de Mariana Enriquez, una nueva portada y pasa a integrar la Biblioteca Juan Forn, el proyecto editorial destinado a preservar y difundir el legado de uno de los escritores, traductores y editores fundamentales de la literatura argentina contemporánea.

La reedición coincide con el quinto aniversario de la muerte de Forn, ocurrida el 20 de junio de 2021 en Mar de las Pampas, el paisaje costero que eligió para vivir durante sus últimos años y que terminó convirtiéndose en una extensión de su universo literario.

Lejos de ser una simple recopilación, "La tierra elegida" puede leerse como una cartografía de las obsesiones de Forn. El volumen reúne perfiles provenientes de dos libros anteriores —"La tierra elegida" (2005) y "Ningún hombre es una isla" (2010), cuyo título remite al célebre poema de John Donne— y ofrece un recorrido por algunas de las figuras que marcaron la cultura del siglo XX. Fernando Pessoa, Hunter S. Thompson, Joseph Brodsky, León Ferrari, Vladimir Nabokov, Bruno Bettelheim, Mark Rothko, Isaac Babel, Miguel Briante, John Berger, Sándor Márai, Yasunari Kawabata y Gabriel García Márquez aparecen aquí no como personajes cristalizados por la historia, sino como vidas atravesadas por contradicciones, decisiones, accidentes y revelaciones.

Esa fue, precisamente, una de las mayores virtudes de la escritura de Forn: convertir la biografía en un género narrativo donde la investigación convivía con la sensibilidad literaria. Sus perfiles nunca buscaron la exhaustividad académica; preferían iluminar un instante, una escena o una paradoja capaz de explicar una existencia entera.

El texto que abre esta nueva edición pertenece a Mariana Enriquez y funciona tanto como homenaje como testimonio personal. Bajo el título "Bellas ficciones reales", la escritora reconstruye el vínculo que mantuvo con Forn desde mediados de los años noventa, cuando él decidió apostar por una joven autora desconocida y publicó "Bajar es lo peor", la primera novela de Enriquez, en una colección que dirigía para Espasa Calpe.

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En ese recorrido aparece uno de los retratos más íntimos del editor. “La oficina de Juan Forn en editorial Planeta, durante los años 90, era como un pequeño submarino. Afuera siempre era de noche o bien nunca se abrían las ventanas. O no tenía ventanas. O no recuerdo ninguna luz. Como una cueva de detective privado bogartiano, un espacio lleno de papeles, manuscritos anillados y humo de cigarrillo en un edificio de la gran ciudad”.

Enriquez también evoca los días en que ambos trabajaban sobre la corrección de aquella primera novela y recuerda un episodio que, con el paso del tiempo, adquirió un sentido inesperado. Mientras terminaba el manuscrito en Mar del Plata, caminaba por la costa durante el invierno sin imaginar que ese paisaje terminaría siendo el refugio definitivo de Forn.

Quedaba sobre la avenida Independencia, una de las más desangeladas de Buenos Aires, especialmente en ese tramo cercano a la 9 de Julio. Con Juan edité ahí, en esa covacha, mi primera novela. Él contó muchas veces aquellos días, yo también. Algo que no dijimos con tanta frecuencia es que, para darle un empujón final a la corrección, me fui a Mar del Plata, al departamento de una chica que era mi amiga entonces y ahora no lo es más, y ahí terminé la novela, entre caminatas a la casa de verano de Silvina Ocampo y Bioy Casares, que entonces estaba abandonada y era para mí una proto ruina gótica. Estar cerca del mar en invierno no me dio una disciplina ni una inspiración particular, yo tenía apenas veinte años y nunca hablamos con Juan acerca de la costa en invierno, el paisaje que años después sería su tierra elegida”.

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