13 de junio de 2026 - 15:51

40 años sin Borges: Entre San Rafael y Venecia, dos laberintos en el espejo

Existen solo dos laberintos "Borges" en el mundo: en Mendoza y Venecia. Diseñados por Randoll Coate, dialogan con entornos distintos y confirman la universalidad del escritor. Son, al mismo tiempo, homenaje, símbolo y metáfora hecha paisaje.

Hay que ir a San Rafael, tomar la Avenida Alberdi, que luego se convierte en la Ruta Provincial 165 y desviarse por la calle Bombal 500 metros para llegar al corazón borgeano de Mendoza. La Finca Los Álamos alberga, desde 2003, un laberinto en su nombre. Borges nunca imaginó un homenaje así en tierras de su amiga Susana Bombal.

La idea de construirlo surgió hacia 1979, cuando el excéntrico diplomático Randoll Coate le dirigió una carta a la escritora, comentándole que había soñado un laberinto. "No sé si será en San Isidro o Recoleta, pero en el sueño estabas vos", apuntó.

Un sobrino de Bombal, Camilo Aldao, retomó el proyecto tras su muerte en 1990, aunque costó que el plan prosperara en Buenos Aires. Sin embargo, sí lo hizo en San Rafael, en esa finca donde "Georgie", según los diarios de Bioy Casares recopilados en el fascinante y oprobioso "Borges" (Destino, 2006), había pasado siestas calurosas oyendo a Susana Bombal rezar.

En 2003 Kodama plantó el boj inaugural, de los más de 800 mil que componen el diseño, que se extiende por casi 9 mil metros cuadrados. En el diseño se leen dos "Borges" espejados. Pero, con un poco de esmero, el cerebral juego de jardinería se expande y revela un bastón, las iniciales de María Kodama y hasta el propio nombre del escritor, entre otros homenajes ocultos... Luego, una hilera de álamos corta el horizonte.

Esos álamos se levantan esbeltos, al igual que los venerables cipreses que rodean el otro laberinto "Borges" que existe en el mundo: el que duerme (o mejor dicho, se esconde) en el antiguo monasterio de San Giorgio Maggiore, en la caliginosa laguna veneciana.

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El laberinto Borges veneciano se encuentra en la isla de San Giorgio Maggiore. 

El laberinto Borges veneciano se encuentra en la isla de San Giorgio Maggiore.

Inaugurado en 2011 por la Fundación Giorgio Cini, y también con la "venia" de María Kodama, es considerablemente más pequeño (unos 2.300 metros cuadrados) y está oportunamente protegido de la masa de turistas: pocos saben que, a un rápido "vaporetto" de San Marco, existe tal gema misteriosa.

Borges adoraba Venecia. La consideraba, y con justa razón, en sí misma un laberinto de callejones y canales. También le traía recuerdos de un viaje en su juventud, una "escapada" desde Ginebra, en la que había recorrido el norte de Italia junto a su familia. Luego volvió varias veces, siempre acompañado por Kodama, como lo documentó por ejemplo Abel Posse en "Vivir Venecia" (sus crónicas de cuando fue cónsul argentino en La Serenissima).

Aunque fuese por simple analogía, Borges podría haber previsto un hipotético laberinto dentro del laberinto. “Quiero laureles verdes, reales, vivos, no esos de oro o metal”, había dicho en una entrevista en 1984.

En ese ámbito monacal, el diseño de Coate no desentona. Pese a ser el único laberinto de Venecia, está inserto en una historia cultural donde las estructuras de boj, desde el Renacimiento, son el camino hacia la elevación espiritual. Al ver este "Borges" espejado se nos vienen a la mente las geometrías de los jardines italianos, donde suele haber más símbolos que flores.

Pero bajo el sol mendocino, es otra la historia. El mismo laberinto produce otro efecto. Con una copa de vino en la mano, el paisaje rural, el aire seco y la luz diáfana producen una sensación de irrealidad difícil de explicar. Y es imposible no recordar que este laberinto está en el desierto, y los desiertos, como Borges postuló en un breve cuento de "El Aleph", no son más que otras formas de laberintos.

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