22 de febrero de 2013 - 00:22

Cultura y desarrollo económico

La discusión entre “crecimiento económico y desarrollo” ha sido ya superada por amplia derrota del primero, que reducía a una cuenta algebraica (PBI) el nivel de vida de los pueblos, sin considerar su sustentabilidad social ni ecológica, como tampoco la distribución del PBI, ni su calidad de vida. Superado eso, ahora se ha impuesto en el mundo entero la concepción de la cultura como insumo, como elemento central para lograr un desarrollo humano.

Los conocidos trabajos de Kliksberg y Tomasini enfatizan lo que después fue tomado por el BID y Banco Mundial en cuanto al aporte del capital social y cultural en una comunidad como elemento facilitador de los procesos de desarrollo de las naciones y los pueblos. El capital social, en tanto nivel de organización de la comunidad; el capital cultural como dotador de sentido y portador de los valores que guían a este proceso.

El recientemente fallecido Albert Hirschmann (precursor de la necesidad de la transdisciplinariedad en los estudios del hombre y la sociedad, particularmente los económicos), recalcaba “la voluntad de desarrollarse” como requisito para encarar con éxito procesos de esta naturaleza.

Después del informe del Banco Mundial de 1994, nadie discutía que más importante que los recursos naturales es el capital construido en infraestructura, el nivel educativo, la capacitación y estado sanitario de la población; la dotación de tecnología (todos elementos destacables)... el capital social y cultural era el elemento que aceleraba y consolidaba la adquisición de una mejor calidad de vida para los seres humanos viviendo en comunidad, sin perjudicar a las futuras generaciones. De igual modo, Aldo Ferrer se inscribe en este pensamiento con su concepto de “densidad nacional”.

No se concibe hoy desarrollo económico sin inclusión social respondiendo a los cuestionamientos que Roberto Castel formulara como la “nueva cuestión social”, o sea la capacidad de una sociedad de incluir a todos sus miembros. Todos los autores además hacen hincapié en el aporte de esta industria al desarrollo local y al fortalecimiento de la identidad cultural, en una sociedad globalizada.

Las industrias culturales

Las sociedades han sufrido tal proceso de transformación en sus aspectos productivos, sociales, institucionales y culturales, influenciadas por cómo el peso relativo de los distintos sectores viene alterándose a lo largo del tiempo.

Sólo basta como referencia considerar que hoy, en EEUU, las industrias culturales (incluyendo desde Hollywood, a los videojuegos, pasando por la prensa y la gráfica) emplean más gente que la industria automotriz y siderúrgica sumadas.

En ocasión de una gira promocional por el País Vasco, desde ProMendoza con el entonces gobernador Arturo Lafalla, mantuvimos una reunión con el Presidente (Lehendakary) Ardanza quien, entre otras cosas, nos comentó sobre su decisión de constituirse en sede del Museo Guggenheim, concretada en Bilbao.

En aquel entonces recibió muchas críticas por el alto monto de la inversión (más de doscientos millones de dólares). Sin embargo, nos explicó que en la evaluación del proyecto consideraban un recupero, vía el incremental de desarrollo turístico, en cuatro años. La inversión se recuperó en menos de dos años, basando su decisión ante la pérdida de competitividad de la industria naviera y pesquera vasca por la incorporación de España a la Unión Europea.

El gobierno francés se propone hoy una actividad similar, instalando una sucursal del Louvre en la que se exponen piezas de Miguel Ángel, Rafael, Fra Angelico, Tiziano o Tintoretto. Para la ciudad de Lens, este Louvre es un motivo de orgullo y de esperanza luego de numerosos capítulos negros en su historia, la devastación tras las dos guerras mundiales, la desindustrialización, la pobreza. Con este museo, inaugurado por el Presidente Hollande, Lens espera activar el crecimiento, el progreso y, por qué no, ser en el futuro una capital cultural.

En otro orden, pero similar, Mendoza le ganó a Tucumán la plaza de Subsede del Mundial 1978, entre otras consideraciones, por la fundamentación que el entonces Secretario Tangelson (1975) hizo en términos de impacto sobre la mano de obra y el turismo de las obras a realizarse, particularmente con la construcción del estadio. Ojalá el espacio cultural Le Parc contribuya significativamente a este desarrollo como el auditorio Bustelo supuso un hito en cuanto a convenciones.

Es casi redundante remarcar el significado económico de la Fiesta de la Vendimia en cuanto a ingresos y generación de puestos de trabajo. Lo mismo con el Carnaval de Gualeguaychú, el Festival de Cine en Mar del Plata y otros importantes eventos movilizadores del turismo cultural.

Es sustancial el aporte de Octavio Getino en “El capital de la cultura: Las industrias culturales en Argentina” (2008) que, con la mirada regional de Ozollo y Repetur entre otros, tuvo la virtud de poner en valor lo que yacía bajo la superficie: las industrias culturales en Argentina producen por año casi más que todo lo que se produce en la Provincia de Mendoza y generan el 3% del empleo total en la Argentina.

La Dirección Nacional de Industrias Culturales ha generado un equipo que se denomina Sinca (Sistema de Información Cultural de la Argentina) que intenta cuantificar la contribución regional, nacional y provincial de estas industrias al producto bruto, al empleo y al comercio exterior.

Entiende que Cultura es, en un sentido amplio, aquello que “abarca los rasgos, creencias, convenciones, formas de convivencia, costumbres, imaginarios, sistemas de valores y prácticas simbólicas colectivas e individuales que prevalecen en un grupo” (adoptado por el Convenio Andrés Bello en toda América Latina). Para darnos una idea de su magnitud, basta recorrer sus componentes: Editorial, Audiovisual (Industria Cinematográfica, Industria de la Televisión), Fonográfico (Industria Discográfica, Radio), Multimedia, Artes Visuales y Escénicas, Turismo Cultural y Deportes.

Todos los países del mundo, particularmente los de América Latina, desarrollan políticas públicas que impulsan y sostienen estas actividades.

El legado de Manuel Belgrano, al inaugurar el Consulado de Buenos Aires el 2 de Junio de 1794, afirmaba: “No hay objeto más digno de la atención del hombre que la felicidad de sus semejantes”.

LAS MAS LEIDAS