En la provincia de Mendoza desde hace muchos años se ha dejado de cuidar el arbolado en forma generalizada. Hoy parece que sólo es obligación de alguna repartición pública o de algún sector de una comuna o preocupación de algunas fundaciones u ONG.
En la provincia de Mendoza desde hace muchos años se ha dejado de cuidar el arbolado en forma generalizada. Hoy parece que sólo es obligación de alguna repartición pública o de algún sector de una comuna o preocupación de algunas fundaciones u ONG.
Quizás parece no concernirnos porque cada vez formamos parte mayoritariamente de comunidades urbanas, más ignorantes, en general, de la naturaleza de la que somos parte. Sin embargo nuestra falta de relación con lo que nos rodea y nos afecta indica que, justamente, a quienes vivimos en ciudades los árboles debieran importarnos mucho más.
Recordemos que en las hojas de cada árbol se produce permanentemente un proceso de evaporación de agua para mantener la planta a una temperatura inferior a la del medio circundante. Esto en pleno verano convierte a cada árbol en un acondicionador de aire, inigualable, porque no consume nuestra energía eléctrica, entre otras ventajas, mientras baja notablemente la temperatura circundante.
Esto es de suma importancia para nuestras ciudades que se han constituido en peligrosas islas de calor, las cuales para atemperar ese efecto deberían contar con, al menos, 9 metros cuadrados de vegetación por cada habitante, situación de la que estamos sumamente lejos de cumplir.
Es importante recordar que el 90% del agua que ingresa a las raíces de cada árbol es exhalado por la planta como vapor de agua. La temperatura en la superficie de la hoja llega a estar entre 10 y 15 grados por debajo de la del ambiente circundante.
También, en la medida que nos hemos transformado en una población cada vez más urbana, hemos ido perdiendo la noción de cómo se alimenta una planta y de cuáles son las condiciones para que se desarrolle adecuadamente.
A juzgar por las evidencias observables paso a paso por nuestras ciudades, la población de Mendoza y su dirigencia, parecen, en general, haberse embarcado en una especie de guerra contra el arbolado en la que las armas más importantes son la ignorancia, la estupidez, la indiferencia y la soberbia.
Con esa gran practicidad de que hace gala nuestro ciudadano "moderno", se ha "decidido"(?) que el arbolado puede arreglárselas sin agua, por lo tanto las acequias no la llevan casi nunca y el fondo de las mismas está siempre prolijamente hormigonado, de tal manera que si algunas gotas escurrieran, por allí nunca se podrían infiltrar hasta las raíces de estos pobres condenados.
En línea con ese pensamiento "evolucionado" tampoco se necesita tierra y así podemos ver a grandes árboles ceñidos hasta el estrangulamiento por veredas, prolijamente hormigonadas también.
Generalmente se acuerdan del arbolado sólo cuando alguna rama cae sobre un bien económico o sobre la humanidad de algún ciudadano, de entre los miles que no lo auxiliaron para que sus ramas estuvieran sanas y fuertes.
Resumidamente propongo una serie de medidas urgentes para cuidar el arbolado público en la Provincia de Mendoza:
1.
Declarar al arbolado público de interés ambiental básico en toda la provincia e implementar una serie de acciones a aplicar en el corto, mediano y largo plazo. Haciendo cumplir a rajatabla toda la legislación existente respectiva.
2.
Dado que el agua no se distribuye ni se conduce por sí sola, implementar nuevamente el sistema de tomeros o distribuidores del agua de riego, bajo dependencia de los municipios respectivos y colaboración de consejos vecinales. Consideremos que estos sueldos no serían un gasto más, sino una verdadera inversión y debería ser realizado por personal responsable y muy consciente de la importancia del servicio público que presta.
De la misma manera debería implementarse un servicio municipal de cuidado permanente del arbolado y espacios verdes, con personal capacitado específicamente. Ambas tareas podrían financiarse con aumento de la tasa de servicios municipales fundamentado en un plan integral a largo plazo de cuidado del arbolado y espacios verdes, monitoreado por los vecinos.
3.
Producir el cribado del fondo de las acequias a una distancia de 1 metro aguas arriba de cada árbol. Dicho cribado (o agujereado) no debería medir menos de 0,70 m de largo y tendría que cubrir todo el fondo de la acequia en ese sector, de manera tal que todo drenaje -ya sea originado por riego o por drenaje de precipitaciones o por vertidos de jardines y desagües pluviales domiciliarios, entre otros- pueda llegar a las raíces de cada árbol, a una profundidad adecuada que ayude también a un mejor anclaje del especimen.
4.
Implementar diversas alternativas de riego por goteo directo para cada árbol:
a) A partir de cisternas en las casas o departamentos de frentistas. Las cisternas serían alimentadas por aguas de lluvias recogidas desde los techos y/o por aguas de reuso no contaminadas.
b) A partir de grandes cisternas barriales ubicadas bajo las plazas llenadas con el escurrimiento de grandes lluvias.
5.
Aumentar la superficie de suelo descubierto (convenientemente ocupada por gramilla, césped, etc) a no menos de 2 m2 junto a cada árbol. Procurar que la ubicación de tales espacios, así como los sistemas de goteo, se ubiquen en la dirección en que las raíces provean un mejor anclaje al árbol, teniendo en cuenta las direcciones de vientos predominantes.
6.
Cultivar un árbol cada 5 metros de frente de cada propiedad. Cumplir con los 9 metros cuadrados de vegetación (en buen estado) por habitante de cada ciudad, como indica la Organización Mundial de la Salud (OMS).
7.
Implementar una campaña permanente de difusión y enseñanza de la importancia del cuidado del arbolado público en espacios escolares de todos los niveles, en universidades, en centros barriales y oficinas públicas.