Los doce meses que transcurren en 1973 parecieron condensar todas las contradicciones argentinas de las décadas precedentes. No solo se sucedieron cuatro presidentes con orígenes, estilos e intenciones diferentes, sino que lo hicieron en un clima en el que la violencia militante cruzaba a la euforia popular.
En el '73 florecieron mil ilusiones, más abonadas con equívocos que con coincidencias. Partida de ajedrez o juego de dados, el enfrentamiento Perón- Lanusse desembocó en el triunfo deHéctor Cámpora del 11 de marzo de 1973 y su posterior asunción el 25 de mayo de ese año.
Todo esto comenzó cuando el presidente de facto Alejandro Lanusse buscó una salida institucional al gobierno autoritario de la Revolución Argentina para principios de 1973. La única salida que era posible estaba dada por insertar al peronismo en el juego democrático. De nada había servido lo ideado por la Revolución Libertadora (1955-1958), sino para generar un clima de inestabilidad social horrendo.
Para ello los dos generales debían ponerse de acuerdo. En ese sentido Lanusse comenzó su acercamiento devolviendo a Perón su rango militar, los sueldos atrasados, la devolución del cadáver de Eva, etc. A cambio pedía la venia de Perón para ser el presidente de la transición. Perón esto último no lo aceptó.
En medio de todo, estaba el Gran Acuerdo Nacional (GAN), ideado por Lanusse donde los partidos políticos se pondrían de acuerdo para llevar adelante la transición. Era el año 1972 y no todo era flores para el presidente de facto. Ese año fue uno de los más brutales en hechos violentos.
El grupo peronista Montoneros, que había hecho su carta de presentación con el secuestro y posterior asesinato de Aramburu, y el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) de tendencia trotskista, eran los grupos subversivos más importantes. A ellos se les atribuía la mayor cantidad de acciones. Para ellos el GAN era una farsa planificada por los militares con la única intención de perpetuarse en el poder. Ante esta opinión respondían con su propuesta violenta de atentados y asesinatos.
Para Lanusse la reinserción política del peronismo, además de lo señalado, servía para evitar que se convirtiera en la puerta de entrada a la radicalización definitiva del país. Por ello utilizó todos los medios disponibles para conversar y convencer al líder peronista exiliado en Madrid.
El radicalismo por su lado tomó la delantera en la apertura política y realizó las primeras elecciones partidarias desde 1966. Se enfrentaron en Buenos Aires, Balbín y Alfonsín. El triunfo del primero le permitió posicionarse para luego ser el candidato del partido de las boinas blancas.
Otra de las actividades que había pensado Lanusse era la reforma "ad hoc" de la Constitución de 1853 avalada por una comisión de juristas y constitucionalistas. Esta reforma fue solo instrumental en la cantidad de años de gobierno (se pasaba de seis a cuatro), en la elección directa del presidente y en caso de ser necesario, habría doble vuelta o balotaje.
El 7 de julio de 1972 en la cena habitual para conmemorar uno nuevo aniversario de la Independencia, el presidente en su discurso anunció que no habría ninguna proscripción para ciudadano alguno que quisiera participar en el acto eleccionario a sola condición que fijara residencia en la Argentina antes del 25 de agosto. Esta era una clara señal para Perón: si quería ser el candidato en las elecciones de 1973 debía retornar al país antes de esa fecha. Según Lanusse a Perón "no le daba el cuero" para volver.
Las posibilidades de un acuerdo entre los dos generales estaban rotas, no había retorno. Por más actos que hizo el presidente de facto, no convenció al exiliado. Si Lanusse no podía ser presidente constitucional, Perón tampoco.
El clima político y social argentino cada vez tomaba mayor color. Perón desde Madrid hizo un comunicado de diez puntos entre los cuales exigía la libertad de todos los presos políticos, la salida del Ministro del Interior Mor Roig y el levantamiento del estado de sitio.
Tomando aún más distancia del gobierno, designó a Juan Manuel Abal Medina como secretario general del movimiento peronista. Este nombre sonaba en los oídos argentinos pues su hermano Fernando había sido abatido en 1970 y pertenecía a la cúpula de Montoneros. Este nombramiento era una ratificación por parte de Perón al sector más virulento del partido, conocidos popularmente como la "Tendencia Revolucionaria".
La llegada al país del general exiliado se dio el 17 de noviembre de 1972. Perón quería demostrarle a Lanusse que sí le "daba el cuero". Su permanencia en la Argentina fue breve, pero importante para el peronismo.
El pueblo argentino vivió la llegada de la democracia de diversas maneras. Para algunos era el triunfo contra el autoritarismo y significaba la vuelta del peronismo al poder. Para otros esta vuelta implicaba la revancha y por lo tanto la revisión de lo hecho por el gobierno militar.
Las elecciones del 11 de marzo de 1973, presentaron a una gran cantidad de candidatos de distintas extracciones políticas. Había dos con notable sello del gobierno: Paco Manrique (ex Ministro de Bienestar Social) y Ezequiel Martínez (brigadier retirado), aunque este último era el candidato oficial.
Lógicamente quienes contaban con mayor probabilidad de ganar el plebiscito eran la UCR y el peronismo. La primera presentó como candidatos a Ricardo Balbín y Eduardo Gamond, viejos personajes del partido y que contaban con poca simpatía por la parte joven del radicalismo. Así fue que estos últimos armaron un cantito que decía "Balbín, Gamond...Tutankamón", en alusión al faraón egipcio y a lo viejo que resultaba la fórmula.
El partido peronista no se presentó solo a la contienda electoral, sino como una alianza; el nombre que tomó fue el de FREJULI: Frente Justicialista de Liberación. Sus candidatos fueron Héctor Cámpora, un peronista ortodoxo y Vicente Solano Lima, un conservador popular. El slogan que se instaló en la calle fue "Cámpora al gobierno, Perón al Poder".
Cámpora tenía una larga militancia política en el peronismo. Ya en el segundo gobierno de Perón había formado parte del gobierno y siempre se había mantenido fiel al militar en el exilio. Su candidatura lógicamente fue impuesta por Perón ya que era su delegado personal en Argentina desde 1972, cuando reemplazó aDaniel Paladino.
Si bien Cámpora era un hombre profundamente fiel al general, sus actos y su forma de ser fueron rápidamente cooptados por el ala más radical del peronismo. Tal fue esta situación que estas agrupaciones lo llamaron "El Tío", dada su bonhomía ante las acciones que vendrían de la "juventud maravillosa".
El Frejuli obtuvo un poco más del 49% de los votos, sin embargo no llegaba al 51% establecido por el gobierno para ganar en primera vuelta. Mas, estaba lejos del 21% y fracción que había sacado el radicalismo. La situación le permitió al Frejuli alzarse con la victoria ante la renuncia de Balbín a participar en la segunda vuelta.
La democracia argentina ratificó la idea de programas nacionalistas y socializantes que se habían dado ya en Chile en 1970. Sin embargo, el país entraría en una etapa de convulsiones y enfrentamientos que hicieron que la gestión de Cámpora durara solo 49 días. Los tiempos por venir serían mucho más duros y pondrían a la Argentina en una situación atípica y al borde de la disolución.