2 de febrero de 2013 - 22:41

Cuando Cristina pedía discutir el federalismo

Como miembro de la Convención que en 1994 procedió a la reforma constitucional durante la presidencia de Menem, Cristina Fernández de Kirchner defendió con profundidad de conceptos y gran ardor pasional una propuesta avanzadísima de coparticipación federa

Parece ser que Cristina Fernández ordenó a Amado Boudou que saliera al cruce del último reclamo de Daniel Scioli y que el vicepresidente, disciplinado soldado del proyecto, un kirchnerista visceral de incontinente gratitud, mandó un misil donde se esperaba que blandiera sebita. “Es un error institucional y un acto de cobardía política”, dijo Boudou sobre la carta de la gobernación bonaerense a Julián Domínguez en la que se pedía rediscutir la coparticipación federal. Además de tratar a Scioli de cobarde lo retó por haberse equivocado de ventanilla.

“¿Qué tiene que ver el presidente de la Cámara de Diputados con un debate que se tiene que dar entre los 23 gobernadores de la Argentina y la presidenta Cristina Fernández?”, apostrofó (sin aclarar por qué le parecía que el jefe de gobierno porteño debería quedarse afuera). “Para cambiar la ley de coparticipación, que es una ley convenio, tienen que discutir los gobernadores y la Presidenta, y después discutir cada una de las Legislaturas”, explicó el vicepresidente.

En realidad, la ley de coparticipación está pendiente: no hay que cambiarla sino hacerla. La cláusula transitoria sexta de la Constitución de 1994 daba plazo hasta 1996 para dictar la ley convenio y nunca se cumplió. En su lugar rige un conjunto de normas y pactos a los que cada tanto se les hace un service. El último, sin ir más lejos, la semana pasada: un decreto autorizó al poder central a mandar fondos a los intendentes puenteando a los gobernadores.

Pocos conocen tanto del tema como Cristina Fernández, aguerrida defensora de la idea de resolver el litigio ya en 1994, cuando pidió fijar las reglas de juego “dando garantías mínimas para esa discusión y ese debate, para que ninguna provincia pudiera ser luego reprimida por asumir una postura crítica frente a determinadas cuestiones” (Diario de Sesiones de la Convención Constituyente, página 3260).

Lo dijo, es cierto, en otro contexto. El vicepresidente admiraba a Alsogaray y ella, la actual Presidenta, seguía a Menem: “No podemos obviar -exponía la convencional Fernández de Kirchner en Santa Fe- que cuando recibimos el gobierno en 1989 éramos un país fragmentado, al borde de la disolución social, sin moneda y con un Estado sobredimensionado que como un dios griego se comía a sus propios hijos; entonces hubo que abordar una tarea muy difícil: reformular el Estado, reformarlo, reconstruir la economía, retornar a la credibilidad de los agentes económicos en cuanto a que era posible una Argentina diferente. Se hizo con mucho sacrificio…  ”.

Por fin advertía: “Si mañana salimos de esta Convención Constituyente con una definición de federalismo light, de cubrir solamente las apariencias en el sentido de que hemos federalizado muchas cosas, no le vamos a poder echar la culpa a nadie, ni a Menem ni a Cavallo, porque no son convencionales constituyentes. Los que sí somos convencionales constituyentes somos nosotros... (aplausos) ... y somos nosotros los que de una buena vez por todas tenemos que fijar reglas de juego diferentes. Nadie nos va a regalar lo que no seamos capaces de defender para las provincias, y vamos a ser responsables ante la historia por haber estado en un momento único para discutir y debatir madura y seriamente -sin consignas ni panfletos, pero con medidas instrumentales- esta cuestión del federalismo”.

Eso es valentía, sólo que añeja.

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