El equipo de estudio liderado por Alexander Weiss, un psicólogo de primates de la Universidad de Edimburgo en Escocia, pidió a cuidadores experimentados de más de 500 chimpancés y orangutanes de zoológicos de cinco países que respondieran un cuestionario sobre el bienestar de cada animal con el que trabajan, incluyendo humor general, cuánto parecían disfrutar las interacciones sociales y el grado de éxito con el que alcanzaban metas (como obtener un objeto deseado o lugar dentro de su encierro).
El sondeo incluso pidió a los humanos que se pusieran los zapatos de los animales y calificaran qué tan felices estaban.
Cuando el equipo de Weiss metió los resultados en una gráfica, vieron una curva familiar, cayendo a la mitad de la vida de los animales y elevándose otra vez en la vejez. Es la misma forma en U que ha aparecido en varios estudios sobre edad y felicidad en la gente.
“Cuando se analizan datos mundiales, se ve esta forma en U”, dice Dan Buettner, becario de la National Geographic y autor de “Thrive: Finding Happiness the Blue Zones Way”.
“Es distinto para cada país, pero normalmente es en algún punto entre los 45 y 55 años cuando se toca el fondo de la curva, y sigue subiendo con la edad. Se ve centenarios con buena salud informando mayor bienestar que adolescentes”, subraya.
Las hipótesis económicas y sociales podrían explicar parcialmente esta curva de felicidad en la vida de los humanos: tal vez esté relacionada con ajuste de expectativas, abandono de arrepentimientos o simplemente con entender más conforme envejecemos. Pero Weiss sospecha que pudiera haber algo más primitivo.
“Estamos diciendo que hay que tomar un paso atrás y ver el panorama general: ¿hay alguna evidencia de que por debajo de esto exista una base evolutiva?”, cuestiona Weiss, cuyo estudio acaba de ser publicado en la revista Proceedings de la Academia Nacional de la Ciencia.
“Saber que un fenómeno similar existe en humanos y en primates no humanos abre el reino a posibles explicaciones”, considera.
Actuar cuando todavía se puede
Aunque el estereotipo de la crisis “de los cuarenta” es generalmente negativo -sentimientos de depresión o descontento con la vida y el rumbo que está tomando-, Weiss cree que tal hastío podría tener una ventaja evolutiva.
A mitad de su vida, los humanos y los simios a menudo tienen acceso a más recursos que cuando eran más jóvenes, lo que podría facilitar alcanzar metas. Los sentimientos de descontento podrían ser la forma de la naturaleza de motivarnos para “actuar cuando todavía podemos”, señala Weiss.
“Tal vez se sienta pésimo, pero el cerebro pudiera estar engañándolo para que mejore su situación y circunstancias, indicándole que se ponga las pilas y realmente empiece a apretar cuando absolutamente está en su apogeo”, dice. “Y creo que es un mensaje realmente potente y positivo”, considera.
Enfrentando baches "de los cuarenta"
Saber que una disminución de felicidad a la mitad de la vida es una parte del ciclo natural -y temporal- podría facilitar que los humanos enfrenten la experiencia, precisa Weiss. También podría ayudar a los cuidadores a mejorar la calidad de vida de los simios cautivos identificando edades en las que los animales pudieran beneficiarse de atención o enriquecimiento extra.
“No creo que esto absorba totalmente otras explicaciones para los cambios en la felicidad relacionados con la edad, pero incorpora otra capa”, acota Weiss, quien había estudiado antes la correlación entre personalidad y felicidad en chimpancés y humanos, y tiene planeado analizar ahora el impacto de factores como sexo y agrupamiento social.
“Espero que esto eleve la conciencia de todos en el sentido de que podemos aprender viendo a nuestros parientes animales vivientes más cercanos”, finaliza.