A prisión perpetua fueron condenados ayer dos de los tres hermanos acusados de abusar de la pequeña Trinidad Rodríguez (8), asesinarla y luego quemarla para tratar de ocultar el crimen.
A prisión perpetua fueron condenados ayer dos de los tres hermanos acusados de abusar de la pequeña Trinidad Rodríguez (8), asesinarla y luego quemarla para tratar de ocultar el crimen.
Ayer los jueces de la Sexta Cámara del Crimen le dictaron la pena máxima a Diego (25) y Jesús Concha (27) por los delitos de homicidio criminis causa y abuso sexual agravado, y absolvieron a Matías (23), hermano menor de los dos condenados.
"Ahora mi hija puede descansar en paz. Estoy conforme con la sentencia; creo que se hizo justicia", dijo al borde de las lágrimas María Alejandra Rodríguez, madre de la niña asesinada en una ripiera de Maipú en abril de 2016.
Durante los alegatos, los fiscales Fernando Guzzo y Galdo Andreoni -acompañados por la querellante Eliana García- le habían solicitado al tribunal perpetua para los hermanos mayores, en tanto que optaron por no acusar al menor, pues no encontraron pruebas en su contra.
Dos pruebas clave para la condena fueron la declaración de Matías, afirmando que sus hermanos abusaron y mataron a la niña, y unos perfiles genéticos mezclados que se encontraron en la ropa interior de uno de los delincuentes y que al ser analizado permitió aislar ADN de Jesús, de Diego y de Trinidad.
Un crimen brutal
El crimen de Trinidad fue el lunes 11 de abril entre las 11.45 y las 12.30, pero su cuerpo fue encontrado a la una de la madrugada del martes, ardiendo en el interior de una cubierta de grandes dimensiones, en el barrio San Cayetano de Fray Luis Beltrán, Maipú.
Estaba en la cava de una ripiera, lugar donde los investigadores creen que la asesinaron. Fue encontrado por uno de sus hermanos, que se había sumado a la búsqueda que, cinco horas antes, había iniciado la Policía, tras la denuncia de la desaparición de la niña.
El neumático con el que la quemaron puede alcanzar una temperatura de combustión, según peritos, de hasta mil grados, lo que hizo que su cuerpo fuera irreconocible y el ADN se destruyera.
Según la instrucción, la niña fue emboscada mientras caminaba a tomar el colectivo para ir a la escuela. Inevitablemente debía pasar por la puerta de la casa de los imputados, que eran sus vecinos.
Trinidad salió de la casa donde vivía con sus padres y seis hermanos. Tenía que caminar un kilómetro y medio, por un camino de tierra donde se levantan pocas casas y el paisaje está dominado por una ripiera y arbustos.
El cuerpo de Trinidad apareció sin vida a 300 metros de su casa, ubicada a escasos 200 metros de donde vivían los imputados, lugar por donde debía pasar obligadamente para acceder al colectivo.
Los hermanos Concha fueron detenidos horas después de que se encontrara el cadáver. Algunos vecinos de la zona vieron a uno de ellos quemando cubiertas en la zona en que fue encontrada