La millonaria pérdida de ingresos estimada por la estadounidense Broadcom, una de las mayores fabricantes mundiales de chips, es una nueva muestra de que el veto del presidente Donald Trump a Huawei no solo golpea a la empresa china sino también a la industria local, y sus consecuencias amenazan las relaciones de China con otros países.
La fase tecnológica del enfrentamiento de Trump con China, con la campaña internacional contra Huawei como ariete, podría tener serias consecuencias en países como el Reino Unido, mientras que la pata comercial de la disputa amenaza con agujerear la economía doméstica.
Esto último quedó de manifiesto ayer, cuando firmas como Walmart, Levi, Gap y otras 658 entidades norteamericanas le pidieron a Trump que evite una escalada en la "guerra comercial", en una carta en la que advirtieron que la imposición de nuevos aranceles al gigante asiático reduciría el PBI estadounidense en 1% y costaría más de 2 millones de empleos.
Los firmantes tomaron esta decisión ante la posibilidad de que Estados Unidos extienda aranceles adicionales del 25% a los productos chinos que no están grabados, valorados en 300.000 millones de dólares.
Para las empresas, la imposición de nuevos aranceles tendrá un impacto “significativo, negativo y a largo plazo en la economía estadounidense, en los negocios y en las familias”.
En el plano tecnológico, esta disputa mostró ayer sus consecuencias con la previsión a la baja de Broadcom, que prevé perder 2.000 millones de dólares en sus ingresos anuales por la prohibición de venderle sus procesadores a Huawei.