En Funchal, en la Isla de Madeira, Portugal, los barrios van ascendiendo desde el puerto por las laderas hasta las colinas. Desde allí se puede dominar el horizonte y el mar. Sus calles de adoquines todavía cuentan leyendas épicas de un tal Eusebio, aunque de a poco fueron reemplazadas por otras sobre el hijo menor de María Dolores dos Santos y José Dinis Aveiro. Bautizado Ronaldo, en honor a Ronald Reagan, el niño comenzó a deslumbrar con tan solo 10 años. Allí, en medio de la pobreza y un colegio estricto del que fue expulsado por lanzarle una silla a un profesor, moldeó su carácter. Por eso no asombra su rol protagónico en partidos decisivos, cuando sus compañeros esperan siempre algo más de él. “Tiene una fortaleza mental impresionante”, dice el seleccionador portugués, Fernando Santos, y sonríe.
