5 de abril de 2013 - 00:00

Las cosas al revés

Hace algunos días, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner anunciaba la intención de abrir las importaciones de alimentos para evitar que los productores nacionales aumentaran los suyos aprovechando la protección que tienen.

En realidad, cuando estimula la demanda hay que asegurar la oferta porque, de lo contrario, se producen tensiones en los precios y si la oferta no alcanza, los precios terminan aumentando. En los últimos dos años el gobierno tomó decisiones que no estimularon la inversión productiva y, por lo tanto, no hubo aumento de la oferta de bienes y la demanda estimulada hizo que los precios crecieran.

Anunciar una apertura en este momento, con un dólar retrasado, sería un nuevo subsidio a la demanda que mataría a la producción nacional. Los productos importados entrarían valuados según el dólar oficial mientras que los productores locales deben soportan subas en sus costos que crecen en dólares que les quitan competitividad.

En el esquema actual el gobierno no puede abrir la economía porque mataría a la producción local, además de que agudizarle el problema de la balanza comercial, en un momento es que los dólares no sobran.

El gobierno toma decisiones a destiempo, agarrando al toro siempre por la cola y cuando ya está corriendo. En realidad se hacen las cosas al revés.

Los productos premium importados del rubro alimentos como algunos lácteos o galletas, obviamente, son más caros que los que integran la canasta básica de las familias y no sirven para combatir el alza de precios.

El sentido de la supuesta aparición de estos productos es muy simple. No es más que un pago de favores que Guillermo Moreno les hace a las cadenas de supermercados (casi todas multinacionales) para que encuentren nichos de rentabilidad, a cambio de mantener los precios congelados y lanzar la Supercard. Dado que estos productos no tienen control de precios ni valores referenciales e ingresan con el dólar oficial, los comerciantes pueden asegurarse buenas diferencias.

El gobierno debería comenzar por el principio y es sincerar de a poco los precios de servicios públicos subsidiados, por una parte, y acelerar la devaluación del dólar oficial, aprovechando que la moneda norteamericana se está revaluando en el mundo. De lo contrario, estas decisiones son solo parches que no solucionan los problemas de fondo y medidas para estirar los tiempos pero no para cambiar el rumbo.

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