Elecciones largas y reiteradas, tan repetidas en fechas como pobres en contenido. La política nacional, cuando muestra sus ofertas electorales parece sentir cierta vergüenza propia, la ambición es mucha y las ideas son pocas. Pretensiones exageradas del oficialismo, se sentían tan dueños del presente que se imaginaban monarquía hereditaria.
Los discursos oficiales invadían cadenas reiteradas como para salir de la primera minoría y retornar a la pretensión de ser la única expresión política vigente. Lograron postergar la crisis a pura deuda e inflación y ellos dicen que será sólo una tormenta pasajera.
Tanto elegir y hablar para que casi todo siga parecido a las PASO, casi igual que al principio. Si miramos al Brasil tendremos datos del futuro cercano. La crisis se puede postergar, nunca evitar. Y con ella suele cambiar el ciclo histórico, quizá logremos salir del pasado deformado e ingresar a debatir los temas que nos aquejan.
No tenemos partidos, estructuras que contengan el debate de propuestas sobre el futuro. El radicalismo se fue dispersando, algunos se llevaron la ética, otros no encontraron un jefe, finalmente apoyaron a un candidato ajeno; solo estrategias de sobrevivencia.
En la elección anterior, Binner salió segundo y no logró integrar a los radicales; ahora, ese centro izquierda tuvo demasiados jefes sin lograr quién lo conduzca, Stolbizer sobrevive más como testimonial que como opción de poder.
En el centro derecha Macri no asumió el lugar de jefe de la oposición; imaginó que podía seguir aumentando el volumen del Pro, sus asesores no le avisaron que el techo del centro derecha es el treinta por ciento y eso sólo se puede superar con un sistema de alianzas.
Perdieron Santa Fe por poco, pero lo perdieron, y terminaron arriesgando Capital sólo por el capricho de elegir a un candidato más ejecutivo que político.
Estuvieron cerca de forjar un frente único en Entre Ríos, siguieron con la cantilena del amor a la soledad, un camino que los llevó a acumular derrotas y los dejó al borde de perder la identidad. Terminamos, al menos en las encuestas, dependiendo de que Scioli no llegue a los cuarenta con más posibilidades de que Macri se afirme en los treinta.
La oposición de centro izquierda o de centro derecha no logra salir de la coyuntura y estructurar un espacio que dure más allá de cada elección, el oficialismo no deja sucesores y el autoritarismo al imponer impide que nadie crezca. En la generación joven asoman Massa, Urtubey y Lousteau, son tres con futuro político. De la cantera de La Cámpora no saldrá ningún jugador para el seleccionado: de las tribunas no suelen surgir las promesas.
Hay muchos jóvenes que adhieren al gobierno, demasiados. Las generaciones no son todas rescatables, algunas surgen más debilitadas. La mía dio miles de vidas a una revolución que muy pocos pudieron siquiera explicar y donde casi no hay sobrevivientes dignos de guiar a los jóvenes hacia una conducta y una vida más respetable. Demasiados desaparecidos para tan pocas vidas que sirvan de ejemplo para ser imitadas.
Los uruguayos lo tienen al Pepe Mujica y a un montón con historias que son ejemplos de vida. Porque uno puede equivocarse, pero mientras mantiene la coherencia merece respeto, pero tanta violencia para terminar tan aburguesados marca una deuda moral demasiado fuerte. La coherencia se da en la vida que uno lleva y no en las ideas que dice defender. En eso la figura del Santo Padre nos terminará marcando para siempre. La ideología no puede utilizarse como una excusa para la incoherencia.
Si resulta un ganador hoy, tendrá un gran futuro, queda la imagen de que quien pierda corre el riesgo de desaparecer, sea Scioli o Macri; en eso Massa se diferencia, es joven y tiene otra actitud. Los dos primeros son más candidatos coyunturales que cabeza de partido. Y si hay segunda vuelta, espero y deseo que sí, estaremos recuperando la relación con la democracia.
Cuesta entender la candidatura de Aníbal Fernández, lo lleva a Scioli a perder muchos votos, demasiados; puede ser gobernador pero a costa de haber debilitado al candidato a Presidente. Aníbal terminó siendo un regalo que el Gobierno le hizo a la oposición; veremos si ésta lo sabe explotar.
Se retira la Presidenta, viene otra etapa, con otro oficialismo, lo que nace del poder es una enfermedad que se va con quien la engendró. Esta absurda mezcla de izquierdas superadas y venales con el juego y la obra pública no va a ir más lejos que el tiempo que le queda a la Presidenta.
Scioli no tendrá grandes proyectos pero, en el caso de ganar, será su propio modelo. Y ni hablemos de la cantidad de oportunistas que se le arriman para animarlo a jugar su partido. Duhalde cometió el error grave de inventar a los Kirchner, lo pagó con su propia vigencia, lo traicionaron de la peor manera. Esas marcas suelen dejar huella, a veces se repiten para que haya un poco de justicia en la Tierra.
Quiero que tengamos segunda vuelta, por el bien de la sociedad. Claro que igual estaremos mejor con el nuevo panorama político, habremos superado el riesgo de ser Venezuela, una sociedad enfrentada, empobrecida y de dudoso futuro. Estamos saliendo de una contradicción que nos quisieron vender como enfrentamiento entre izquierdas y derechas, entre estatismo y privatismo, cuando eran tan solo entre demencia y cordura. Sea quien fuere el que gane estaremos recuperando la cordura.