Diciembre es un mes especial, no sólo es el último del calendario sino el más difícil, porque en él ocurren circunstancias que no se dan en otros meses.
Diciembre es un mes especial, no sólo es el último del calendario sino el más difícil, porque en él ocurren circunstancias que no se dan en otros meses.
A nivel institucional es el mes de las protestas. La gente, cansada de sufrir un año con sueldos magros e injustos, se manifiesta para obtener algunos logros, algunos aumentos, alguna bonos, algo que pueda bancarle al menos unos días de enero.
Las calles de las ciudades, sobre todo las de la Capital se llenan de manifestante con el insulto a flor de labios y entonces el tránsito es más caos de lo que es. Todos los días, y diría a veces todas las horas, hay mareas humanas con carteles y pancartas que muestran su descontento.
Por eso diciembre ha sido un mes difícil para el gobierno, porque es en diciembre donde se hace el balance de lo ocurrido en todo el año. Es hora de mensurar lo sucedido y como el bienestar se ha mostrado ausente vienen las consabidas manifestaciones en contra de la situación. Son varios los gobiernos que han tenido que soportar diciembres difíciles y aún definitivos.
Pero también en lo individual, en lo que toca a todas las personas el mes se hace notar abultadamente. Vienen las fiestas y entonces las consabidas rencillas familiares.
¿Dónde vamos a pasar las fiestas? Porque los tortolos tienen familia y las familias tiran cada una para su lado. Entonces, que Navidad con una y año nuevo con otra, o viceversa. Y saben que el motivo es el festejo, pero también saben que van a tener que enfrentarse con miembros de la familia que no gozan de las mayores simpatías, y entonces, lo que es un encuentro de alegría termina siendo una noche buena de frustraciones.
La comidas de las cenas navideñas implican también un desencuentro. La pregunta que busca una contestación adecuada suele ser: “¿Quién lleva el vitel toné?”. Porque el vitel toné es infaltable en estas juntadas. Son las mujeres las que resuelven esto, pero no crea que les resulta trabajoso resolverlo y más trabajoso hacerlo.
Y después de los fuegos artificiales que no se pueden tirar pero se tiran igual, llega enero, flamante con un 9 al final de su nombre, a renovar la esperanza y entonces las vacaciones.
Vacaciones que, como se ha desarrollado el año aparecen difíciles si uno pretende trasladarse a otro lugar para ejercerlas.
Lo acumulado como ahorro en el año es magro, si es que se ha logrado acumular algo y no da para cumplir los sueños de conocer Cancún o Punta Cana, ni por broma. Pero tampoco alcanza para lugares de nuestra pertenencia, quiero decir Mar del Plata o los Lagos del Sur, por ejemplo. No alcanza a menos que uno vaya a trabajar a esos lugares.
Entonces deberemos conformarnos con lo que sí es posible, alguna salida a Potrerillos (por el túnel), alguna estirada de cuerpo entero en la playita de Luján, alguna visita a un departamento cercano como San Rafael, para más no da. El resto al lado de la pelopincho, con un vermú a mano y cuidando que los pibes no le mojen el libro que ha abierto pero aún no ha leído y es improbable que lo haga.
Diciembre es un mes complicado y el problema es que es el último que no hay otro para recuperarnos. Ojalá sea con bien, ojalá que todos puedan tener un respiro al menos de tanto país, de tanta discusión, de tanta política, de tanta mishiadura, para colmo tiene 31 días el muy estirado.