Tal vez no sólo una sino varias hayan sido las razones por las que en el justicialismo se produjo la crisis interna que volvió a separar a los sectores dirigenciales más fuertes. El principal argumento vertido por los voceros "azules" fue la invasión de La Corriente en aquellos departamentos en los que tienen la conducción política los discípulos de Mazzón.
El principal destinatario de las acusaciones es el vicegobernador, Carlos Ciurca, al que acusan de ser el protagonista de un verano ardiente. Primero, con sus andanzas en el Tunuyán de Martín Aveiro y, más recientemente, como inspirador del desplazamiento de un hombre del intendente De Paolo de la presidencia del Concejo Deliberante de General Alvear.
Pero hay más asuntos que contribuyeron al malestar que llevó a la crisis actual en el PJ. Además de las incursiones de Ciurca, molestó entre los "azules" que se agitara al extremo la disputa interna cuando paralelamente se insistía con hablar de unidad de cara al año electoral. Los allegados al justicialismo que no pisan el terreno fangoso comienzan a preguntarse cuánto puede incidir la actual crisis en las posibilidades de acuerdo con la Casa Rosada por la conformación de las listas electorales.
El restante asunto para que se produjera la actual tensión es el rechazo de 20 sobre 21 concesiones de perforaciones ubicadas en Agrelo, en la margen derecha del río Mendoza, respondiendo al pedido expreso que hizo el gobernador Pérez durante los recientes festejos vendimiales.
Hay que tener presente que la autorización para esos polémicos pozos terminó de desgastar la gestión del anterior titular de Irrigación, Eduardo Frigerio, profesional vinculado a los "azules", cuya renuncia fue reclamada por Pérez ni bien asumió. Junto a él, el dedo acusador apuntó a otros ex funcionarios del organismo del agua, también referentes cercanos a Mazzón, que quedaron muy mal parados a raíz de las críticas que generó esa conducción en Irrigación.
Esta sumatoria de hechos partidarios y de gestión llevó al líder del sector Azul, Juan Carlos Mazzón, a reunir a su tropa en Buenos Aires y dar el consentimiento a los reclamos insistentes que llegaban desde Mendoza para la separación de los bloques legislativos.
Ciurca y su correntada. El Vicegobernador, que conduce a la línea conocida como La Corriente junto a los intendentes Alejandro Abraham y Rubén Miranda, viene posicionando a ese sector en toda la provincia.
Amparado en encuestas favorables, que incluyen a los otros líderes de la línea interna, ha salido a sumar adeptos y adhesiones por los departamentos, incluso en aquellos que están bajo el mando del otro bando. El objetivo, luego de tanto caminar por la provincia, es estar en condiciones de armar listas a lo largo y a lo ancho del territorio mendocino ante una eventual contienda interna, o como prenda de negociación si, luego de la actual tormenta, vuelve la idea unificadora. Nadie sale a negar que no apetece tener la conducción partidaria en algunos departamentos hoy controlados por la gente de Mazzón. Se habla de un posible acto del sector antes de fin de mes en Andes Talleres.
Ciurca, mientras tanto, hace lo que más sabe: aplica la metodología de caminar y caminar como táctica para construir poder interno en todos lados, según la opinión de quienes más lo conocen en la militancia.
Precauciones sanrafaelinas. Pero la preocupación por el avance del lasherino no se limita al sector de Mazzón. En San Rafael los hermanos Félix vienen observando atentamente los movimientos de Alejandro Cazabán, aliado al eje Ciurca-Abraham-Miranda, silencioso armador supuestamente lanzado a conquistar un territorio al que pocos se le atrevieron en la interna peronista en los últimos años.
Si bien el sector de los Félix, ahora denominado Integración Peronista, amplió sus límites desde que incorporó a los intendentes de Malargüe (el Concejo departamental tiene 3 ediles que responden a los Félix), Tupungato y Santa Rosa, sin duda la base operativa está en San Rafael, el centro de un distrito electoral siempre influyente en las contiendas electorales provinciales.
De todos modos, las recientes versiones de una eventual alianza con los "azules" puede llegar a confirmar que el armado de La Corriente ya es cosa seria y preocupante dentro del oficialismo en toda la provincia.
Separarse, pero no de Paco. Lo del sector Azul es bastante complejo. Una ruptura partidaria que no alcance al gobierno de Francisco Pérez hará necesaria una ingeniería política muy especial para que esas intenciones realmente se cumplan.
Los argumentos pasan por la urgencia en diferenciarse del estilo de construcción de Ciurca y expresar malestar por el rápido posicionamiento de Abraham como precandidato a diputado nacional, básicamente. Los más encumbrados dirigentes de la línea hablan de la necesidad de aportar otras ofertas en materia de candidaturas.
"El Gobernador debe estar muy tranquilo", decía ayer por radio el titular de la Cámara de Diputados, Jorge Tanús, refiriéndose al prometido respeto "azul" a la gestión de gobierno local. El mismo legislador se encargó de opinar que su permanencia al frente de la Cámara baja (Ciurca es el titular constitucional del Senado) ha sido otra señal del equilibrio que su sector y el Gobernador supuestamente siempre han buscado mantener.
Calentarse o no calentarse. Después de conocida la decisión de la línea Azul, Francisco Pérez dijo al periodismo: "Ni me caliento por esto que pasó. Los legisladores deberían ponerse a laburar y sacar las leyes que necesitan los mendocinos". Estos conceptos demuestran que, en alguna medida, "Paco" Pérez sí se "calentó" por lo que pasó en la Legislatura.
¿Cómo encuentra al titular del Ejecutivo todo este escenario? La situación lo excede. Su falta de vocación para el armado político (llegó a ser candidato por un acuerdo interno) lo llevó a dejar la monopolización de los temas partidarios en manos de Carlos Ciurca. En el Vicegobernador, Pérez depositó toda su confianza, la seguridad de que entre ambos no se iba a producir, por ejemplo, lo de Scioli y Mariotto. Ciurca cumplió pero, sin duda, tejió mucho más para él mismo que para todo el peronismo. Ése tal vez haya sido su pecado como Vicegobernador y las consecuencias están a la vista.
Quienes tienen más experiencia en cuestiones partidarias pero ya están alejados de la militancia, opinan sobre esta crisis: "Tienen derecho los 'azules' a pedir que los rivales internos no invadan departamentos que conducen, pero lo que no pueden pretender es el legítimo derecho que tiene el otro sector a organizarse en toda la provincia".
Al Gobernador le llegan consejos y opiniones de sus círculos íntimos: unos, le sugieren no preocuparse y seguir apuntando a un futuro político a nivel nacional ni bien finalice su gestión, en 2015, siempre en el cauce del kirchnerismo; pero hay otro entorno importante (ministros, asesores, etc.) que le pide que haga política. Son los que verían con agrado la construcción del "paquismo". Sin embargo, Pérez no tiene esa idea y cree que si se pone por encima de esta coyuntura de ruptura interna obligará a que todos lo respalden y no será necesario que tenga que optar por estar de uno u otro lado.
"Por ahora está todo bien, pero mientras estos asuntos internos no se metan con la gestión, porque los problemas no son con este gobierno", advirtió un allegado del Cuarto Piso.
Los problemas parecen ser ajenos al Gobierno pero lo concreto es que Pérez tiene que disponerse a gestionar contando con el prometido apoyo de tres minorías legislativas y a alguna deberá recurrir para que fundamenten sus proyectos en el debate.