Más consumo y todos contentos

La vieja y querida damajuana viene en retroceso y deja lugar a nuevos formatos y más momentos en los que el vino puede estar presente. Precisamente, el consumo familiar ha sido un gran dinamizador del mercado interno argentino, una plaza de más de 12 millones de hectolitros que, aunque se redujo en las últimas décadas, hoy muestra señales de reimpulso.

Entre las innovaciones del sector, la botella de más de un litro (1.250 cm3 y 1.500 cm3) muestra ventajas para las bodegas y atractivos para los consumidores. Son muchas las marcas que eligen este envase pues mejora la relación entre costo y rentabilidad: al poder envasar más vino por unidad las bodegas optimizan esta relación.

Para los consumidores, el “botellón” tiene varios puntos a favor. La botella de un litro y medio o de litro y cuarto mejora la relación precio-calidad, tal como se verifica en la producción, pero además tiene un valor extra: este envase “rinde” más y esto supone una percepción de “ganancia”, de mayor satisfacción para el consumidor.

Este aspecto es fundamental ya que buscamos ampliar nuestra base de consumidores y, aquí el botellón tracciona a favor fidelizando a quienes eligen nuestra Bebida Nacional. Por otra parte, la botella de vidrio tiene un rol simbólico muy apreciado en el consumo de vinos por lo que muchos consumidores optan por este envase para optimizar su compra y se mantienen dentro del mundo de las botellas; esta preferencia cobra sentido en un mercado en el que otros envases (como el multilaminado) lamentablemente aún tienen baja valoración en términos culturales.

¡Bienvenido el botellón en los asados familiares, en las reuniones de amigos, en las celebraciones que unen a cada vez más invitados! Las bodegas, agradecidas porque pueden mejorar su competitividad; y los consumidores, felices porque tienen una opción capaz de darles más satisfacción, mejor relación precio-calidad y mayor rendimiento en la compra. En definitiva, todos tenemos más motivos para brindar.

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