En el siglo XV, el actual México estaba conformado por ciudades-Estado en guerra con distintas identidades culturales. En 1428, varias de estas ciudades-Estado se unieron para formar la Triple Alianza, que se diseminó y se convirtió en el imperio azteca. Xaltocan, en el centro de México, fue de las ciudades-Estado asimiladas. Pero los detalles finos de lo que pasó ahí son desconocidos.
Documentos del siglo XVI indican que la ciudad había sido abandonada en 1395 por sus habitantes originales otomíes luego de un enfrentamiento militar previo, y que fue repoblada por los aztecas en 1435. La evidencia arqueológica, en contraste, indica que al menos algunos otomíes permanecieron en el área luego de ser abandonada, y se quedaron hasta que los aztecas tomaron el control.
Jaime Mata-Míguez, un antropólogo de la Universidad de Texas, en Austin, decidió seguir el patrón del derrocamiento usando muestras de ADN. Sus resultados fueron publicados en la Revista Estadounidense de Antropología Física.
Antes y después
Mata-Míguez y sus colegas tomaron muestras de ADN mitocondrial de 25 cuerpos recuperados en patios de casas excavadas de Xaltocan. Los restos datan de entre 1240 y 1521, así que fungieron como marcadores de la población antes y después de la ocupación. Resultó ser que el ADN de las muestras de la preconquista no coincidió con las de la posconquista, indicando que una nueva influencia biológica vino con el derrocamiento cultural.
El equipo concede que su muestra es chica y que tal vez no sea completamente representativa de la conquista histórica. "Originalmente pensamos que el asunto simplemente era una cuestión de si la población fue reemplazada o no", dice Mata-Míguez. "Ahora tenemos aún más preguntas de investigación, no sólo sobre el sitio arqueológico sino sobre las familias", señala.
Mata-Míguez identifica tres escenarios que coinciden con los datos genéticos.
Una posibilidad es que los aztecas pudieran haber reemplazado por completo a los otomíes en Xaltocan. Mata-Míguez lo considera improbable, dada la persistencia arqueológica de al menos algunos otomíes luego de 1395.
Alternativamente, pudo haber habido una cascada cultural: luego de la huida de la élite otomí, debió haber habido casas y terrenos vacíos, así que nuevos miembros de la comunidad original pudieron haberse mudado a este espacio, o pudo haber habido un influjo de migrantes.
Valores familiares
Finalmente, pudo haber habido un cambio en cómo se heredaban las casas. El ADN mitocondrial -del tipo que se muestreó en el estudio- se hereda de las madres, así que puede registrar un cambio en el aspecto femenino de las familias, pero no puede rastrear la continuidad entre los hombres.
Los documentos históricos sugieren que entre los siglos XIV y XVI las sociedades mexicanas se heredaban las propiedades a través de líneas maternas y paternas, así que es posible que la que era una comunidad de herederas antes de la conquista se convirtiera en una de herederos posteriormente.
"Nuestros resultados muestran que los habitantes otomíes de las casas muestreadas no estaban emparentados maternalmente con los habitantes de esas casas de la era azteca", dice Mata-Míguez, "pero necesitamos estudiar marcadores genéticos heredados por ambos padres y otras casas de Xaltocan para poder decir si la población otomí original fue completamente reemplazada o no".
Por el momento, todavía no está claro cuál escenario pudiera ser cierto. No obstante, con más muestras los estudios de ADN pueden ser útiles para desarrollar hipótesis basadas en registros históricos y evidencia arqueológica, dice Dennis O'Rourke, un antropólogo de la Universidad de Utah, en Salt Lake City.
"Todavía hay mucho trabajo por hacer", precisa. "Me gusta el hecho de que estén usando la genética como forma independiente para investigar y aumentar hipótesis en las que los arqueólogos han estado interesados desde hace tiempo", agrega.
