La industria está terminando los festejos vendimiales y más allá de las reinas y los fuegos de artificio, los actores de la industria están atravesando una coyuntura compleja que se refleja en los reclamos de los productores por mayores precios para sus uvas, mientras los bodegueros se enfrentan a limitaciones en los precios e incrementos en los costos.
En realidad, después del último ajuste de pronóstico, la industria espera una cosecha casi normal, en torno a los 26 millones de quintales. En el caso de Mendoza, se espera un aumento del 22%, centrado en una recuperación de volumen en la zona Este de la provincia, que el año pasado estuvo muy afectada. De la misma forma se aguarda un crecimiento del 16% en San Juan.
En realidad, ante los problemas de pérdida de competitividad por la inflación y el atraso del tipo de cambio, los gobiernos provinciales decidieron apostar fuertemente a las exportaciones de mosto, que hasta ahora venían bien.
La decisión de destinar el 32% de la producción a mosto es una apuesta fuerte, aunque el mercado está en los límites para absorber aumentos de precios. Referentes del mercado explicaban que el mercado de Estados Unidos está muy ofertado por mosto de manzana. Por segundo año consecutivo se registraron buenas cosechas tanto en China como en Europa.
El mosto de manzana, además de ser más barato, no paga el impuesto que afecta al mosto argentino, por lo cual, se genera una diferencia de precio cercana a los 400 dólares por tonelada favorables al producto elaborado con manzana. El mosto de uva, no obstante, conserva demanda en algunas líneas de jugos premium.
Dada la intención del gobierno de aumentar el precio de la uva para mosto y el estímulo que significa que el mosto sulfitado valga un 20% más que el blanco escurrido, la presión de los vendedores será alta, aunque la mayor cantidad de uvas puede atemperar dichos precios.
El valor de la uva se puede aumentar, lo que no se sabe es si podrá incrementar el precio final del mosto concentrado, y allí se centran las dudas de los exportadores. Y por otra parte, este aumento impactaría muy fuerte en los vinos básicos, cuyos precios están congelados en el mercado interno, ya que Guillermo Moreno no autoriza aumentos a nadie y no se sabe si el congelamiento terminará a fines de marzo o a fines de octubre.
Mercados expectantes
Según dijo el ministro de Agroindustria, Marcelo Barg, el gobierno quiere poner acento en el mercado interno, que representa el 70% de las ventas de la industria, pero que el año pasado creció solo el 2%. La paradoja es que la mayor contribución para este crecimiento vino de la mano de los vinos básicos y de los espumantes, mientras que la franja del medio y la de más alto rango marcaron retrocesos.
Esta es la razón por la cual hoy nadie habla de precios en el mercado, sobre todo cuando se trata de uvas de calidad.
El congelamiento de precios marca un límite que nadie sabe cómo podrán sortear, mientras que los precios de los insumos no están congelados. Con respecto a las exportaciones las dudas son similares, ya que si bien se acepta que la devaluación del dólar oficial podría ser un poco mayor que la de los últimos dos años, todos reconocen que no compensa el crecimiento de los costos.
Nadie duda que estamos frente a una cosecha que traerá buena calidad y sanidad, lo que, en principio, es un dato muy importante. Pero las dudas vienen del lado del estrangulamiento que generan los aumentos de los costos y las limitaciones de los precios.
Los dirigentes del sector han venido hablando todo el año con autoridades nacionales para buscar mecanismos que permitan recomponer, aunque sea en parte, la competitividad del sector. Se habla de compensar costos de fletes o frenar alzas en los insumos, pero no se sabe muy bien a través de qué tipo de mecanismos se podrían encarar.
Las señales del mercado
La semana pasada se entregaron los Trophy y los demás premios de Argentina Wine Awards. Este año, con la novedad de que lo jurados eran jóvenes que no superaban los 40 años y entre los cuales se contaban enólogos, sommeliers, periodistas y especialistas de varios países del mundo y de Argentina. El desafío era “next generation”, es decir, los vinos que los jóvenes afirman que les gustan a sus pares y que marcarán el mercado del futuro.
Quizá la gran sorpresa, para muchos, fueron las referencias que, casi en forma unánime, hicieron los jurados elogiando a los vinos con mucha presencia de fruta. No solo vinos jóvenes, sino también aquellos más complejos en los cuales no había abuso en el uso de la madera.
Los jurados marcaron una realidad y es que el 90% de los vinos que se venden en el mundo responde a estas características y es donde Argentina pude hacerse fuerte. Al tener una vitivinicultura de clima continental, la fruta es una característica diferencial que debe ser potenciada, ante otros países que necesitan la madera para aportarle características que no pueden obtener por razones de climas o suelos.
Además, hay razones económicas para repensar el tema. Hoy, introducir duelas para barricas es cada vez más caro y un envase de madera cuesta alrededor de 600 euros, lo cual no hace posible comprar las cantidades que antes se tenían y cuyo uso era limitado.
El mensaje es muy aleccionador para los exportadores y para los elaboradores. De hecho, el fenómeno del vino moscato en EEUU está mostrando una tendencia que habrá que seguir porque cada año se incorporan cada vez más jóvenes al mercado y son los que marcan las pautas de consumo.