La poda consiste en la eliminación de partes vivas de la planta (sarmientos, brazos y partes del tronco) con el fin de modificar el hábito de crecimiento natural de la cepa, adecuándola a las necesidades del viticultor. De acuerdo a esta definición el viticultor poda su viñedo para lograr buenas producciones y rentabilidad de su cultivo.
Para cumplir este objetivo es necesario que la planta esté equilibrada en cuanto a su capacidad. Es decir, que de acuerdo a su expresión vegetativa, posea un número apropiado de brotes de vigor adecuado para madurar correctamente sus racimos.
La capacidad de la planta depende de factores internos (variedad, edad y estado sanitario) y externos (clima, suelo y prácticas de manejo del viñedo), y es la poda, entre estas últimas, una de las prácticas de mayor influencia en la cantidad y calidad de la uva. Por lo tanto, está en manos del viticultor saber elegir el sistema de poda más adecuado a cada variedad para mejorar su rentabilidad.
Cuando hablamos de sistemas de poda hacemos referencia a la longitud del sarmiento podado, encargado de portar los futuros racimos. Dicha longitud está relacionada con el número de yemas que se dejen. Existen diversos sistemas de poda, pero que responden en general a tres tipos principales:
Sistemas de poda corta: el elemento de poda utilizado es el pitón, los sarmientos se podan dejando de 1 a 3 yemas. El pitón desempeña las funciones de elemento de fructificación y de renovación, proveyendo madera de poda para el siguiente año. Ejemplo de este sistema son los cordones Royat, Bilateral y en “H”.
Sistemas de poda larga: el elemento de poda utilizado es el cargador. Los sarmientos se podan dejando de 4 hasta 12 yemas. Aunque lo más conveniente es dejar como máximo 8 yemas para asegurarse que broten correctamente, logrando un cargador con brotes homogéneos. El cargador cumple las funciones de proporcionar fruta y madera de poda para el próximo año. En Argentina prácticamente no se utiliza. Sylvoz y Casarsa son ejemplos de este sistema.
Sistemas de poda mixta: en este sistema se combinan ambos elementos de poda, estando presentes en la planta pitón y cargador. En la poda mixta están comprendidos la mayoría de los sistemas de poda conocidos (Guyot Doble Triple y Cuádruple, Cazenave-Marcón, Cazenave-Guyot, Parral Cuyano, Parral con cargadores en “H” y en “doble E”). El cargador cumple la función de elemento de fructificación, mientras que la principal función del pitón es la de renovación, proveyendo la madera de poda para el siguiente año. La elección del sistema de poda va a depender principalmente de la fertilidad de las yemas y del hábito de brotación de la variedad.
Cuando hablamos de fertilidad de la yema nos referimos al número de racimos desarrollados dentro de ella, que suelen ser de 1 a 3. Si bien este número varía con cada variedad, también es afectado por diversos factores, tanto internos (hormonales, nutricionales) como externos (luz, temperatura).
Dentro del sarmiento, las yemas de mayor fertilidad generalmente están ubicadas en el tercio medio del mismo. Esto se debe a que al iniciarse la brotación, la planta dispone exclusivamente de sus reservas, ya que sus hojas aún no están completamente desarrolladas para elaborar nutrientes; del mismo modo, al finalizar el ciclo vegetativo del viñedo se van paralizando paulatinamente las funciones propias de la nutrición.
En consecuencia, las yemas de los dos extremos del sarmiento suelen ser menos desarrolladas y fértiles que las de su parte media, que se han formado durante el período de máxima vegetación y abundante nutrición. La fertilidad está influenciada por las condiciones climáticas de la zona, dejándose generalmente poda más larga en zonas frías.
En nuestra región donde las condiciones de luz y temperatura son bastante favorables para el cultivo de la vid bajo riego, la ubicación de la yema en el sarmiento no tendría mayor influencia sobre su fertilidad. No obstante, hay variedades que poseen una cierta tendencia en la ubicación de sus yemas fértiles adaptándose mejor a un determinado sistema de poda.
Hábito de brotación
Con este concepto nos referimos al grado de acrotonía que posee la variedad. El hábito de brotación es un factor interno y se refiere al adelanto que presentan las yemas situadas en el extremo del sarmiento respecto a las inferiores y del sector medio en condiciones normales.
Las yemas ubicadas en el extremo brotan precozmente desarrollando brotes más vigorosos que aquellas situadas en los tramos medio y basal, las cuales presentan brotación retardada y un crecimiento de brote más débil. Botánicamente la vid es una liana y la acrotonía es una propiedad fisiológica que favorece el crecimiento en el extremo de los sarmientos. Es propia de cada variedad, en algunas es más acentuada que en otras. La poda a pitón y la atadura curvada de los cargadores son herramientas útiles para controlar la brotación irregular causada por efecto de la acrotonía.
De acuerdo a lo expuesto podríamos dividir a las variedades en tres diferentes grupos, que facilitan la elección del sistema de poda más adecuado a cada variedad:
Variedades con buena fertilidad en sus yemas basales y medias
, pero con marcada acrotonía: Se adaptan mejor a poda corta. Alicante bouschet, cabernet franc, cabernet sauvignon, caladoc, merlot, mourvèdre.
Variedades con mayor fertilidad a partir de la cuarta o quinta yema y sin marcada acrotonía:
Se adaptan mejor a poda mixta. Aconcagua, aspirant bouchet, carménère, chenin, gewürztraminer, nebbiolo, Patricia, riesling, sultanina, tocai friulano.
Variedades con buena fertilidad tanto en sus yemas basales como medias y sin marcada acrotonía
: Se adaptan bien a ambos sistemas de poda. Bonarda, cereza, criollas chica y grande, chardonnay, garnacha, malbec, moscatel de Alejandría, moscatel rosado, Pedro Giménez, petit verdot, pinot noir, sangiovese, sauvignon blanc, semillón, syrah, torrontés riojano, tannat, tempranillo, ugni blanc, viognier.