El 24 de junio de 1990, en Turín, Maradona agarró la pelota y tras una corrida inolvidable se la dio a Caniggia para que definiera el partido. Faltaba poco para el final. Era por los Octavos de final de aquel torneo. La jugada me hizo acordar a la de ayer. El as de espadas (Messi) encarando en un momento crítico y su mejor delfín (Di María) definiendo el partido en la misma instancia de un Mundial.
Eramos tan Maradona dependiente como hoy somos Messi dependientes. Teníamos una defensa que no daba garantías y un plantel que se fue desmoronando en los físico con el correr de los partidos.
Para que las coincidencias fueran mayores, el técnico era un hombre criado en la escuela de Estudiantes de La Plata. Ayer, Bilardo; hoy, Sabella.
Algunos me dirán que este equipo tiene algo más de fútbol que el del ‘90 y es real, pero también es cierto que ninguno tienen el gen del fútbol nacional. No hay asociaciones, triangulaciones, descargas, desmarques, acciones esenciales para romper cualquier defensa.
Este conjunto de voluntades que es hoy la selección nacional tiene mucha actitud y un par de jugadores distintos que te dan un plus. Pero también tiene a varios ausentes sin aviso como Higuaín o Gago y carece, como le pasaba a aquel del Narigón, de variantes.
Lo ideal sería dejar de ser tan predecibles, difícilmente eso se concrete y tendremos que seguir jugando a cara o cruz. Mi duda pasa por saber que pasará el día que el rival te haga el primer gol. Suiza, dejó en evidencia que cualquier rival capaz de frenar a Lionel Messi puede codearse con el triunfo frente a Argentina, incluso sin contar con recursos ofensivos de nivel y después del gol, nos atacó tres veces y nos hizo temblar. No nos olvidemos de eso.
Por Maxi Salgado - Editor de Los Andes Mundial