El riego es vital en el ciclo reproductivo del olivo, entendiendo por éste la aplicación de agua al suelo en forma oportuna y adecuada, ya que tanto la floración y cuajado de los frutos como así también el crecimiento de las aceitunas, son para el cultivo un período crítico.
Otro punto importante a tener en cuenta en este tiempo es el monitoreo de plagas y enfermedades dentro de un marco de control integrado o también llamado manejo integrado. Éste es un método ecológico que tiende a reducir el uso de agroquímicos y ser amigable con el ambiente.
Esto se consigue mediante estrategias químicas, utilizando productos permitidos para el cultivo, físicas, culturales o de manejo, como también empleando enemigos naturales que controlan las plagas dañinas. Todas tiene su sustento en la prevención, la observación minuciosa y la elección apropiada de la técnica de control.
Se observa en el campo, en este momento del ciclo del cultivo, la presencia de cochinillas, que se deben monitorear cuidadosamente. Cuando eclosionan los huevos y las ninfas comienzan a buscar un nuevo lugar en la planta para fijarse y alimentarse, es el mejor momento para contrarrestar esta plaga. Puede hacerse coincidir dicha aplicación con el agregado de fungicidas para la prevención o control de enfermedades causadas por hongos que afectan también al cultivo.
Es importante mencionar que a partir del endurecimiento del carozo, aproximadamente principios de diciembre, no deben aplicarse productos que puedan solubilizarse en el aceite que se está formando, ya que la aceituna comienza en ese momento con el proceso de lipogénesis. Es recomendable la aplicación de productos hidrosolubles para que no se contamine el aceite que nos brindará el fruto.
Un importante perjuicio también lo causan las malezas que compiten con el olivo por agua y nutrientes, además de la luz, sobre todo en cultivos jóvenes.
Si bien hay diversos métodos de manejo de malezas, el uso de herbicidas o el laboreo de suelo son los más utilizados para el control de las malas hierbas, entendiéndose por malezas aquellas plantas que crecen en lugares donde no son deseadas. Un uso racional de las técnicas de control implica una adecuada planificación.
Olivos de antaño
Nuestro querido y arraigado olivo, que convive con nuestra cultura desde antaño, ha tomado en estos últimos años notoriedad por su crecimiento en superficie plantada. Esto ocurre especialmente en el norte de nuestra provincia, con altas densidades de plantación y con un manejo adecuado para tal fin, pero ¿qué hay de estos viejos olivares añosos que por años forjaron, al igual que los viñedos, el típico paisaje mendocino? Bordeando acequias en las fincas o alrededor de los cultivos, basta mencionar las famosas viñas bajas que nuestros abuelos plantaban, con esos olivos en las puntas de la hilera, cada unos cuantos metros uno de otro.
Este querido olivo pertenece la familia de las oleáceas, pariente de los fresnos, ligustros y ligustrinas, además de algunos jazmines como el jazmín del país o el amarillo. Es el único representante de la familia con frutos comestibles.
El árbol varía desde los 4 a 10 metros de altura y al igual que su densidad de follaje, el color del tronco y hojas son distintivos en las diversas variedades de olivos que conocemos. Las hojas perduran en la planta de dos a tres años, lo que hace que sea una planta de hojas persistente. Esta hoja está adaptada anatómicamente para una conservación eficaz del agua. El haz de la hoja está recubierto de una gruesa capa cerosa llamada cutícula y en el envés está recubierto por células alargadas llamadas pelos o tricomas que "cuidan" a la planta de la evapotranspiración.
El ciclo reproductivo, un sabio equilibrio
El ciclo reproductivo se desarrolla en dos estaciones consecutivas. En la primavera del primer año las yemas crecen experimentando un buen crecimiento hasta fin de diciembre cuando cesa el mismo por las excesivas temperaturas.
Hacia finales de verano, principios de otoño, retoma el crecimiento hasta concluir por las bajas temperaturas invernales. En la primera estación de crecimiento se produce además la inducción y la iniciación floral, las yemas entran en reposo con los fríos del otoño.
En la primavera siguiente las yemas salen del reposo y se desarrollan produciendo flores que, tras ser fecundadas, producen frutos (aceitunas), estos maduran dependiendo de la variedad desde febrero hasta abril o mayo.
Este proceso, que se lleva a cabo año tras año, es para el olivo un momento crucial, ya que coincide la época de crecimiento de los brotes con la floración y desarrollo de frutos. Esto hace que en los años que la planta tiene gran cantidad de aceitunas (alta carga) el crecimiento de los brotes sea bajo y en años con poca aceituna (baja carga) haya mayor crecimiento de brotes, inhibiendo la inducción floral de ese año. Este fenómeno es el responsable del añerismo o vecería que tiene el olivo. Esto se refiere a alternancia entre cosechas abundantes y otras que no lo son tanto.
La disponibilidad de agua y las temperaturas adecuadas entre otros factores son necesarias para que el crecimiento se produzca.
En los ángulos de las ramas con las hojas (axilas) se forman las yemas. Para que estas yemas al año siguiente rematen en flores pasan por un período llamado de inducción floral, que ocurre de noviembre a marzo del primer ciclo del cultivo. Mientras esto ocurre las semillas de los frutos producen hormonas que inhiben la inducción floral.
Tras el proceso de inducción floral, continúa la iniciación floral. El proceso se detiene al entrar en el reposo invernal. Una vez transcurrido este período, retoma el crecimiento y desarrollo de la inflorescencia y flores.
Cuando el polen está maduro es transportado por el viento hasta el estigma y una vez fecundada la flor comienza la formación de la aceituna.
A partir de esta fecundación se produce una fuerte competencia entre frutitos y flores y entre frutitos entre sí que provoca una fuerte caída de flores y aceitunitas recién cuajadas que se prolonga hasta los primeros dos meses.
En años de buena floración la caída puede alcanzar hasta el 98% de las flores. Aun con esta importante caída, el número de frutos que queda en planta sigue siendo de una gran cosecha.