Mientras aumenta la superficie cultivada y la demanda mundial de alimentos, el desafío en la zona núcleo del país (Buenos Aires - Santa Fe) es maximizar la productividad sin degradar el recurso, lo cual gana cada vez más importancia.
Mientras aumenta la superficie cultivada y la demanda mundial de alimentos, el desafío en la zona núcleo del país (Buenos Aires - Santa Fe) es maximizar la productividad sin degradar el recurso, lo cual gana cada vez más importancia.
Según destaca la publicación INTA Informa, el valor de una hectárea de suelo, en promedio, ronda los 15.000 dólares en la zona núcleo. Pero el valor de esa misma superficie, víctima de la erosión y el mal manejo, es de unos 8.000 dólares, es decir, prácticamente la mitad. Es que la brecha entre el potencial productivo y el rinde concreto no se origina por cuestiones fisiológicas: en gran parte, se debe a la pérdida de riqueza de los suelos.
Miguel Taboada, director del Instituto de Suelos del INTA, explicó que “la extracción de nutrientes como el azufre, calcio, magnesio y el nitrógeno no son compensadas y eso conduce a una degradación difícil de revertir”.
Para revertir esa situación, consideró el especialista, “las mejores herramientas son las buenas prácticas”. Desde un punto de vista ecológico, social y territorial, el INTA amplió el campo de investigación en suelos para incluir perspectivas de estudio relacionadas con estrategias de manejo y recuperación.
“Desde la institución consideramos clave enfocarnos en el techo de superficie cultivable, pero sin perder de vista la sustentabilidad del ambiente”, aseguró Taboada.
Según señalaron desde la publicación, en los últimos 50 años, la superficie sembrada pasó de 18 a más de 30 millones de hectáreas. A su vez, el consumo de fertilizantes pasó de 50 mil a casi 3 millones de toneladas. Y sólo se repone la tercera parte de los nutrientes extraídos por los cultivos.