14 de febrero de 2013 - 22:11

Cómo combatir la peronóspora y la podredumbre

Los autores analizan las variables que podrían ocasionar problemas sanitarios en los viñedos durante febrero.

Los especialistas están pronosticando para febrero mayor nivel de precipitaciones que lo habitual. Indudablemente esto podría ocasionar problemas sanitarios en los viñedos. Las enfermedades que más inconvenientes pueden traer al productor son la peronóspora y la podredumbre.

Posibles daños

Uno de los daños más importantes que puede provocar la peronóspora en el actual momento del ciclo de la vid es una intensa defoliación (pérdida de hojas). Como consecuencia de ésta, se anula la fotosíntesis y la producción de azúcar, por lo cual las uvas no alcanzan la madurez necesaria y producen vinos de mala calidad. Por otro lado, esta falta de producción de azúcar anula la acumulación de sustancias de reserva de la planta incidiendo en la producción del ciclo vegetativo siguiente.

En cuanto a la podredumbre, los daños cualitativos se deben principalmente a la presencia de una enzima denominada "lacasa" que destruye la materia colorante, dando un aspecto oxidado a los vinos. También produce la destrucción de la película que contiene las sustancias aromáticas. Los vinos resultan con poco color, con elevada acidez volátil, sin aromas varietales y con olores a moho. En cuanto a los daños cuantitativos en este momento del año, estos se deben principalmente a la deshidratación de las bayas.

Tratamientos fitosanitarios

Los tratamientos preventivos para peronóspora se deben realizar desde el inicio de la floración hasta que la baya tenga el tamaño de un grano de arveja. Un segundo tratamiento debería realizarse en envero (cambio de color de la uva) y el tercer tratamiento treinta días antes de la cosecha. Finalmente cabe aclarar que el tratamiento debe repetirse cuando haya condiciones favorables a la enfermedad. Dice el saber popular que "ante de las fiestas y para carnaval se deberán realizar los tratamientos fitosanitarios". Frase muy cierta y conocida por el productor, a la que sólo habría que añadirle el tratamiento de floración, momento fenológico muy susceptible para la planta.

Los momentos fenológicos recomendados para realizar los tratamientos preventivos contra podredumbre son los siguientes: floración-cuaje; antes del cierre de racimo; comienzo de envero; comienzo de madurez y siempre que se den las condiciones predisponentes. Cualquier daño físico que sufra la uva es puerta de entrada para la podredumbre.

Los daños pueden tener orígenes bióticos o abióticos. Entre los bióticos encontramos un ataque de oídio, avispas y pájaros. Los abióticos son fundamentalmente el granizo, un excesivo estrés hídrico, un exceso de fertilización nitrogenada, un deshoje tardío, el cruzado de los brotes tardío y riegos excesivos o lluvias a partir de envero. Ante cualquiera de estas circunstancias el productor deberá extremar las medidas preventivas y, en caso de caída de granizo, se deberá realizar tratamientos a base de cobre para favorecer la cicatrización.

Es importante destacar que tanto peronóspora como podredumbre pueden generar resistencia a los fungicidas por lo tanto se recomienda rotar los productos a lo largo del ciclo de la vid. También el productor debe asesorarse con respecto a los "períodos de carencia" (tiempo que debe transcurrir entre el tratamiento y la cosecha) antes de realizar el tratamiento. De lo contrario puede ocasionar problemas técnicos y comerciales en la bodega como así también puede perjudicar la salud de los consumidores.

Lamentablemente en años complicados, y sobre todo para las podredumbres, los tratamientos fitosanitarios no son suficientes y la sanidad de la uva dependerá de la correcta adaptación de las distintas variedades a la zona como así también del manejo que se ha hecho en el viñedo durante el año.

Manejo de canopia: la mejor herramienta de prevención.

La prevención de enfermedades contempla diversas acciones, algunas de las cuales se pueden tomar antes de la implantación del viñedo. La correcta elección de la variedad, las distancias de plantación, como así también el sistema de conducción, serán clave para la futura sanidad del viñedo. Los errores que se cometan en este momento se pagarán con numerosas intervenciones que se traducirán en mayores costos por hectárea durante toda la vida del cultivo.

En viñedos ya instalados la prevención está dada por todas las distintas actividades del manejo de la canopia.

Se denomina canopia a la parte aérea de la planta y el manejo de la misma consiste en las diversas actividades que mejoran el microclima a nivel de los racimos. Todas aquellas intervenciones que mejoren la llegada de aire y luz serán recomendables para la prevención de enfermedades.

La poda es la primera actividad del año y ésta tiene un gran impacto en la futura sanidad de la uva. Se deberá realizar una poda equilibrada, dejando tantas yemas como la capacidad de la planta lo indique y distribuyendo armónicamente las unidades de carga. Al igual que en la implantación, los errores cometidos en este momento se pagarán con mayor número de intervenciones "en verde". El desbrote, el cruzado de los brotes, el despampanado como así también mantener los suelos libres de malezas, tienen una clara influencia en la sanidad de la uva.

En caso de variedades sensibles o con antecedentes de podredumbre, el productor deberá realizar un leve deshoje a nivel de los racimos. Éste tiene por finalidad promover la llegada de luz y aire como así también facilitar la llegada del cono de proyección de las aplicaciones fitosanitarias al racimo. El deshoje se deberá realizar siempre después del cuaje y antes de que la uva cambie de color. Deshojes tardíos pueden producir escaldaduras en la uva siendo, las microlesiones que se producen, puerta de entrada para podredumbre. El mismo se deberá realizar sobre la cara "Este" del viñedo de manera que la cara deshojada reciba el sol de la mañana. En el caso de los parrales se deberá abrir "ventanas" para favorecer la entrada de aire.

Un exceso de fertilización nitrogenada también influirá de manera negativa en la calidad de la uva. Los viñedos con exceso de nitrógeno tienen demasiado vigor impidiendo la llegada de luz y aire. Esto es lo que comúnmente el productor denomina "vicio". Este problema no sólo aumenta la incidencia de enfermedades sino también disminuye la producción.

Conclusión

Para este año los pronósticos del tiempo son bastante desalentadores para el productor vitícola. Sin embargo, quienes hayan realizado los tratamientos preventivos, como así también las diversas actividades de manejo de canopia, no tendrán inconvenientes y podrán llegar a cosecha con uva de calidad. La prevención sigue siendo la mejor herramienta y aquellos que lo entiendan verán sus frutos al momento de la vendimia.

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