Minimizar el impacto de los ruidos generados desde el exterior como así también aquellos producidos en el propio hogar, requiere de algunos cambios de tipo constructivo y ornamental que -según explican los especialistas- no implican grandes esfuerzos pero sí conllevan a grandes beneficios para la salud física y mental.
Así, la lista de tareas a realizar para lograr disminuir la contaminación sonora incluye desde cambios en la decoración interior o la disposición de los muebles hasta la incorporación de placas aislantes en muros y techos.
De acuerdo a los estándares de la Organización Mundial de la Salud (OSM), el máximo nivel de sonido tolerable por los animales y seres humanos no puede superar los 70 decibeles. Pero esto no es todo: es el primero que detecta el ser humano, el que más perturba de manera directa al bienestar y cesa sólo cuando la fuente generadora deja de emitirlo.
En una provincia donde el crecimiento de emprendimientos inmobiliarios en zonas antes consideradas “tranquilas”, está a la orden del día, nuevas problemáticas ligadas a la calidad de vida van surgiendo. La contaminación acústica es una y de hecho, es difícil dar con un mendocino que no tenga una vivencia desafortunada en ese aspecto.
“Desde que tengo nuevos vecinos en el departamento de arriba, es poco el descanso que podemos lograr porque escuchamos casi todo lo que están haciendo. Es como convivir con ellos”, asegura Emilia Infante (42). Desde hace cinco años, la mujer alquila un departamento en un complejo ubicado en las cercanías del centro de Las Heras y asegura que desde que se mudó siempre ha debido soportar el problema de los ruidos molestos.
“Siempre hay bocinas, alarmas y ruidos de motores permanentes. Ahora se sumó el de mis convivientes de arriba, así que directamente duermo con tapones en los oídos”, asegura Emilia.
Al igual que ella, los mendocinos parecen haberse acostumbrado a este nivel de polución que no se ve pero que sí está presente. César Boschi, es ingeniero en electrónica y director del Laboratorio de Acústica y Sonido de la Universidad Tecnológica Nacional (Facultad Regional Mendoza).
Según recomienda el investigador, que ha analizado los niveles de ruidos en la ciudad, es importante tener en cuenta que para lograr una eficiente instalación acústica se necesitan materiales densos y pesados.
“Hay que aclarar que el telgopor y la lana de vidrio para las paredes no cumplen de manera adecuada la función de aislar el ruido a no ser que se combinen con durlock”, explica y marca la diferencia entre las instalaciones que sirven para aislar los ruidos y aquellas que colaboran a absorberlo una vez que ha ingresado al ambiente.
Incluir vidrios dobles en las ventanas y adosar a las paredes las placas hechas en lana de vidrio y durlock (que se colocan a través de un sistema de montantes o listones de lata (que ya vienen industrializados) son alternativas válidas para aminorar el impacto sonoro.
“Este sistema se une a la pared de manera que la lana de vidrio quede entre el durlock y la pared. Esto hace de barrera acústica y permite mejorar el aislamiento”, detalla Boschi. El mismo procedimiento se puede efectuar en los techos, en el caso de quienes viven en complejos o edificios con exigua capacidad para evitar que los ruidos se propaguen.
Cortinas y muebles
Algunos cambios desde el punto de vista ornamental y decorativo también pueden colaborar a mejorar la reverberación del sonido que llega y/o se produce en el interior de los espacios. Las cortinas de telas gruesas, como el terciopelo o las fabricadas en poliéster ignífugo pueden ayudar a disminuir el impacto sonoro, recomiendan desde la empresa nacional Gaes Centros Auditivos.
Otra pauta para lograr que el sonido se “redistribuya” de manera más equilibrada tiene que ver con la incorporación de plantas. “Nos pueden ayudar a reducir el ruido absorbiendo las ondas sonoras. Ya sean de interior o de exterior, lo consiguen sobre todo en lugares cerrados y con suelos duros”, explican en la firma que en 2015 encargó un estudio sobre el nivel de ruido y su impacto en el medio ambiente en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe.
En ese estudio, la agencia a cargo -Durán-Tortosa & Asociados- concluyó que uno de cada dos argentinos encuentra en su ámbito laboral ruidos que los perturban.
Entre los consejos para minimizar el impacto sonoro figura además la utilización de pinturas a base de ceras líquidas, que cuentan con la particularidad de estar mezcladas con resinas, rellenos contra ruido y micro esferas de cerámica hueca que reducen el rebote del sonido hasta en un 30 por ciento, según indican.
Reorganizar los muebles de una forma inteligente también se plantea como una solución para alejar el ruido. Por eso, los especialistas detallan que es conveniente alejar los sofás de la ventana, o cambiar la cabecera de la cama de lugar puede contribuir a percibir el ruido con menos intensidad.
La importancia que guarda para la salud el hecho de lograr un ambiente libre de ruidos molestos y decibeles por encima de lo tolerable, no es menor.
“El ruido disminuye la motivación y afecta la atención, la resolución de problemas y la memoria. También, puede afectar las habilidades sociales y dificultar la comunicación”, asegura la fonoaudióloga Mónica Matti.
Para la profesional, es indispensable que al interior de los hogares se logre una correcta y eficiente higiene auditiva. “Tenemos que tomar conciencia de que nosotros también somos generadores de ruidos”, detalla la fonoaudióloga Matti y recalca que las lesiones en los oídos pueden ser una consecuencia de permanecer un tiempo prolongado con decibeles muy elevados de ruidos.