Consumada la alianza electoral entre el Frente Cambia Mendoza (CM) y La Libertad Avanza (LLA) y tras la presentación de la lista de candidatos que encabeza Luis Petri, el escenario nacional no ha traído buenas noticias para la flamante sociedad.
Los candidatos oficialistas locales empiezan a salir a la cancha con la absoluta incertidumbre si en el desarrollo del partido, una novedad o un audio más podrá cambiar un rumbo que hasta hace días parecía tener suficiente consenso: un triunfo del oficialismo nacional.
Consumada la alianza electoral entre el Frente Cambia Mendoza (CM) y La Libertad Avanza (LLA) y tras la presentación de la lista de candidatos que encabeza Luis Petri, el escenario nacional no ha traído buenas noticias para la flamante sociedad.
La sucesión de audios en los que aparece -presumiblemente- la voz del ex director de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) relatando un circuito de corrupción en la compra de medicamentos que involucran al entorno íntimo del Presidente, como su hermana Karina Milei, pero también a su principal armador político, Eduardo “Lule” Menem, y al presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, es una bomba de suficientes dimensiones como para impactar de lleno en la línea de flotación de un gobierno que se advierte desorientado.
Las escasas y tardías explicaciones oficiales no hacen más que mellar uno de los aspectos centrales del relato libertario en relación a los privilegios de la casta y "los curros de la política" que ahora salpican a esos mismos que decían venir a desterrarlos.
Y si bien Diego Spagnuolo fue desafectado de su función, recién una semana después el Gobierno negó la veracidad de los dichos del ex funcionario y prepara una demanda penal contra él, surgen indicios poco felices sobre el manejo de la crisis.
Tanto Javier Milei como su vocero Manuel Adorni se tomaron suficiente tiempo para esbozar una desmentida que más que argumentos fue una defensa política en el marco de la proximidad de las elecciones en provincia de Buenos Aires el 7 de septiembre.
El problema es que, al margen de las conspiraciones latentes, y se sabe que en este gobierno aluden siempre al kirchnerismo, el asunto es que en esta ocasión no hay a quién culpar, pues el señalado es alguien de sus propias filas quien expone -sin advertir que está siendo grabado- los pormenores de una trama oscura de corrupción e influencias. ¿Feroz interna?
Un tropezón repetido, especie de deja vu del caso Libra que encontró entonces al Ejecutivo con otra espalda ante la sociedad pese a la gravedad de una denuncia todavía no dilucidada, pero -ayer y hoy- imposible de soslayar.
Esta nueva embestida sobre la credibilidad del mandatario y su gestión se encadena con una sucesión de traspiés en el Congreso por el avance o la directa sanción de leyes que Milei ya vetó o vetará. Pero sobre las que demuestra no tener control parlamentario de la agenda pública. Peor aún, que el altar del “déficit cero” ya no funciona como una barrera para contener mayorías. Una premisa que venció ante el desamparo de familias que sufren la motosierra en asuntos sensibles como discapacidad o el Garrahan.
Pero también las turbulencias aparecen en el plano donde hasta ahora Las Fuerzas del Cielo se mostraron más seguras y convencidas: la economía y las finanzas. O al menos donde se ufanaba de su expertise.
Pese a la baja significativa de la inflación, el incremento constante de las tasas de interés, la inquietud del dólar y la todavía ausente recuperación económica, plantean dudas sobre el rumbo general de un proceso que pretende ser plebiscitado el 26 de octubre.
En síntesis, una conjunción de debilidades económicas y desmanejos políticos amenazan con embarrar el tramo final de la previa electoral y ¿complicar al oficialismo?
Y es aquí donde aparecen serios interrogantes sobre la incidencia de este clima enrarecido en el ánimo de los votantes que por otra parte no vienen demostrando demasiado interés en este año electoral, y en particular, en estos comicios legislativos, y por ello, absteniéndose de ejercer su derecho. El ausentismo parece ser más atractivo que las propuestas de la nueva polarización argentina.
Sobre este escenario los candidatos oficialistas locales empiezan a salir a la cancha con la absoluta incertidumbre si en el desarrollo del partido, una novedad o un audio más podrá cambiar un rumbo que hasta hace días parecía tener suficiente consenso: un triunfo del oficialismo nacional.
En esa desesperada, pero silenciosa lucha entre la expectativa y la realidad, los primeros sondeos aseguran en Mendoza una intención de voto superior al 50% para la confluencia entre radicales y libertarios.
Para Alfredo Cornejo ello supone el horizonte de esperanza que los mendocinos depositan en un proyecto político que ya acompañaron y sobre el que (salvo pruebas irrefutables y contundentes) deberían seguir haciéndolo. Porque además entiende que -al menos hoy- no hay alternativas suficientemente robustas, capaces de hacer cambiar el voto. Aunque sí el desencanto podría motivarlos a quedarse en su casa ese domingo.
A efectos de encapsular la discusión y mantener prudente distancia de lo que pueda deparar el escenario nacional, la línea de campaña apunta a focalizar el temario local bajo la omnipresente y explícita defensa del rumbo nacional que de por sí dio origen al acuerdo. El desafío adicional es que la figura de Petri, y su protagónico rol en el gabinete libertario, no permite establecer demasiadas confusiones entre uno y otro nivel. Y si las complicaciones judiciales o políticas debilitan en los próximos días aún más al Ejecutivo nacional es probable también que su figura sufra alguna que otra erosión que por ahora debería activar algunas alarmas en Casa de Gobierno.
Por lo pronto el peronismo ya motorizó su inesperado eje de campaña, que como ha sucedido en este tiempo, es un error no forzado del mileísmo. Desde el PJ hablan no sólo de “crueldad” por el tenor del ajuste y los destinatarios de las restricciones, sino también ahora de corrupción y de romper “el contrato moral”.
Con razón, pero también una gran dosis de oportunismo, la oposición le empieza a señalar al oficialismo que a mitad del río se olvidó de sus consignas y que como otras tantas experiencias fallidas (incluso las más recientes que involucran al peronismo), ya en el poder los libertarios también se transformaron en casta para sucumbir ante la tentación del desvío de fondos.
De ser así, y la sociedad lo percibe efectivamente (ya sea porque se lo demuestren o porque esa sensación se imponga) sería un nuevo desencanto para una ciudadanía cansada de fracasar. De apasionarse y desilusionarse. Aunque sí con un agravante: Milei aseguró que él era diferente y que su gobierno también lo sería.
Es por ello que el descarado rosario de miserias e ilícitos que describen los audios filtrados de Spagnuolo puede ser la punta de un iceberg con la dureza de romper el Titanic que los libertarios y aliados se encargaron de soldar a fuerza de convicción, a veces obstinación y desconocimiento, pero también de indolencia. Aun así, puede fallar.
* El autor es periodista y profesor universitario.