La indescriptible travesía que viene suponiendo para Alfredo Cornejo el establecimiento de mínimas condiciones de diálogo para la conformación de una alianza electoral con Javier Milei en Mendoza, no ha sido exenta de cambio de escenarios, postergaciones y emergentes propios de la dinámica política que elevan las indefiniciones al extremo de la desesperación.
Si bien se sabe que esto no es un juego para ansiosos, a esta altura de los acontecimientos más que el liderazgo del gobernador lo que se pone en juego es su paciencia para no precipitar una ruptura, o para sostener la expectativa de un acuerdo que nadie descarta, pero que nadie motoriza.
El tiempo no está de este lado
En el supuesto de poner fuera de discusión las intenciones tanto del Frente Cambia Mendoza (FCM) como desde La Libertad Avanza (LLA), lo que surge es el análisis de las condiciones no explicitadas -pero sí sugeridas- que harían posible la confluencia.
Y en ese sentido, la dilación parece jugarle en contra al gobernador que no sólo no puede disponer de las certezas necesarias para su propio armado, sino también porque supedita sus decisiones en asuntos tales como el cronograma electoral provincial, arrastrando con ello a la incertidumbre del resto de los partidos y el consiguiente reclamo opositor. Una cuenta regresiva hasta el 18 de julio, día límite para una definición.
Todo ello, sin considerar que una decisión institucional tan gravitante como es la fecha y la forma de elección (unificada con la Nación o por separado; con PASO o sin ella; con doble urna o simple) importa no sólo a la política, sino a la ciudadanía toda, y con ello, a la opinión pública en general. Transcurridos seis meses del año electoral, los mendocinos no sabemos cómo vamos a ejercer nuestro derecho cívico a la espera de la buena o mala fortuna de una negociación política. Grave.
Seguramente, Cornejo también habría querido tener resuelto este intríngulis muchos meses atrás. Todo estaba así dispuesto en marzo, para la visita presidencial de Vendimia. La catástrofe de Bahía Blanca cambió los planes, suspendió el viaje del presidente y congeló toda expectativa.
Violeta es el color
En aquel momento, y pese a que los triunfos de los oficialismos locales no se habían producido, aunque se podían argumentar, en Casa de Gobierno se mostraban ilusionados en unir fuerzas bajo la razón cierta del electorado compartido. La derrota del Pro en Ciudad de Buenos Aires parece haber cambiado esa lógica que debilita ahora al cornejismo. Los libertarios ya no están tan seguros que necesiten a los radicales para ganar en Mendoza. Y esa intuición, tampoco explicitada, carcome las esferas de las decisiones. Y por supuesto, ralentiza cualquier movimiento. Aquí no hay margen de error.
De la mano del impulso que Milei y los suyos han conseguido a lo largo del año (control de la inflación mediante, aunque con la deuda pendiente de la recuperación del poder adquisitivo de los salarios, y por ende del consumo y la reactivación económica), apareció con fuerza de objetivo inmediato una nueva fantasía que amenaza con mano de hierro las nuevas construcciones: pintar el país de violeta.
Bajo ese paraguas, Cornejo empieza a verse encerrado en un callejón aparentemente sin salida que puede llevarlo a dos escenarios indeseados.
El primero, cerrar a toda costa un acuerdo con LLA que diluya su identidad y postergue a los candidatos cornejistas (aunque mantenga el control de la Legislatura y sólo reduzca su influjo al ámbito provincial); así, subsumido en la impronta libertaria tendrá en el futuro poco margen para aquellos asuntos que dice diferenciarlo del presidente.
El segundo, para evitar esas condiciones de sumisión que parecen venir con el combo, descartar todo acuerdo, desdoblar las elecciones para el año próximo y arriesgarse, en un mano a mano con los libertarios a no perder como le pasó a Jorge Macri en CABA. Eso sería de alto riesgo, pues no sólo compite y se aísla de la Nación, sino que debilita sus chances para asegurar su sucesión en 2027.
Más obstáculos
Mientras el cornejismo confía en el equilibrio y la pericia de su líder para terminar cerrando una coalición que se mantenga competitiva en Mendoza pero que lo preserve de futuros contratiempos o derrumbes de la imprevisible figura presidencial, el paso de las semanas achica el radio de maniobra con más condicionamientos.
El último de ellos, el pacto cerrado para derrotar a Axel Kicillof en provincia de Buenos Aires el próximo 7 de setiembre donde libertarios, macristas y hasta algunos radicales irán detrás de los designios, formas y candidatos de la Casa Rosada. Una nueva señal del escaso margen que tiene Cornejo para imponer puntos de vista o conseguir el hoy casi utópico modelo que logró el gobernador chaqueño Leandro Zdero, donde Las Fuerzas del Cielo se sumaron al armado que conduce el radical en esa provincia.
“Lo razonable es que aquellos que pensamos parecido vayamos juntos…” argumentó Cornejo en algún capítulo de esta larga novela para ratificar su deseo y convencer a los libertarios que son más las cosas que lo unen que las que los separan. Poco cambió su pensamiento desde aquel momento, precedido y sucedido por otros tantos guiños de los que no se conoce acuse formal de recibo -al menos público- de la contraparte, el Gobierno nacional.
Por ahora el gobernador le pide a los periodistas que se abstengan de seguir preguntando de lo que en realidad -en materia política y más allá de la gestión- verdaderamente importa. Casi como si quisiera convencer que el asunto que a él mismo lo desvela fuera intrascendente.
Pero lo cierto es que el cumplimiento de aquella sentencia razonable, de sentido común e implacable pragmatismo, no ha sido un sendero virtuoso, mucho menos armónico en la cristalización de tan trabajoso acuerdo. Por el contrario, está repleto de espinas y contratiempos, algunos más tal vez por venir, capaces de poner en duda la estrategia si la letra chica resultara demasiado inconveniente. Una paradoja del deseo y su concreción.
* El autor es periodista y profesor universitario.