21 de mayo de 2025 - 00:00

Somos como nos comunicamos

Cada palabra que decimos y la forma en que nos comunicamos siempre algo generan en el otro. Y esas palabras y esas formas deberían generar cosas buenas, aunque pensemos totalmente diferente. Podemos opinar y pensar distinto sin menospreciar y agredir al otro con la palabra. En definitiva, somos como nos comunicamos. Podemos ser mucho mejores con el solo acto de interactuar con respeto.

Hace mucho tiempo que me planteo y reflexiono cómo nos comunicamos, y cada vez más noto que no tenemos ni medimos modales (las llamadas "buenas costumbres"). Entonces empecé a prestar atención a cómo nos dirigimos a otras personas en la calle, en los ámbitos laborales, e incluso entre amigos o, más complejo aún, en las familias. La sorpresa fue constatar que cada vez somos más exasperantes en la forma de hablarnos, generando un hartazgo de nuestros interlocutores que lleva a deteriorar relaciones.

Analizando el caso de medios de comunicación de aire, por ejemplo, la TV tradicional, las radios en todos sus formatos, o los muy emergentes streamings, hoy tienen profesionales que se dirigen a su audiencia con mucha vehemencia. Incluso insultando, como un mensaje coloquial de “amigos” sin distinguir el tipo de audiencia que tienen del otro lado del parlante o la pantalla a los que puede molestarles. Hoy se tiene la libertad de elegir cambiar y escuchar o ver otro programa, pero el tema no pasa sólo por cambiar si no nos gusta lo que vemos o escuchamos. Pasa por lo que nos va generando, vamos guardando y acumulando en forma “imperceptible” en nuestro interior. Eso que nos hace llegar en un momento a explotar y romper relaciones.

Mirando a algunas personas o a grupos de amigos, cada vez es más frecuente tratarnos sin el respeto que toda persona merece. Se entiende que en nuestro país el insulto suele tomarse como un halago, qué hijo de pqué bien que la hizo, che bolú… venís? O sino también el insulto a flor de boca para decir cuánto te interesa o deja de interesar un tema. O peor aún cuánto te importa la opinión de otros, como por ejemplo "para mí es así y si no te gusta me chupa un hue.. lo hago igual".

Vemos a los panelistas de TV en programas deportivos muy populares tratarse como se tratan, sin darse cuenta de que generan una violencia que luego, sin darse cuenta o sin pensarlo, puede trasladarse a su público y de allí llegar a estadios o a la calle misma. Hemos podido ver casos de personas que se han tomado a golpes de puño por el sólo hecho de tener una camiseta de fútbol del club de sus amores, entonces volvemos a reflexionar que somos como nos hablamos.

Entiendo que los tiempos evolucionan y la comunicación también, pero debemos plantearnos la forma en la que lo hacemos. Desde un presidente hasta la persona que tiene que estar lamentablemente en una esquina limpiando un vidrio para ganarse la vida, hasta los comunicadores sociales, cada palabra que decimos y la forma en que nos comunicamos siempre algo generan en el otro. Y esas palabras y esas formas deberían generar cosas buenas, aunque pensemos totalmente diferente.

Podemos opinar y pensar distinto sin menospreciar y agredir al otro con la palabra. En definitiva, somos como nos comunicamos. Podemos ser mucho mejores con el solo acto de interactuar con respeto.

* El autor es consultor de empresas.

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