10 de agosto de 2025 - 00:10

Oposición dispersa, negocio oficialista

El pacto radical-libertario es -a priori- una poderosa herramienta electoral que ya de por sí no sólo condiciona y atomiza a la oposición de manera generalizada, sino también a aquellos que aun definiéndose mileístas, no comparten esa sociedad y buscaron otro rumbo.

Hay quienes aseguran que el primer paso para ganar una elección es condicionar la oferta, lo que implica no sólo tener la propuesta más atractiva, sino también disminuir la de los adversarios. ¿Cómo? Aglutinando todo aquello que exprese de mejor forma el universo simbólico o los valores que se ponen en juego en un comicio. Incluso, con alianzas o compensaciones de dudoso gusto.

Eso se logra no sólo con buenos candidatos sino también reduciendo el margen narrativo del resto de los competidores. Convertirse en portavoz de una opción clara, de las banderas y consignas que otros no levantan y que, si lo hicieran, debe quedar en claro quién mejor lo representa. En este caso, es la disputa en torno a “las ideas de la libertad” o su rechazo. Sin demasiadas medias tintas.

¿Camuflaje o jaque mate?

Al cerrar un acuerdo con La Libertad Avanza (LLA), Alfredo Cornejo y Cambia Mendoza (CM) no sólo hizo confluir a los dos oficialismos (el nacional y el provincial, con todo lo que ello implica respecto del peso del Estado), sino que también potenció las chances de por sí muy competitivas que el espectro libertario y el radicalismo tienen en Mendoza.

Está claro que esa decisión está impregnada de múltiples conveniencias que van desde algún convencimiento sobre el rumbo económico, pasando por el oportunismo de cerrar filas con la Casa Rosada, al pragmatismo de ganar una elección que asegure cierta tranquilidad en el tramo final de este ciclo cornejista.

Una especie de camuflaje, hábilmente diseñado para evitar distinguir cuánto hay de razones políticas y cuánto de mera necesidad práctica en pos de la victoria.

Lo cierto es que el pacto radical-libertario es -a priori- una poderosa herramienta electoral que ya de por sí no sólo condiciona y atomiza a la oposición de manera generalizada, sino también a aquellos que aun definiéndose mileístas, no comparten esa sociedad y buscaron otro rumbo.

Una decisión que aparece como contradictoria y exigirá, ya en campaña, un esfuerzo adicional para explicar por qué estos proto libertarios mendocinos no figuran ahora dónde está la explícita voluntad del presidente que dicen acompañar.

Desorientados (y opositores)

Esa será una tarea extra que tendrá, por ejemplo, el Frente Libertario Demócrata que integran el Partido Demócrata (PD) y el Partido Libertario (PL), pero que también impactará en el Pro que, si bien no se sumó a este encuentro, harán aquí oposición a Javier Milei mientras en Buenos Aires son oficialistas. Vericuetos de la política, laberintos de difícil salida que el trabajoso acuerdo sellado con la Nación genera.

Con un condimento adicional, el Pro demarchista alimentó la posibilidad de colar en la lista oficialista al actual diputado nacional Álvaro Martínez, una maniobra que fue detectada a tiempo para evitar que los que dijeron que "el límite es Cornejo" terminen apareciendo en la boleta del pacto entre el gobernador y el presidente. Aunque en política, en estas circunstancias y en este mar de fondo, nadie podría dar por descartado que esa irrupción finalmente suceda.

Mezclados (y opositores)

Como complemento del menú de sinsabores, lo que fue La Unión Mendocina (LUM) empieza a quedar en el olvido, pues ex socios de esa aventura ahora también recelan de Omar De Marchi y corrieron su eje al peronismo cordobés de Juan Schiaretti y de ahí, al recientemente creado (y multipartidario) Grito Federal que conducen cinco gobernadores de distritos tales como Santa Fe, Córdoba, Jujuy, Chubut y Santa Cruz.

Una construcción en ciernes que aquí tendrá referencia en el Frente Provincias Unidas donde confluyen figuras variopintas como Jorge Difonso, Flavia Manoni o Roberto Righi, todos ex aliados de De Marchi. También el Partido Socialista (PS). Pero donde además recaló el Pro después de una adhesión de último momento que aún debe ser convalidada por la Junta Electoral la semana próxima. Algo así como un extraño frente amplio de mileístas y antimileístas.

En otro compartimento aparece el Partido Verde (PV) y Libres del Sur, recientemente escindidos de CM. Una nueva sociedad que busca sacar provecho del posicionamiento verde y la pátina progresista de la agrupación que comanda Ernesto Mancinelli, ex funcionario cornejista.

Pero ellos no serán los únicos frentes de la más que extendida diáspora opositora local. También se anotaron Protectora que logró la sinergia de dos figuras muy conocidas, aunque controvertidas: el inefable José Luis Ramón, de sinuoso recorrido desde la defensa de los consumidores a la órbita satelital del kirchnerismo (vía Sergio Massa) y el múltiple denunciado Daniel Orozco. Una dupla de castigados del sistema, de hoy desconocido potencial electoral, pero que asegura suficiente pirotecnia verbal en la campaña.

La izquierda apareció más disciplinada y orgánica, tal vez en línea con la modestia de sus proyecciones, e irá -otra vez- como Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT), donde -como es habitual desde hace unos años- confluyen el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), el Partido Obrero (PO) y el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST).

El listado también se completa con el Partido de los Jubilados (PdJ) que optó por mostrar juego propio y autonomía -tal vez- en descontento, como buenos jubilados, con todo el arco político. Pero coherentes en no pretender sellar alianzas.

Peronistas (y opositores)

Concebido y entrenado como maquinaria de poder, el peronismo se acostumbró a ser oposición en Mendoza, aunque sea extraño verlo en ese mismo rol en el plano nacional. Una rareza que pesó a la hora del debate interno y la búsqueda de una identidad tras el acuerdo final entre el sector de los intendentes y La Cámpora, en una unidad con fórceps que es sólo para la tribuna, aunque las diferencias -metodológicas e ideológicas- hayan quedado solapadas hasta después del 26 de octubre.

Aun así, alumbró el Frente Fuerza Justicialista de concepción pan-peronista, pero atravesado por la impronta que el kirchnerismo le impuso al PJ en las últimas décadas.Tal vez por eso siga sin poder articular un armado más robusto y competitivo, incorporando otras expresiones y dirigentes más allá de sus fronteras. Un síntoma de encapsulamiento e imposibilidad de amplitud en su construcción, que pese a sus achaques también celebra la dispersión, pues con un poco de esfuerzo puede incluso recuperar y superar su pobre última elección de 2023.

Divide y reinarás

Es claro que la atomización del escenario con ocho opciones como las descriptas fortalece al oficialismo. Pero también que la polarización nacional imperante no sólo obliga a coincidir o diferenciarse, sino al desafío de transformarse en la opción más representativa y elegible para los votantes. Una puja en la que no siempre, ni necesariamente, la unión hace la fuerza.

* El autor es periodista y profesor universitario.

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