Cuando se profundizan los estudios sobre José de San Martín en Mendoza, se abren dos vertientes.
Mercedes Tomasa nació el 24 de agosto de 1816 en el solar de calle Corrientes 343. Transcurrió su niñez entre Buenos Aires y Mendoza. Después, en Europa, acompañando el ostracismo del Libertador. Sus restos descansan en la basílica de San Francisco. Los mendocinos recordamos en cada aniversario de esa fecha, nuestro día del padre.
Cuando se profundizan los estudios sobre José de San Martín en Mendoza, se abren dos vertientes.
Una es la del Gobernador Intendente y el militar que aseguró la independencia de Argentina y libertó a Chile y Perú.
La otra es su papel como padre ejemplar de una hija modelo, valores que impulsaron en 1953 a la profesora Lucía Zuloaga de García Sada a proponer a la Dirección General de Escuelas que el 24 de agosto, día en que nació Mercedita, se recordara como Día del Padre.
El Consejo de Educación de la Nación lo incluyó en 1956 en el Calendario Escolar del país y, en 1986, la Legislatura de Mendoza lo convirtió, el 12 de agosto de 1986, en la Ley 5.131. Desde 1964, hubo intentos para declararlo como único Día del Padre de los argentinos, considerando que la celebración de junio evoca a un personaje ajeno a nuestra identidad nacional; sin embargo, las iniciativas no prosperaron. Para los mendocinos, el 24 de agosto es el único Día del Padre.
Mercedes Tomasa nació el 24 de agosto de 1816 a escasas cuadras de la Plaza Mayor de la colonial Mendoza. Hoy plaza Pedro del Castillo, calle Corrientes al 343. Padres: María de los Remedios Carmen Rafaela Feliciana de Escalada y de la Quintana, y José Francisco de San Martín y Matorras. Nombres y apellidos completos de Remedios y José.
Según los archivos de San Nicolás, fue bautizada, a los siete días de nacida, en una sencilla ceremonia por el vicario castrense Lorenzo Güiraldes, con los nombres de Mercedes Tomasa. Padrinos: el sargento mayor José Antonio Álvarez de Condarco y la señora Josefa Álvarez.
Del terruño natal solo tuvo imágenes contadas por sus progenitores. El 24 de enero de 1817, el Libertador emprendió desde El Plumerillo la campaña a Chile y Perú. Ella -seis meses- y su mamá viajan a Buenos Aires.
En julio de 1818, Remedios regresó a Mendoza para acompañar a su esposo en la gesta libertadora, pero su precaria salud la obligó a volver en marzo de 1819 a Buenos Aires. El viaje fue dramático, al extremo de que se dispuso a llevar un ataúd por si moría en el itinerario, y por su seguridad fue escoltada hasta Rosario por José María Paz, para protegerla de las bandas que azolaban los caminos. La enfermedad no se detuvo, y el 3 de agosto de 1823, falleció.
Sin la mamá, Mercedes Tomasa fue educada por su abuela materna, Tomasa de la Quintana. Se dice que: "era dulce y cariñosa, pero caprichosa, un verdadero diabolín". Don José reconoce que: "la abuela la mimaba demasiado".
San Martín retornó a Mendoza en febrero de 1823 para compartir sus días entre la ciudad y Los Barriales. El 10 de febrero de 1824, acompañado por su único retoño, se embarcó en Le Bayonnais con destino a Europa. En el Viejo Continente, la mendocina recibió una esmerada educación, primero en Londres y después en Bruselas, donde le escribió para su formación las doce Máximas. Estas constituyen un verdadero plan educativo integral, que adquiere hoy mayor vigencia que nunca.
Pasan los años. Es 1832. El cólera azota Europa. Miles y miles de víctimas... Mercedes y don José están solos, lejos de afectos y de la Patria, aunque los acompaña una criada. Saben que el hogar donde entra el mal, días más o días menos, pasará el carro fúnebre para retirar los cuerpos.
Pregunta sin respuestas: ¿Entrará la peste en la casa del General? En marzo se enferman los dos. Primero, Mercedes. Tres días después, don José. Afortunadamente, Mariano Balcarce ha llegado para acompañarlos. Mariano es amable, instruido y aplicado; sabe hacerse amar y respetar. Es hijo de un amigo y compañero de armas del Gran Capitán.
En ese escenario de dolor y manos para dar, nacieron los afectos entre Mariano y Mercedes. Sabiendo que se aman, escribe a la madre del futuro yerno: "La educación que Mercedes ha recibido bajo mi vista, no ha tenido por objeto formar de ella lo que se llama una dama de gran tono, pero sí hacer una tierna madre y buena esposa".
El apuesto porteño de 24 años y la mendocina de 16 se casan en París y emprenden el viaje a Buenos Aires. El 14 de octubre de 1833, Mercedes es mamá. El abuelo contemplaba desde el ostracismo a su primera nieta: María Mercedes.
Los esposos retornan a Francia. En Gran Bourg, la veinteañera mendocina es otra vez madre. La alegría de San Martín no tiene límites. ¡Una niña! La llama: Josefa, la Pepa.
María Mercedes murió muy joven, a los 26 años. Josefa se casó con el diplomático mexicano Fernández Gutiérrez Estrada. Al enviudar, se radicó en Brunoy y creó la fundación Balcarce y Gutiérrez Estrada para sostener un asilo de ancianos. Frente al martirio de la Primera Guerra Mundial, organizó un hospital. Recibió en mérito la Legión de Honor de Francia. Como la última descendiente del Padre de la Patria, donó al Museo Histórico Nacional los muebles y objetos de la habitación del querido abuelo.
El 18 de febrero de 1875 falleció en Brunoy la Infanta Mendocina. Tenía 58 años. Setenta y seis años después -13 de diciembre de 1951- sus restos, los de su esposo Mariano Balcarce y su hija mayor María Mercedes, recibieron sepultura en el monumento fúnebre construido en la basílica de San Francisco, avenida España 1418 de la Ciudad de Mendoza. Los féretros habían llegado a Buenos Aires dos días antes, traídos desde Francia a bordo del guardacostas Pueyrredón.
El Libertador educó a su hija y nietas con los sabios principios que plasmó en las Máximas, fueron modelos y, al entrar en el otoño de su vida, se convirtieron en sus ángeles guardianes. Lo amaron entrañablemente... Repetía a todos: "Han hecho mi vejez dichosa" y lo escribió en su testamento.
El Cóndor Invencible del Ande nos entregó, para todos los tiempos, grandes legados. No lo contemplemos sólo como el héroe de bronce o el Padre de la Patria; hagamos realidad su ejemplo familiar.
Abuelo decía que sus nietecitas, con "sus gracias", no dejan de contribuir a hacerme más llevaderos mis viejos días y lo que fue Mercedes Tomasa: tierna madre, buena esposa, hija modelo. Allí están irrenunciables y magnos valores.
Atrevámonos con nuestros hijos y nietos a navegar aguas profundas. Hacerlo en lo "pandito", como decimos en Mendoza, no nos lleva a ningún lugar...Miremos en San Martín al padre ejemplar de una hija modelo y en las nietas su luz en el exilio.
* El autor es periodista y docente.