Cuando evaluamos o comparamos países y pretendemos hacer un cuadro de su importancia buscamos obtener datos sobre su desenvolvimiento económico, su producto bruto, el volumen de su comercio exterior, sus reservas monetarias, la tasa de inversión, de crecimiento, la relación deuda con su PBI, etc.
Hay otros elementos que solemos dejar de lado como, por ejemplo, su soft power (poder blando) que es la capacidad de un Estado para incidir en las acciones o intereses de otros actores valiéndose de medios culturales e ideológicos complementados por medio diplomáticos.
Se trata de obtener resultados deseados mediante la atracción que ejerce la cultura propia, valores, políticas, instituciones, en vez de recurrir a coerción, amenazas o recompensas económicas.
Este concepto fue difundido por el politólogo Joseph Nye a principios de los ochenta, definiéndolo como la capacidad de un país para lograr sus objetivos en la escena internacional sin recurrir a la coerción. Nye decía que "La seducción es siempre más atractivas que la coerción y valores como la democracia, derechos humanos y oportunidades individuales son profundamente seductoras”.
Poder blando está estrechamente vinculado con la cultura y las industrias culturales. En los tiempos de la guerra fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética fueron evidentes los contrastes culturales. El cine, la música, las vestimentas occidentales y estadounidenses en particular eran apreciadas y buscadas en todo el mundo incluso en los países bajo la órbita de Moscú. Por el contrario del imperio soviético sólo se percibía imposición por la fuerza y promoción de la violencia, aunque se divulgaran a través de los partidos comunistas actuantes en los países de occidente slogans de una sociedad sin clases y de redención de la clase trabajadora.
Cultura, valores, instituciones, son conceptos asimilables a los bienes intangibles. Los intangibles no son bienes físicos, pero pueden tener valor financiero como lo son las patentes, las marcas, el prestigio, la popularidad, como lo vemos en la recurrencia figuras del deporte o el espectáculo para promover la venta de un producto.
Bienes intangibles son las colecciones de arte de los museos, los monumentos históricos, los tesoros arqueológicos, los paisajes, la música, la literatura, la historia, sus personalidades.
Nuestro país tuvo y tiene un gran patrimonio. Figuras históricas que exceden nuestros límites geográficos como el general San Martín o un Sarmiento. En el siglo pasado cinco premios nobel, tres de ellos de ciencias, único país de la región que tiene ese galardón. Diez unicornios tecnológicos y la exportación de reactores nucleares, único caso en un país en desarrollo.
La ciudad de Buenos Aires es un centro teatral y musical que comparte el podio de los tres más importantes del mundo con Nueva York y Londres.
Borges, Bioy Casares, Cortázar, dan valor a ese patrimonio como los aportes de Victoria Ocampo que nos vinculó al mundo en tiempos en que algunos obtusos acomplejados proponían el encierro motivados por un nacionalismo cerril y pequeño propio de mentes aldeanas temerosas del mundo, que incluso llego al fútbol abandonando las competencias en los mundiales para engañarnos que éramos los mejores del mundo; al contrario cuando volvimos a competir en 1958 comprobamos el auto engaño en el que vivíamos.
Ese poder dar prestigio, también produce ingresos, por ejemplo, el tango es un gran generador de divisas con los derechos de autor y la contratación de artistas, músicos, cantores, bailarines.
La montaña como se observa en Mendoza con las expediciones para escalar el Aconcagua o el atractivo de Las Leñas para los deportes invernales muestran como esos intangibles, la geografía, la nieve, el paisaje, son activos que dejan renta.
También hay que observar con preocupación que el deterioro educativo de las últimas décadas hace peligrar estos activos que tiene la Argentina, fruto de la firmeza del general Roca cuando, pagando costos políticos, promovió la sanción de la ley 1420 de enseñanza obligatoria y gratuita para darle a todos, cualquiera fuera su origen socio económico, una educación de calidad, con tal éxito, que posibilitó la movilidad social que caracterizó a este país diferenciándonos de los otros de la región.
Para algunos todo esto son gastos como cuatro grandes aportes que dio a la Argentina el gobierno del general Aramburu, El Fondo Nacional de las Artes, creado por una ley redactada por Victoria Ocampo y el ministro de Economía Krieger Vasena, El Inti, el Inta, y el Conicet creado a instancias del Doctor Houssay, el primer premio nobel de ciencias.
También parecen un gasto los Museos como el Histórico Nacional o el de Bellas Artes que han tenido que cerrar estos fines de semana largo por deberse el pago de la seguridad.
Existe una idea muy pequeña en el gobierno de lo que es este país y el sueño de los padres fundadores que la pensaron con grandeza.
* El autor es presidente de la Academia Nacional de la Historia.