El escenario electoral de la política mendocina comienza a parecerse a una serie televisiva sin un determinado número de capítulos. Es, de alguna manera, la sensación que resulta de observar semana a semana el armado hacia las legislativas de este año. Periódicamente se suma alguna intriga porque, en definitiva, a lo que se apunta es a la determinación de un liderazgo claro pensando en la disputa por la gobernación en 2027.
El protagonista de mayor relevancia continúa siendo el gobernador, Alfredo Cornejo, dispuesto a hacer valer sus logros al buscar entre lo disponible un posible sucesor a futuro, o bien producir desde ahora una transición amigable si se admite que hay un ciclo político que va llegando a su fin.
Sean buenos o malos, los llamados ciclos políticos en algún momento terminan. Esto es porque no siempre se encuentra a la persona indicada para seguir un derrotero que pudo haber sido más o menos exitoso, pero lo suficientemente claro como para marcar una época en la vida política de un determinado lugar. Además, años continuados en el poder muchas veces no permiten la formación a tiempo de cuadros de dirigentes de recambio. En términos deportivos es como el equipo al que le “envejecieron” sus astros; los remplazantes más jóvenes necesitan rodaje. No surge un Messi todos los días.
En el caso del gobernador Cornejo también es lógico que tenga la precaución de asegurar respaldo político, esto es, a nivel legislativo, porque pretende afrontar con comodidad los dos años de gestión que le quedan. Y es ahí cuando posiblemente comiencen a reiterarse las dudas. Tal vez por ello nadie sabe aún cómo se terminará organizando el calendario electoral.
La decisión del oficialismo provincial de suspender las primarias abiertas locales en principio hizo suponer que se avanzaba desde el radicalismo cornejista hacia el acuerdo con la conducción libertaria nacional. Fue sólo una señal. Se trató de un primer paso, ya que ahora se espera la sanción definitiva de la Cámara de Senadores. Sin embargo, en el día a día del Gobernador es evidente que nada está firmado y sellado aún. Lo posiblemente más importante, la por muchos esperada unificación electoral, no está resuelta por el momento, al menos por lo que se conoce al cierre de este artículo. El viernes fue nada menos que Cornejo quien confirmó que no habrá primarias este año y que la Provincia mantendrá su propio calendario para votar.
La sanción legislativa inicial sobre las PASO (el radicalismo hizo propio un proyecto que había presentado mucho antes una diputada del Pro) marca algo que hay que tener en cuenta. Se suspenden en 2025. ¿Esto significa que si no hay unificación de fechas con las nacionales, los mendocinos deberán votar por los cargos provinciales en los primeros meses de 2026 y con PASO incluidas? Curioso, pero así se puede interpretar.
Mientras tanto y pese a lo que se pueda dejar trascender, es sabido que al radicalismo mendocino le incomoda ir al juego de los hermanos Milei en el armado electoral que viene. Nadie quiere por el momento tener que afrontar la presión que están soportando muchos en el Pro bonaerense, donde las opciones para los macristas pasan por exigir, con relativas posibilidades, una alianza con los libertarios o directamente sumarse a las listas del partido del presidente, como parece que van a terminan haciendo diputados de porte, como Ritondo, Santilli y otros.
Ante esa imagen, nadie desea en la UCR mendocina terminar afiliándose a La Libertad Avanza y adoptar el color violeta como distintivo. Menos aún luego de la confusa experiencia de la vicegobernadora Hebe Casado, que si bien no es de origen radical está claramente identificada con el cornejismo. ¿Se mantendrá, entonces, la tensión que se originó con el reciente congreso de la UCR local, objetado por el petrismo?
Con Petri, además, puede haber otro marco de negociación si llegase a haber acuerdo de partes: los cupos en las listas de candidatos. Difícil consenso.
Pese a todo, en dicho contexto queda claro que el Gobernador agotará toda instancia posible para arribar a un acuerdo con la Nación en lo electoral, siempre tratando de defender su gestión y sus símbolos partidarios.
Por su parte en el oficialismo nacional muchos consideran que la UCR es ya un viejo sello de la historia partidaria de la Argentina. Como es lógico suponer, no piensan lo mismo en el oficialismo local y pueden tener razón, ya que el radicalismo ha mantenido su estructura en la mayoría de las provincias. Sin embargo, el envión de la élite libertaria es muy fuerte, amparado en su lucha contra la inflación y en la erradicación de trabas y burocracia que dejaron gobiernos anteriores, en especial el kirchnerismo. Siempre sobrevuela la sensación de que frente a La Libertad Avanza sólo queda una oposición que busca como sea defender su gran reducto bonaerense y no mucho más. Y que la mayoría de la ciudadanía coincide con esa postura.
Por el lado de la oposición no peronista mendocina, fundamentalmente el Pro, tienen la sensación de que el pretendido acuerdo que busca Cornejo está lejos de concretarse, pero no es imposible. La postura del partido liderado a nivel nacional por Mauricio Macri seguiría siendo la misma con respecto al escenario mendocino: armar como oposición a la gestión de Cornejo. Cómo y con qué sectores, dependerá de lo que termine haciendo el oficialismo local. ¿Y si Petri termina liderando un espacio? Ahí tendrían que replantear la postura.
Siempre es importante tener en cuenta que varios espacios partidarios fieles a La Libertad Avanza, como el Partido Demócrata, no tardarán en poner reparos a una alianza nacional o local de La Libertad Avanza con el cornejismo. Lo saben en la Casa Rosada y es un tema de análisis, según aseguran varios.
Un verdadero intríngulis generado por el afán de protagonismo de los que pretenden irse dejando una impronta y quienes quieren llegar e instalarse tras haber logrado en el espacio que integran el respaldo indicado para asegurar sus pretensiones. Muchos desean que entre esas partes la transición sea armoniosa. De alguien dependerá.
* El autor es periodista. [email protected]