Los colibríes solo tardaron 22 millones de años en diversificarse de un ancestro en común a 338 diminutas y coloridas especies. Y aún no han terminado.
Jim McGuire, biólogo evolucionista de la Universidad de California, en Berkeley, y sus colaboradores han descubierto que aunque algunos grupos de colibríes han saturado el espacio disponible en sus ambientes, otros todavía se están desarrollando en nuevas especies a un ritmo extraordinario.
Comparando sus tasas de especiación y extinción, el equipo de McGuire calculó que el número de especies de colibríes podría duplicarse antes de alcanzar un equilibrio en los próximos millones de años.
Los resultados están publicados en la revista Current Biology. "Es evidencia única de uno de los ejemplos conocidos más espectaculares de radiación adaptativa incompleta", dice Juan Francisco Ornelas, biólogo evolucionista del Instituto de Ecología, en Xalapa, México.
Los colibríes solo se encuentran en el Nuevo Mundo, y la mayoría de las especies vive en Suramérica. El equipo de McGuire condujo el estudio más grande jamás hecho de la evolución de este grupo comparando ADN de 284 especies.
"Es impresionante", dice Robb Brumfield, un genetista de la Universidad Estatal de Luisiana, en Baton Rouge. "Las muestras que utilizaron son producto de más de 30 años de ornitólogos cargando tanques de nitrógeno y recolectando en regiones lejanas de Centroamérica y Suramérica", explica. Los investigadores recogieron muestras de tejido y necesitaron mantenerlas congeladas para permitir la secuenciación del ADN.
El análisis mostró que los colibríes se dividen en nueve grandes linajes, mismos que se han diversificado entre ellos en Suramérica en los últimos 22 millones de años. Pero primero divergieron de un grupo hermano (los vencejos) hace aproximadamente 42 millones de años, y los fósiles sugieren que esta división debe haber sucedido en Eurasia.
"¡Es una gran distancia!", dice McGuire. Los colibríes no pueden volar océanos, por lo que debieron haber viajado por tierra, cruzando un puente terrestre sobre el estrecho de Bering hacia América del Norte antes de dirigirse hacia el sur.
Una vez que llegaron a Suramérica se irradiaron radicalmente, especialmente en los Andes. Estas montañas solo representan 7 por ciento del área terrestre en las Américas, pero albergan 40 por ciento de las especies de colibríes. Muchas de éstas debieron haber surgido en los últimos 10 millones de años. Fue en ese entonces cuando los Andes comenzaron a crecer rápidamente, lo que sugiere un posible papel de las montañas en la estimulación de la diversificación.
"Creo que los Andes son el peor lugar para ser un colibrí", dice McGuire. Estas aves "tienen ritmos metabólicos súper altos y la disponibilidad de oxígeno es baja. También es más difícil planear debido a la reducida densidad de aire. Y aun así, lo hacen ahí arriba", señala.
Aunque se sabe que algunos insectos buscan alimento a grandes alturas, McGuire dice que en las frías y altas montañas hay relativamente pocos insectos, lo que deja lugar para que los colibríes ocupen su lugar polinizando flores. Las montañas también proveen una variedad de hábitats, desde valles aislados hasta pendientes pronunciadas con cambios bruscos de clima. Los colibríes son muy aptos para explotar estos nichos.
Pero Ornelas considera que McGuire y su equipo sobreestiman la importancia de los ambientes andinos. A juzgar por los colores brillantes, elaborados adornos, espectaculares muestras de cortejo y complejos cantos típicos de los colibríes, la selección sexual ciertamente ha jugado un papel importante en su evolución.
De cualquier forma, los colibríes están produciendo nuevas especies a un paso desacelerado, probablemente porque se están quedando sin espacios o nichos ecológicos para cubrir. Pero McGuire descubrió que algunos linajes se han diversificado 15 veces más rápido que otros, y que aún mantienen un ritmo elevado.
"Las tasas están por doquier", afirma. "Pese a que el espacio ecológico está empezando a agotarse, sigue habiendo cabida para más especies", agrega.
